jueves, 11 de diciembre de 2014

La tijera


Las leyes se dictan pa que los emputecidos se queden quietos, pa que sean esclavos, pa que estén callados y bien atados.
No es algo nuevo, es tan viejo como el tiempo.
Tan viejo como que los libres siempre terminan presos.
Los jodidos crecen, se multiplican, por eso urge dictar nuevas leyes que blinden los privilegios de los  que nos gobiernan. Manejan a su antojo la justicia.
Como un trozo de tela, con tijeras,  van dando forma hasta que  de ella queda una mordaza a prueba de la multitud que se queja y se rebela.
Y así las cosas, nos encontraremos en la calle con una camisa de fuerza para que no alcemos el puño, para que no pensemos más allá de su siniestra fábrica de ideas.
Y así las cosas, ellos, los amos,  con el pueblo quieto, podrán perpetuar el saqueo hasta que de nosotros sólo quede  el tenue rumiar de la mansedumbre.

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