miércoles, 15 de mayo de 2019

Norman Bethune



La masacre de la carretera Málaga-Almería, conocida popularmente como la Desbandá, fue un ataque a civiles ocurrido en febrero de 1937, tras la entrada en Málaga de las tropas franquistas. Una multitud de refugiados que abarrotaban la carretera huyendo hacia Almería (ciudad bajo control republicano) fue atacada causando el asesinato de aproximadamente 5.000 civiles y con un éxodo, según recientes estudios actualizados, de en torno a 300.000 personas, Esta muchedumbre que huía atemorizada de la represión del criminal general Queipo de Llano estaba compuesta en su mayoría por mujeres y niños, que tuvieron que salir de la ciudad y pueblos del entorno  mientras eran bombardeados desde el aire por la aviación alemana e italiana y desde el mar por buques franquistas.
 Durante este suceso, se produjo la intervención del doctor Norman Bethune, médico canadiense que se desplazó expresamente desde Valencia hacia Málaga con su unidad de transfusión de sangre para socorrer a la población civil que estaba siendo masacrada. Durante tres días él y sus ayudantes Hazen Sise y Thomas Worsley socorrieron a los heridos y ayudaron en el traslado de refugiados hacia la capital almeriense.

"...Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos…" Norman Bethune.

No te trajo a España el azar de un dios generoso.
No te trajo la compasión que ilumina por un rato los rostros violentados,
no te trajo el miedo germinando la tierra pobre.
Te trajo el deseo de curar todas las heridas, todas,
las de plomo y las de apatía.

No te trajo el pánico que se contagiaba por las ciudades cuando las campanas advertían que la muerte llegaba con su ruido atroz de motores extranjeros,
con su abdomen lleno de ira para matar a indefensos que corrían con sus hijos.
No te trajeron las voces que narraban el porvenir sitiado por el fascismo.
Te trajo a España el deseo de ser un hombre, sólo eso.
Un hombre más defendiendo a un pueblo que se alzaba descalzo ante quienes lo odiaban.
Porque ser un hombre, una mujer, en aquel tiempo exigía
mirar España y ver que aquella lucha era el preludio de cada una de las infamias que después vendrían.
Por eso viniste, Norman,
porque no podías contemplar desde lejos “la cofradía del dolor” sin inquietarte.

 Y fuiste por ciudades y trincheras, de cuerpo en cuerpo, salvando vidas.
fuiste con tu barril de sangre a rellenar arterias, a dar aliento, sin fatiga.
Fuiste rio a rio, pueblo a pueblo, combate tras combate hasta que llegaste a Almería y allí la carretera hacia Málaga te mostró que aún no conocías el horror del que son capaces las bestias en jauría.
Si supieras que hoy apenas se recuerda que aquellos días sólo tú y tus acompañantes fuisteis testigos de las pocas ganas de vivir que quedan después de ver por todos los lados crímenes de inocentes que únicamente huían
Sólo tú y tus acompañantes, con los ancianos huesudos, con las mujeres preñadas de espanto, con los niños mudos que ni llorar podían el dolor de la metralla incrustada en sus vísceras.
Si supieras Norman que hoy pocos son los que conocen lo que sucedió en la carretera de la muerte, pocos quieren desnudar la memoria hasta dejarla en los huesos.
Y andamos cada año por los mismos senderos en los que estuviste con nuestro pueblo herido y hacemos jirones con la piel del olvido porque es urgente para todos ver lo mismo que tù viste.
 Bajo el mismo cielo, recordamos en febrero que tú, Norman Bethune, quisiste salvar aquella humanidad de la ruina y no lo conseguiste.

jueves, 9 de mayo de 2019

No son los de siempre



El fascismo de pecho al descubierto está ya en el parlamento.
Muchos dicen que son los de siempre, los que estaban aguardando el momento para salir a la luz de nuevo, los viejos nostálgicos que conocieron y amaron a los matarifes, los que siempre han levantado el brazo y besado la bandera rojigualda, los que afirman contundentes que con Franco se vivía mejor.
Yo no creo esto.
Pienso que hay una nueva generación de fascistas que no identificamos. Jóvenes atados a un pasado que no conocieron pero que añoran, deseosos de un orden en la vida sin emigrantes, ni maricones, ni mujeres emancipadas.
Una generación de jóvenes con las entrañas podridas de violencia, hijos de la ignorancia más peligrosa, parias desempleados que encuentran al enemigo enfrente de sus casas.
Carne de gimnasio y esteroides, ambiciosos del consumo, gentes con las que quizá trabajamos o vamos al futbol. Mono neuronales que ven en el insulto, el desprecio y el golpe la forma más eficaz de descargar la ira que acumulan en este sistema que los machaca desde la infancia.
Estos cráneos vacíos son carne de cañón que se organiza, que se arma, que sale a la calle a cazar y que, llegado el momento, guiados por mesías asesinos, enarbolarán ideas criminales y pasarán a cuchillo a quienes les estorban.
No podemos pecar de ingenuos sosteniendo la idea de que son los de siempre.
Es una generación nueva, sin presente, ansiosos de estrenar una nueva España, ansiosos por conquistarla y someterla de una vez por todas.
Una generación que se siente arropada por Europa, por las leyes, por sus razones negras que crecen y crecen.
Estamos en peligro, vendrán a por todos, no es pesimismo de poeta.
Ya están en las instituciones, ya son un poco más dueños de la tierra que pisamos.
Otra vez la amenaza. Y nosotros silbando mientras pensamos que son los viejos de siempre.

sábado, 27 de abril de 2019

La normalidad



En estas nuevas elecciones el espectáculo no puede ser más tragicómico, más mediocre, más dirigido a la víscera.
El sentido común y la razón apenas aparecen, salvo raras excepciones triunfa la casquería.
Es lo normal en una democracia que nació ya deformada.
Es lo normal en una democracia que tiene presos políticos, no sólo los catalanes que son de ahora mismo, desde mucho antes se empeñaron en arrancar la voz a los que molestaban.
Es lo normal en una democracia que persigue la libertad de expresión y la multa o encarcela.
Es lo normal en una democracia con unas fuerzas armadas que poco o nada saben de derechos humanos.
Es lo normal en una democracia con una judicatura que se pasa por el forro la justicia y hace lo que le viene en gana. Pongamos el caso de Altsasu, Bateragune o el de La manada.
Todo es normal en esta democracia. Hasta la monarquía es normal. Hasta la intromisión en las escuelas de la iglesia. Hasta la corrupción. Hasta la impunidad de los torturadores. Hasta el empobrecimiento en caída libre de la clase obrera.
Y como todo es normal en esta democracia nos llaman a acudir el domingo con la mejor de sus sonrisas, con la mejor de sus mentiras.
Por todo esto y más comprendo el hartazgo de los que se abstienen, muchos de ellos a pie de tajo combaten contra este sistema que nos depreda, pero no participan de la farsa democrática, saben que sólo en la calle, sólo con el pueblo alzado con toda su rabia, sólo con sus puños y sus verdades erigidas como auténticas banderas se hará claudicar el imperio de la falsa democracia.
A pesar de todo yo iré a votar, introduciré mi voto en la urna y me acordaré todo el tiempo de los que nadie habla estos días porque están en el exilio en la trena.  

sábado, 6 de abril de 2019

Nuestros viejos



No puedo evitar pensar que hasta el momento no hemos conseguido ni siquiera un poquito de justicia para nuestros viejos.
Van muriendo como si nada.
Década tras década, sepultura tras sepultura. Puñados de desprecio sobre vuestra memoria.
Y caminamos por las calles, ausentes, desenfadados, rebeldes, cansados y a nuestro lado un anciano arrastra su bastón  o desea hablarnos en la cola del supermercado  o lo vemos leyendo el periódico en un parque o de la mano de sus biznietos y no detenemos el paso  para explicarles qué hicimos con sus ideas después de ser tiroteadas, qué fue de su lucha al hacerla nuestra  o por qué  aún no conocemos una democracia de veras.
Es triste saber que se mueren sin abrazar la bandera por la que perdieron la libertad y la vida.
Nuestro presente es otra condena en el umbral de su agonía.

Tanta política del escarmiento.
Tanta cabeza rapada, tanto paredón y  delaciones.
Tanto exilio y cárcel y cruz.
Tanta muerte desabrochada.
Tanto daño a un pueblo que amaneció soñando y se acostó envuelto en un sudario para comprobar que hoy hemos traicionado su legado.

Y van muriendo gota a gota.
Y  siempre son nuestras las derrotas.
Los fascistas ganan por las balas o por las urnas
y nuestros viejos se mueren
nombre a nombre.
Sin una sola victoria.



jueves, 28 de marzo de 2019

Ojos en la nuca



Es imprescindible, como decía el poeta Juan Gelman, tener ojos en la nuca.
Unos ojos que vigilen el pasado, que permanezcan siempre en guardia ante quienes quieren cerrarlos a la fuerza. Que estén eternamente insomnes, en vigilia permanente.
Sin ellos no somos nada, apenas piedras que caminan.
Porque el dolor no desaparece. Pasa de mano en mano, de casa en casa, generación tras generación y no se alivia con los años.
El dolor, la herida colosal de la injusticia supura por las pústulas de las víctimas, de los hijos de los hijos, siglo a siglo.
Por eso el olvido es una falacia. Nadie olvida, nadie perdona a los asesinos, nadie desea pasar página a una historia que fue genocidio, que nos duele aquí mismo.
Por eso mi poesía está clavada en ese tiempo, porque no sirve de nada escribir sobre el ahora si la impunidad viene desde entonces azotándonos con su látigo y desde entonces avanzamos con la piel en carne viva.
Por eso la poesía, al menos la mía que sueña con ser también semilla en esta tierra yerma, usa la palabra para desescombrar junto a otros la memoria y poder así, poner nombre y apellidos a la infamia.
Porque vivimos un presente atenazado por los que heredaron el yugo y las cadenas.
Porque estamos de nuevo en peligro.
Porque el mundo saca brillo a las cruces gamadas y España orea la bandera con el águila negra, canta “Cara al sol” y nos muestra desafiante la ideología de esos cráneos impunes y deformados.
Y nosotros, el pueblo, los hambreados y explotados, debemos recordar cada segundo y en cada aliento lo que hicieron y lo que serían capaces de hacer ahora.
Mis poemas por eso se quedan quietos en aquella patria desolada, porque es ahí donde podemos comprender la dimensión de la amenaza.
Es ahí donde deben crecer mis poemas, donde debemos limpiar con dignidad la verdad que fue sólo una y está enterrada en las fosas comunes.
Es ahí donde la Poesía puede ser útil, al lado de los que arañan la tierra, al lado de los que exigen reparación, al lado de los que recuerdan.
Al lado de los que buscan esos huesos que fueron seres humanos
Mi poesía, no puede cruzarse de brazos mientras haya bestias acechando en cada esquina. Son las mismas bestias de antaño, la misma sed, el mismo odio, sólo cambia su vestimenta.
Hoy debo más que nunca mirar con los ojos de la nuca y seguir caminando hacia un amanecer sin fascismo.
En mis poemas y en la vida.
Con este corazón que no claudica.

sábado, 23 de marzo de 2019

Matilde Landa


Matilde Landa prefirió la muerte. La dictadura franquista ofreció a la dirigente comunista mejoras en la alimentación de los hijos de las presas del penal de Mallorca a cambio de su bautismo y conversión al catolicismo. Matilde eligió sus principios. El 26 de septiembre de 1942, día que estaba prevista la ceremonia de bautismo, Landa se precipitó por la terraza hacia el patio interior de la prisión. Se suicidó. En los 45 minutos que duró la agonía de Landa, completamente inconsciente, las autoridades eclesiásticas de Illes Balears aprovecharon para bautizarla en articulo mortis.


Podías haberte quedado mirando a los tristes niños en harapos.
Podías haber elegido el único paisaje de los libros y vivir el espejismo de una vida acomodada.
Podías haber sido sólo una mujer de tu época,
pero tomaste otro destino,
te hundiste en el fango hasta el tuétano y en aquella ciénaga de odio sobrevivió tu dignidad inmutable.

Porque luchaste más allá de la esperanza,
más allá de la derrota, más allá de lo posible,
para dejarnos el legado de tu resistencia en un mundo de mansedumbres.

Porque el verdadero peligro estaba en no hacer nada,
en ver pasar las horas,
en quedarse muda y quieta. 
Te pusiste manos a la obra para multiplicar panes y peces,
para curar gangrenas de pólvora,
para atravesar mares de azufre con tu bandera roja.

Quisieron doblegarte, pero llegaron tarde.
No claudica una mujer ante dios ni sus secuaces si esto pone en riesgo los ideales.
Quisieron bautizarte y tu escupías a las cruces pensando en el pueblo que, por laico, hicieron mártir.
Porque no pudiste ceder ante el chantaje de calostro para los niños a cambio de tu bautismo.
Se precipitó tu cuerpo hereje sobre el suelo de la cárcel y agonizaste lo suficiente para saber que te ungieron a la fuerza
con el agua humillante de una religión que mató en serie sin temblarle el cáliz con la sangre.


miércoles, 20 de marzo de 2019

Cinco palomas


El 27 de agosto de 1936 en la conocida finca del Aguaucho, en Fuertes, Sevilla, se vivió un terrible episodio cuando varias jóvenes fueron arrojadas a un pozo tras ser violadas y paseadas para escarnio público. Las víctimas tenían entre 16 y 22 años.
La sed de venganza no parecía tener límites para este grupo de falangistas. Los soldados las obligaron a preparar y servirles la comida. Las violaron, asesinaron y arrojaron sus cuerpos a un pozo horas más tarde. No hubo fosa. Nadie pudo hallar sus restos. Ya de madrugada, el camión volvió y recorrió las calles principales del pueblo para enseñar, bajo el cántico de “Cara el Sol”, en la punta de sus fusiles, la ropa interior de aquellas jóvenes inocentes.

Mientras anochecía eyaculaban los asesinos
con la carne más fresca.
Ni los ojos llenos de ruego
ni los brazos anudados a otros cuerpos doblegaron el deseo de ser hombres a la fuerza.
Heraldos de violencia las condujeron por un camino de guadañas.
Bajo un cielo sarmentoso, con hambre bestial de sexo,
las obligaron a tragar su semen y a respirar su aliento fétido.
Después del festín los cuchillos jugaron a rasgar sus pieles tersas.
Las tiraron, quién sabe dónde,
quién sabe a qué foso las arrojaron igual que animales muertos.

Más tarde regresaron al pueblo a pasearse triunfales y heroicos.
Brillaban sus bayonetas.
En cada fusil, jirones de campesinas y de sirvientas,
en cada fusil, su canallada,
en cada fusil su epopeya,
en cada fusil una braga.

Los fascistas que las mataron, callaron a punta de pistola
a los testigos de aquel infierno.

María, Coral, Josefa y Joaquina
en vuestra tierra hambrienta
nunca olvidaron la noche
en la que unas enaguas fueron banderas
ondeando a media asta.
Nunca pudieron olvidarlo.
Hoy vuelan con vuestros nombres cinco palomas de hierro,
vuelan firme y vuelan alto,
cinco criaturas de paz
sobre cinco crímenes bastardos.


viernes, 15 de marzo de 2019

Carmen Estanislao Moreno


Carmen Estanislao Moreno, 24 años y embarazada de 8 meses fue asesinada el 26 de septiembre de 1936 en Fuentes, Sevilla.

Fui deletreando nombres en mis versos
por esta tierra que es España,
la España de las heridas abiertas
pero de ti, Carmen, me duelen todas tus letras
Me dueles, Carmen,
me vienes doliendo desde hace décadas.
De dos en dos te mataron,
un disparo en la frente y otro, muerta ya,
en tu enorme vientre.


Qué puede pensar un hombre cuando
fusila el llanto de un niño nonato.
Qué puede pensar. Nada.
Nada, Carmen.
Nada humano.
La crueldad no tiene madre,
tiene tan sólo el deber de perpetuarse
en los huérfanos de humanidad que
tiñen de luto el aire.

Hoy tu nombre sin estrella suena por partida doble.
Dos veces fuiste asesinada, Carmen,
una por ser mujer y la otra por gestante.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Mujeres



El 23 de julio de 1936 Queipo del Llano dijo en Radio Sevilla: “Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecían, ¿no han estado jugando con el amor libre? Ahora por lo menos sabrán que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen.”

Huyeron muchas pero otras muchas se quedaron
en sus casas proletarias,
en sus humildes alcobas,
con sus cucharas vacías y las ventanas cerradas.
A oscuras para que no se viera la vida
porque la crueldad husmeaba cada una de las rendijas.

Se quedaron en sus casas respirando en voz muy baja
porque ebrios de patria y de victorias querían también el triunfo de reventarlas.


Se quedaron en sus casas, no huyeron,
pensaron que la mala suerte quizá las esquivaría
pero la suerte nada sabe de vísceras y de lascivia.

Los vieron entrar en sus portales,
escucharon pasos acercándose con prisa,
el aliento se detuvo, 
la guerra se ensañaría con sus pechos y sus vaginas
 y, antes muertas que violadas,
se tiraron por la ventana.

Un instante, eso fue todo,
Un instante.

Sobre el suelo sin empedrar, los cadáveres no lloran.
Sólo lloran las que sobreviven y su presente es el pasado lacerando cada día.
Fueron dueñas de su llanto y de su sangre.
Antes de que los moros y los legionarios entraran a saco en sus entrañas
se arrancaron de cuajo la vida.


jueves, 7 de marzo de 2019

Tina Modotti



Tina Modotti se alistó en el quinto Regimiento y trabajó en las Brigadas Internacionales durante la Guerra de España.
Junto con Norman Bethune y Matilde Landa organizaron la red de acogida de Almería para atender a los miles de refugiados que llegaban huyendo desde Málaga de los feroces ataques fascistas.

No pudo tu corazón con la derrota.
No pudo con el recuerdo de los desesperados que corrían hasta tus brazos.
No pudo con el recuerdo de aquellos niños flacos que llegaban locos por la infamia de las bombas que consiguieron demenciarlos.
No pudo con el recuerdo de miles de infancias que huyeron de los escombros y la metralla.
Porque aquellos ojos rotos, porque aquellos llantos hondos, porque aquellos cuerpos heridos, menudos, tibios, venían de la barbarie.
Y tú creíste que con tu corazón solo,
que con tus manos solo,
que con tu pecho calmo uno a uno conseguirías arrancarles de cuajo el horror y las ausencias con las que llegaron a Almería.
Pero en tu corazón anochecía.
El espanto era un gigante indomable que devoraba tu carne.
Y te tragaste la ira a pedazos muy grandes
y les encontraste cobijo y repartiste pan y pudiste curarles
y conseguiste al fin que algunos pudieran marcharse a vivir otra vida lejos del miedo y del hambre.


Después llegó el triunfo de los más miserables
y corriste al exilio a continuar auxiliando a aquellos que en Francia
encerrados en jaulas morían de pena.
Y después hubo otros después.
Finalmente, en México,
la tristeza partió en dos tu inmensa ración de esperanza.
Allí, acabó Tina Modotti, una mujer de leyenda.

viernes, 1 de marzo de 2019

Entre España y yo



Entre España y yo hay un río apestoso
y hay un puente que me une con el trigo y las canciones
de quienes levantando el puño desafían el desprecio criminal
de los vencedores.

Entre España y yo hay demasiados muros y ruinas
y hay brazos desescombrando hueso a hueso a sus familias
y hay largas filas de hombres y de mujeres
acariciando sepulturas vacías.

Entre España y yo hay herejes y traidores,
hay cortijos, hay picanas, hay mugrientos corazones
y hay voces que no se cansan de vivir sin rendiciones.

Entre España y yo hay quienes añoran la soga y los paredones
y hay quienes se ponen en pie para señalar
a los que viven con la gloria de sus crímenes.

Entre España y yo no hay reconciliación posible,
se cae a pedazos, se derrumba, se muere podrida.
Pero entre las piedras y el lodo,
Entre el plomo, las calaveras y las vértebras partidas
viene naciendo otra España que ni perdona ni olvida.

jueves, 28 de febrero de 2019

Anselmo Antonio Vilar



Anselmo Antonio Vilar mantuvo apagado el faro de Torre del Mar, Málaga, para dificultar que los aviones y barcos pudieran ubicarse y localizar a la población que huía de los fascistas.
Vilar salvó a muchas personas de las ametralladoras y de las bombas pero su decisión le costó la vida. Pocos días después de la entrada de las tropas nacionales fue fusilado junto a las paredes del cementerio veleño.


Atrás fue quedando el ruido de la muerte y las pedradas.
El plomo reventaba a aquellos que corrían a buscar vida en Almería.
Por miles huían.
Por miles.

Aviones y cruceros
aguardaban pacientes el haz de luz poderoso
que iluminara los rostros de pánico,
que iluminara la piel en carne viva,
que iluminara los bultos desarmados
que morirían.

Pero no fue aquella noche como otras noches harapientas.
No eran navegantes y la luz podía ser una condena nueva para aquellos que venían esquivando otras condenas.

Por eso Anselmo no hizo bien su oficio y dejó apagado el faro. Porque no podía ser también culpable.
Porque aquel paisaje oscuro le hizo temblar el corazón hasta negarse a guiar con su lámpara a los verdugos que acechaban con la mira.
Y se puso a llorar como sólo lloran los hombres decentes.
Y lloró hasta la madrugada intentando frenarla y que nunca amaneciera.
Y lloró Anselmo solo y a oscuras
y lloró Anselmo toda su tristeza
y lloró horas eternas porque sabía que al alba no podría apagar el sol
y la muerte renacería.

A Anselmo lo ejecutaron después por no haber puesto luz sobre las víctimas.
Dicen que no le importó, que no le dolieron los disparos,
que para él fue mejor morir que vivir sin ser humano.

Anselmo Vilar. Farero. Fusilado. Tu humanidad hoy nos alumbra.

lunes, 28 de enero de 2019

¿Dónde está la paz ?



Y yo me pregunto dónde está la paz.
Digan a qué abismo la arrojaron
cuando el mundo comenzó a andar
y éramos apenas invitados de la tierra.

Dónde la escondieron esos dioses
que   empalaron la alegría
y dejaron que los pueblos murieran
de miedo al pecado que no conocían.

Dónde está, en qué mazmorra,
en qué fuego se quema,
desde qué océano pide auxilio,
entre qué cadáveres se pudre
como si no tuviera prisa en morirse,
como si aún pudiera agarrarse a nuestras vidas
y convertir su agonía en trigo que se multiplica.

Dónde está, porqué nunca supimos
cómo se respira con su aliento puro,
por qué conocemos de ella sólo su nombre breve,
sólo su idea truncada,
sólo sus enemigos temibles.

Dónde está, dónde.
Desde algún lugar debe oír que la llamamos.
En selvas y en volcanes. En calles y mares.
En guerras, en hambre.
Con voces roncas en mil idiomas.
Dónde estás, maldita sea,
Dónde.

jueves, 24 de enero de 2019

Venezuela, otra estrella



De nuevo las bestias entraron a saco en Venezuela. Lo cierto es que nunca se fueron.
Su historia es de sangre, de águilas sobrevolando su cielo siempre al acecho.
Su historia guarda silencio cuando hay que hablar de lo importante, cuando calumnian a quienes defienden sus calles hermosas, sus selvas dañadas, sus pueblos coloreados con niños que cantan y ríen. Y ríen y bailan. Y sueñan con crecer saludables.
Su historia presente calla o nos miente.
Porque codician su tuétano negro y espeso, sus brazos baratos, sus hijos esclavos. Ansían poner de rodillas a quienes se alzan desafiantes entre el murmullo de cómplices.
Su historia presente secuestra y embarga los víveres, los libros, las medicinas acusando a Bolívar.
Y hoy Venezuela no puede rendirse.
Sin brújula perderá el rumbo, naufragarán los pueblos, anclarán sus esperanzas al imperialismo.
Hoy Venezuela encaja los golpes y resiste.
Sobre la lona fascista, en un combate amañado, aún se defiende.
Anochece en América latina.
Están lapidando una estrella.

lunes, 21 de enero de 2019

La médula espinal



España es un pueblo de verdugos donde esconden los crímenes cometidos como si nunca hubieran sucedido, como si las víctimas fueran fantasmas que deliran.
España conserva intactos a los matarifes, los mantiene vivos hasta que a golpe de impunidad van dejando su legado en otras picanas, en otros fusiles.
Maldita España oscura de sombras que se alargan también en nuestro siglo.
Porque después del franquismo vino la transición con más de 500 asesinados, porque después de la transición continuó la tortura y el GAL apareció y desapareció casi sin castigo, porque después han seguido las detenciones arbitrarias, los montajes policiales, la cárcel para inocentes como el caso de Altsasu, o la represión brutal contra Cataluña.
Y en esta España tenebrosa, con tanto dolor arrastrándose hasta nuestros días vienen a repetirnos una y otra vez que esta es una tierra de justicia.
Y en esta España que nos veja, que arrincona, que traiciona, que humilla a los que mantienen vivas sus heridas es imposible lo que en otros cielos es posible.
Porque de nada sirve una democracia si la impunidad es la médula espinal que la sostiene.

viernes, 18 de enero de 2019

Yo quiero ser más animal



Me gustaría ser más animal.
No porque algunos de ellos pueden volar.
No porque algunos de ellos hibernen y después de sueños profundos salen a estrenar las primaveras.
No porque algunos lleven la casa a cuestas o se camuflen de los enemigos o formen estampidas que hacen temblar la tierra.
No porque sean capaces de sobrevivir en situaciones extremas: en el frío del fondo los mares, en desiertos donde nada florece, en ciudades donde esquivan la contaminación y malmueren sobre las aceras disparados por niños que juegan impasibles con la muerte.
Me gustaría ser más animal, que fuéramos todos más animales.
No para ser blanco de cazadores furtivos, no para terminar en las plazas con la estocada de los aplausos a los matadores, no para vivir en jaulas, con cadenas, en los circos, en los zoos, en los parques.
No.
Me gustaría que fuéramos todos más animales porque ellos no matan por gozo, ni torturan, ni hacen escarnio con sus víctimas.
Porque sólo les guía la sed y el hambre y cuando ya está satisfecha dejan pasar la vida.
Porque son leales a su manada, a su jauría, a su bandada.
Porque no son crueles.
Los animales ni guerrean de balde, ni ocupan territorios que no les pertenecen, ni destrozan sus propios hogares.
La crueldad es un invento humano.
Y yo quiero vivir en paz, sin tanta atrocidad reventando nuestra humanidad como si nada.


miércoles, 9 de enero de 2019

Alpha, in memoriam



No lo mató el mar. Ni lo mató el hambre en la patera. No lo mató la sed de días ni la policía.
Decidieron que era invisible y los invisibles nada necesitan, no existen.
Murió en un charco de sangre y ya era tarde para escribir su nombre en el inventario de los que tienen derecho a la vida.
Y ya fue tarde cuando sus pulmones dejaron de respirar asfixiados por unas leyes que condenan a morir a los que nada tienen.
Y ya fue tarde cuando tomaron su pulso y agarraron su cuerpo y era escarcha toda su piel. Era hielo.
Y ya era demasiado tarde cuando quisieron arrancarle la orfandad de aquellos meses en los que pedía auxilio puerta a puerta aullando de dolor, tiritando por la fiebre.
Estaba muerto, muerto, muerto.
Y en un revuelo de papeles buscan quiénes fueron los culpables mientras la jauría de lobos se sacude las lágrimas y señalan hacia otra parte.
Alpha murió gratis. De balde lo mataron.
Porque era de lejos lo sentenciaron a no curarse.

domingo, 6 de enero de 2019

Mujeres con pezuñas



Las zarpas del fascismo ya han empezado a arañar esta esmirriada “democracia”.
Sus zarpazos dicen ser legítimos porque un puñado de miles de personas los avalaron con su voto. También fueron mujeres las que estiraron el brazo después de alzarlo para usar la urna y defenestrarnos.
Podemos entender que son ignorantes, que son manipulables, que son algo idiotas, pero saben perfectamente lo que hacen, les gusta seguir a un nuevo caudillo. Aceptan sus discursos machistas, xenófobos, clasistas.
Las mujeres que les han votado aplauden cuando prometen cambiar las leyes contra el maltrato hacia ellas mismas. Abrazan el patriarcado cuando el machito de turno argumenta que las denuncias falsas son un “hecho contrastado” y critican a las mujeres violadas por enseñar las rodillas o las bragas.
A ellas también les molestan en los parques o en los colegios los niños de otros colores mezclados con los suyos, o las madres con hiyab, o la rumana con el hijo en brazos pidiendo por la calle.
Ellas también creen que España no se rompe y cualquier fractura ha de arreglarse por cojones.
Son mujeres con zarpas. Hieden a guarida, a cuadra, igual que los machos a los que acompañan. Su aliento envenena el aire.
Fascistas con vagina. Fascistas, al fin y al cabo.