viernes, 13 de septiembre de 2019

Almería, La Desbandá



Van llegando a la ciudad sin sitio
la mitad de la mitad de las que comenzaron la huida.

Atrás quedó un manantial de pena,
quedó el hambre masticando sus propios huesos,
quedaron los más desafortunados con la dentadura abierta,
con sangre de pólvora y metal en los labios
y las retinas convertidas en espejos.

Una procesión trágica con la cruz sobre cada espalda
va llegando poco a poco.

Las llagas de sus pies dejan huellas indelebles
en la mirada de quien contempla aquel desfile pausado
de tristes hombres y mujeres con la voz debilitada
de tanto pedir la paz con su estéril plegaria.

Van llegando con el luto y con la culpa por haber llegado vivos.
La sed larga de días,
el sueño roto en los cráneos
y un sinfín de heridas podridas
que se abren cuando las miran.

En la ciudad no hay sitio,
no hay tanto arroz ni tanto abrigo.
Su destino fue tan sólo un espejismo
que les alentó mientras huían.


jueves, 29 de agosto de 2019

Niños peregrinos, La desbandá



Hijos del yugo y del salitre
cansados ya desde la infancia
de vivir de sus costillas.
Niños sin dios prestados a los caciques.

Postrados niños que a duras penas
arrastraban la ruina de su existencia.

Escupidos agriamente por los amos de la tierra.
Sudor y sueño el jornal, 
sudor y hambre.

Niños que heredaban una vida repugnante de humillación
en todas partes.
Niños que huyeron a otro infierno a la intemperie
donde empachados de sangre murieron
de la manera menos tierna.

Niños que corrían con las pestañas calcinadas,
con las arterias abiertas,
y abiertos de par en par los ojos
y abierta desde las raíces la pena.

Niños crucificados por ser niños peregrinos
buscando la paz y el pan
que siempre les negará el fascismo.

sábado, 10 de agosto de 2019

Río Guadalfeo


La Desbandá: Cuando llegaron al río Guadalfeo, que tenían que cruzar para llegar a Motril, primera parada casi segura que intuían en su éxodo; se encuentran con el puente destruido y el río muy crecido, debido a las lluvias de los días anteriores. Fueron muchas las personas que se dieron la vuelta de regreso, ante la imposibilidad de cruzar el río. De las personas que lo cruzaron, muchas de ellas fueron arrastradas por las aguas hacia el mar, pereciendo en el intento.

La lluvia de otros días también fue sumisa al fascismo.
Cayó torrencial y maldita.
Y el agua fue creciendo en el río como crece el odio en el fusil y en el sable.
Y daba miedo el cauce porque demasiados espectros esperaban su ración de huesos.
Y daba miedo quedarse quietos porque demasiados aviones y barcos vaciaban sus tripas de fuego.
Y daba miedo desandar los pasos y volver al inicio donde rebanaban los cuellos.
Sólo quedaba la orilla lejana donde quizá estuvieran los suyos para darles el pan y el abrazo.

Así familias completas se lanzaron al agua a bracear con sus hijos atados con cuerdas,
así intentaron cruzar, pero la corriente bebió aquel elixir de náufragos
y desaparecieron tan rápido que no dio tiempo a que gritaran sus nombres para saber quiénes eran.
Ellos sólo querían secarse en Ítaca para continuar el viaje,
y el río se cobró al contado ciento de vidas como peaje.

viernes, 9 de agosto de 2019

Hazen Sise



Durante la Guerra de España Hazen Sise  fue la mano derecha de Norman Bethune en el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre. Todas las fotografías que se conocen de una de las peores masacres conocida popularmente como ‘la Desbandá’, son suyas.

Sin la solemnidad de las despedidas,
sin cerrar sus casas a cal y canto,
dejando sobre la mesa la comida tibia
y la rutina de tiempos de paz esparcida por el patio,
huyeron.
  
Con los niños temerosos agarrados a sus faldas,
con los viejos lentos y su dolor perpetuo,
cargando el peso desquiciado de quien tiene que sobrevivir a pesar de la metralla,
huyeron.

En invierno, hambrientos, enfermos, descalzos, heridos.
En invierno, desarmados.
En invierno, en una procesión sin dioses y sin milagros,
para morir bajo un cielo atestado de diablos,
huyeron.

Nadie puede negar que aquel camino fue la tumba de miles.

Aunque mueran los testigos de aquel infierno,
aunque sus gargantas callen sepultadas con sus recuerdos,
aunque los hijos de los hijos desprecien el dolor que sintieron.

Aunque limpien la historia con relatos falaces quedarán para siempre
un puñado de imágenes tristes
de una multitud triste y derrotada que camina en vigilia
hacia el cadalso fascista.
Quedarán para siempre esas imágenes
como prueba irrefutable de su barbarie.

martes, 6 de agosto de 2019

No pasarán



Los fascistas nos muerden ya los tobillos y parece que no nos damos cuenta.
Avanzan al galope dispuestos a perpetuar el crimen de la libertad y de la justicia.
Ganan terreno en la calle y en las instituciones, desprecian a los desaparecidos, se ríen de las víctimas, desempolvan a los asesinos, rinden honores a quienes enarbolaron la bandera del genocidio y utilizan al pueblo más ignorante y bestia para azuzarlo contra nosotros mismos.
No es cierto que su objetivo sean las mujeres, ni si quiera los inmigrantes, vienen a por todos.
No es algo nuevo, lo novedoso es nuestra postura, bastante equidistante para estos tiempos que corren.
Es muy ingenuo pensar que se conformarán con cancelar algunos conciertos, con ningunear a las familias de los represaliados por el franquismo, con llamarnos feminazis y mandarnos a casa para que no nos violen, con escupir a los que venden sombreros de mesa en mesa, de terraza en terraza. Cada vez ganan más terreno, su discurso cala hondo y se queda para siempre en esas profundidades donde la entraña es la que manda.
Esta gente tullida de empatía florece cuando van peor las cosas y es urgente ver la dimensión de la amenaza.
No atienden a razones, nunca lo hicieron, por eso vencieron.
Vencieron por cojones.
Y por cojones quieren repetir su hazaña.
Los que nos definimos como antifascistas debemos militar como lo que somos: gente con voz y con memoria dispuestos a gritar que no pasarán otra vez por encima de nuestros cadáveres, dispuestos a defender hasta la muerte la paz y la palabra.


martes, 30 de julio de 2019

Los nadies de La desbandá



                                                   A José Antonio Berenguer

Me pregunto cuántos nombres se perdieron para siempre con sus biografías
en aquellos días desquiciados en los que por miles corrían huyendo sin auxilio.
Me pregunto por esos nombres que hoy nadie reclama, nadie recuerda, nadie sabe que fueron también asesinados y hoy son los masacrados anónimos.
Me pregunto cómo se llamaba esa mujer que parió en la noche más oscura de toda la huida,
que se apartó a un lado y dio a luz como una loba solitaria sin que nadie distinguiera el grito de vida con los gritos fúnebres que provocaban los fascistas,
me pregunto cómo pudo ponerse en pie con el recién nacido,
cómo lo cubrió con sus harapos,
cómo sin tiempo de amamantarlo corrió con el calostro desaprovechado,
cómo se desagarraba a cada paso y lloraba por el hijo que callaba,
y lloraba de dolor y lloraba de hambre y lloraba a toda prisa porque vivir le urgía.
Porque su niño tibio y callado tenía que estrenar juegos y canciones,
tenía que crecer hasta hacerse un hombre.
Me pregunto qué sintió aquella madre
cuando se acordó de la oscuridad del parto, del terror y de la urgencia de llegar a Almería
y palpó los andrajos y presagió que lo que abrazaba no era más que un puñado de trapos ensangrentados y vacíos.
Me pregunto qué sintió cuando supo que dejó a su hijo en el mismo sitio donde ella partió en dos su cuerpo para parirlo,
me pregunto cuánto dolor se clavó en su vientre
y con cuanta desesperación regresó por el camino andado
con la esperanza de verlo en otros brazos, a salvo,
pero nadie llevaba a un recién nacido llorando su orfandad temprana,
nadie sabía de un recién nacido pasto de las bombas y de las pisadas.
Nadie sabía nada.
Nadie podía escucharla porque la muerte los perseguía con enormes zancadas.

Me pregunto cómo se llamaba esta mujer.
Si supiéramos al menos dónde se arrojó al mar
podríamos dejarle nuestras lágrimas.


domingo, 28 de julio de 2019

Francisco González Tejera



Francisco González Tejera (Pako González) debería ser un hombre común y corriente, pero es extraordinario:
En estos tiempos de amnesia voluntaria él recuerda.
En estos tiempos de descrédito él cree.
En estos tiempos de obediencia, él desobedece consciente de que al hacerlo se queda solitario mirando la utopía de vivir con el pan repartido y el salario digno.
Pako González lleva décadas remendando la memoria. Puntada tras puntada, año tras año, ha recogido los testimonios callados de los que sufrieron el genocidio canario cuando aquellos cabrones arrojaban a los volcanes a personas que nada hicieron.
Salvo soñar, nada hicieron.  
Pako lleva todo ese dolor a los libros, lo arrastra y lo escribe tal cual fue: descarnado, bárbaro, impune, demoníaco. Nos lo clava en los ojos, inclemente y certero y sin darnos tregua pasa de un horror a otro espanto hasta dejarnos sin aire.
Escribe con nombres y apellidos, en geografías exactas, en fechas que fueron el andamiaje sobre el que se construyó la infamia para que sepamos cómo siente exactamente un pueblo mortalmente herido.
Quiere explicarnos que no hay futuro posible si esta verdad no se alumbra.
Si permanece en la oscuridad, estaremos perdidos.
No diré que leer sus libros es tarea fácil, no es un viaje cómodo porque entre su poética vemos lo que somos: indignos herederos de lo humano.
Porque fueron asesinados como perros sarnosos.
Porque en el 36 no hubo plegaria que conmoviera a las bestias.
Porque el crimen se convirtió en un ritual demasiado metódico y la muerte fue pregonada en todas las familias.
Desde la profundidad del daño que hicieron en su tierra, mira de frente a quienes quieren olvidar tanta vesania y con su pulcra dignidad escribe la Verdad de lo que hicieron aquellos soldados sepulcrales que arrasaron las islas Canarias y que aún hoy viven en la memoria colectiva.

Os recomiendo leer su obra. Y si alguien desea financiar por crowfounding el tercer libro de su trilogía, no sólo hará una apuesta por un escritor con coraje también será un desafío al fascismo.
Blog de Francisco González Tejera: http://www.viajandoentrelatormenta.blogspot.com/



martes, 9 de julio de 2019

Carmela Tejero Plaza



Carmela Tejero Plaza, superviviente de La Desbandá. Tenía nueve años.

Es la noche la que pone a andar tu memoria para que salgan de las tinieblas
los recuerdos de aquella edad temprana donde se mataron demasiadas infancias.

Es la noche y es el amanecer y es cada paso que das y cada estrella que miras
y es cada hora que te lleva con su tic tac perverso una y otra vez al infierno.

Porque no has podido vivir ni un segundo lejos de tu niñez devastada,
ni un segundo, nada.
Por todas partes te ha seguido el grito inacabable de aquellos días,
Porque apretaste el corazón tanto que se quedó encogido y desde entonces te lastima.
Porque viste morir de balde, porque tocaste las heridas, porque bajo los cuerpos amontonados agonizaban tus seres más queridos.
Porque nunca terminaba el dolor, nunca terminaba el daño que hacían los fascistas,
nunca estabas a salvo y sólo eras una criatura que huía.

Carmela hoy niegan el rastro de odio que dejaron,
ningunean los cuerpos acribillados,
ensucian la tierra donde miles de desaparecidos se amontonan sin nombre
y después se ponen cara al sol para hacer sombra a la verdad de sus crímenes.

Piensan que pueden escupir el rostro de cada víctima,
que pueden azotar nuestra memoria con el látigo de su democracia ficticia,
creen que vamos a cederles el paso para que avance el olvido,
para que tu palabra se haga inaudible y nuevas infancias pasen por lo mismo.
Pero aún estamos con los oídos limpios,
no bajes la voz, Carmela,
que no sean en vano aquellos años
de holocausto y ruina con los que te obligaron a estrenar la vida.

Que no sean en vano.
Que no sean.

Aún estamos con los oídos limpios.

domingo, 30 de junio de 2019

Legión Cóndor



La Legión Cóndor fue el nombre dado a la fuerza de intervención mayoritariamente aérea que el III Reich envió en ayuda de las fuerzas sublevadas para luchar en la Guerra de España. Adolf Hitler, con la intención de probar el armamento aéreo alemán en una guerra convencional (hasta entonces no se había utilizado este armamento en un conflicto real) ofreció a Franco de forma secreta, apoyo aéreo para su ejército terrestre.


Fue una peregrinación sin dios, pero con la cruz de la legión cóndor,
fue el ensayo de la muerte al por mayor,
la prueba evidente de lo fácil que resultaba perfeccionar el asesinato en serie.

Y creo que se reían porque estaban entrenados para que los cadáveres les hicieran cosquillas,
y creo que después brindaban por el fulgor de su esvástica,
y creo que nunca se arrepintieron y que por las noches dormían como niños cansados de volar en sus juegos.
y creo que de veras creyeron que eran ángeles con la divina misión
de teñir a los herejes de negro.

A España vinieron la víspera de universalizar la lógica del miedo,
vinieron a depurar su caligrafía escribiendo un réquiem para nuestro pueblo,
vinieron a violar nuestro cielo con su falo de acero,
con su destrucción precisa,
con su amalgama de odios extranjeros.
Vinieron a ensayar el holocausto.

Y fue entonces cuando se repartieron los crímenes
porque eran iguales que los sublevados, aunque mejores matarifes,
por eso en el reparto se quedaron con los mercados, las ciudades y los caminos atestados de inocentes que simplemente vivían.
Porque ese era su objetivo, destruir al máximo en el menor tiempo posible.
Esta legión de aprendices de verdugo encontró en nuestra tierra su primer sobresaliente..

domingo, 23 de junio de 2019

Carlos Arias Navarro



La represión en Málaga se desató en febrero de 1937 y la protagonizó como fiscal Carlos Arias Navarro. Su mano dura alcanzó gran fama y recibió con justicia el sobrenombre de Carnicerito de Málaga.
Durante la primera semana de la toma de Málaga por las tropas franquistas, del 8 al 14 de febrero de 1937, los nacionales ejecutaron sin juicio previo a 3.500 personas y hasta 1944, otros 16.952 fueron condenados a muerte y fusilados.

Nadie debe olvidar la mala entraña de este asesino en serie
al que hoy nombran en los parques como si fuera un héroe.

Nadie debe olvidar que miles de cadáveres cuelgan de su gloria.

Carlos Arias Navarro fue diez veces más cruel que el más cruel de los salvajes.
Ordenó ejecutar en juicios sumarísimos
a decenas o a cientos cada día,
dependía de la prisa.

Cualquier excusa le servía  
 todos los detenidos eran “fusilables de oficio”
y a todos condenaba con su firma.

Fue uno más de los hombres siniestros que aquellos años andaban por España.
Sólo piedras en su pecho,
sólo piedras.
Sólo cruces y patria.
Nunca se cansaron sus labios
de mandar que ejecutaran a los prisioneros sin defensa.

Verdugo cum laude,
leal a tu guadaña hoy quieren hacer de ti una buena semblanza
pero el pueblo te recuerda y se rebela.
La memoria popular conserva vivos
los muertos por tu causa.

jueves, 20 de junio de 2019

Camisas negras



Hubo una estrategia deliberada por dañar a la población civil y escarmentar a Málaga la Roja.  En febrero de 1936 más de 150.000 malagueños, en su mayoría mujeres y niños, tuvieron que huir de la ciudad a pie. Los pilotos alemanes y los italianos (Camisas negras) entrenados en Etiopía en matar mujeres y niños, ametrallaron y bombardearon a la población civil que huía hacia Almería a lo largo de la carretera que bordea la costa, desde donde los buques fascistas persiguieron en paralelo y cañonearon a la gente. La masa de personas que desembocaban de los pueblos de la montaña incrementaba la de los que huían por la carretera. Los fascistas asesinaron a cerca de 6.000 civiles.

De luto lo vistieron todo.
De luto.
De luto la carne que se gangrenaba,
de luto los úteros sagrados,
de luto la edad temprana,
de luto hasta el sendero.
De luto las estrellas que ni mirar querían
la vida hecha pedazos por bestias en jauría.

Qué fácil es disparar a la presa cuando está herida,
cuando no pueden andar ni esconderse en madrigueras,
cuando el cansancio los rinde y
miran al cielo para pedir clemencia.
Qué fácil es tener cojones para matar por miles
a los miles que escapaban con sólo su piel a cuestas.

Qué fácil el tiro al niño,
qué fácil a la mujer hambreada,
qué fácil al viejo llagado que llora sin fuerza
y desea que le caiga la mala muerte italiana.

Qué cojones más oscuros,
qué códigos más inhumanos,
qué cerebros mutilados obedecieron la orden
de matar porque les daba la gana.

Dónde estarán ahora esos guerreros cobardes,
esos soldados deformes,
esos infrahumanos que mataron a miles de valde.

Si existe dios, no lo creo,
existe también el diablo
vestido con camisa negra,
hablando su lengua de bárbaros
en aquel amargo febrero.

martes, 18 de junio de 2019

Mediterráneo



No tienen dónde llorarles, ni siquiera tienen la certeza de su muerte,
tan sólo sospechan que el mar se los tragó
o se los tragó la arena del desierto
o murieron de sed o de golpes en la frontera.
Se tragan las lágrimas y esperan.
Se tragan las lágrimas y rezan.
Se tragan las lágrimas y miran el jergón vació donde sus hijos soñaron con escapar de la miseria.

No tienen a dónde acudir para buscar los huesos,
los recuerdos atados al tobillo,
los cráneos carcomidos que se amontonan en la oscuridad como tesoros naufragados sin que nadie los reclame.
Porque ese es el peaje que se paga cuando no tienes porvenir,
cuando a nadie importas salvo a los tuyos,
cuando sólo eres la evidencia de que este mundo no funciona.

Este es un lugar cruel que abandona a su suerte a miles de personas que buscan otra orilla, que buscan un futuro en el exilio, que buscan un mañana lejos de la tierra codiciada por sus materias primas.

Y la fosa común que es el mar Mediterráneo, este inmenso cementerio carece de plegarias, de sepulturas, de flores marchitas, de llantos desesperados.
Están demasiado lejos los que amaban a estos seres humanos y demasiado cerca los culpables del éxodo que los ahoga sin mojarse las manos.

domingo, 16 de junio de 2019

Batallón Tchapaiev



“La XIII Brigada Internacional con los batallones Tchapaiev y Henri Viullemin fue la vanguardia de la respuesta militar de la República al avance fascista de la carretera. Ellos protegieron la retirada en el primer momento, aunque posteriormente fueron relevados por la 6ª Brigada Mixta y otros efectivos nacionales.
El batallón Tchapaiev actuaría en el frente sur con una “amalgama de hombres procedentes de 21 naciones”. Polacos, húngaros, alemanes, austriacos, suizos…
Los comisarios políticos tuvieron que hacer un enorme trabajo psicológico con los voluntarios internacionales ante la tragedia que vivieron al llegar a Almería y atravesar la masa de refugiados”.

Encontrasteis en el camino un cementerio improvisado por el odio:
Cuerpos amontonados junto a bestias que empezaban a pudrirse
sin una mano que los ayudara a enfriarse,
sin un llanto cercano que los despidiera,
sin un nombre que dijera aquí fue asesinado un ser humano.

Fuisteis apartando a un lado los cadáveres,
ignorando a los vivos que pedían el auxilio del pan con sus llantos,
a los niños que desangrándose se arrastraban perdidos como pequeños borrachos.

Fuisteis heridos por aquel paisaje devastado en el que quisieron matarlo todo, todo.

Y para proteger a los que aún sobrevivían
tuvisteis que dejar atrás el infame legado fascista.
No como un batallón cualquiera.
Vuestro empeño por detener a los canallas os quemaba por dentro
y con los dedos pegados al gatillo,
sin dormir porque el sueño a la intemperie podía congelaros,
 con el recuerdo de la jauría acechando por tierra, mar y aire,
apuntalados por la ira,
conseguisteis salvar lo poco que quedaba de aquellas vidas.

Los héroes sencillos caminan de puntillas por la historia.
No hacen ruido al moverse en los libros porque no llevan medallas ni apellidos,
a veces se hacen visibles en canciones cuando llega la victoria
pero fuimos derrotados, los años nos pasaron por encima
y los ruiseñores no cantan en tierra de fascismos.

Para vosotros escribo hoy estos versos tímidos
porque quiero que vuestra gesta, vuestro heroísmo,
tenga sus palabras graves, sus estrofas limpias,
su estribillo errante por los pueblos de esta España vergonzante.
No es una canción, apenas es un poema.
No soy un ruiseñor.
Pero la tierra está callada
y los pájaros no regresan.

sábado, 8 de junio de 2019

Eolo Morenzoni



El brigadista suizo Eolo Morenzoni narra el trauma de La Desbandá con tan solo 16 años de edad: “Una vez en la carretera de Almería nos encontramos frente a una matanza de civiles y militares (…) columnas de hombres, mujeres y niños agotados. Los aviones italianos vinieron directamente desde el mar sobre ellos, y los ametrallaron. Estaban paralizados, asesinados con una facilidad sorprendente. Una carnicería”.
Morenzoni huyó de su casa, cruzó Europa y participó en las batallas de Teruel y Sierra Nevada. Su compañero, con el que se había fugado de Suiza, perdió un brazo al estallarle una granada en Pitres, un pueblo de la Alpujarra. Al conocerse que era menor de edad fue devuelto a Suiza, donde había sido reclamado por sus padres. Allí fue encarcelado.

Eolo Morenzoni no pudo quedarse en la retaguardia de un mundo
que ignoraba a España.
No pudo quedarse con sus pocos años a esperar una victoria que jamás sucedería,
 y aunque su idioma era otro y su patria era otra muy lejana,
fiel a su conciencia de soldado universal de los despojados,
cogió el fusil y se acostumbró a la vida miliciana.

Eolo era un niño con sueños viejos de ternura entre los pueblos.

Fue de batalla en batalla viendo que la muerte amontonaba infancias,
que morir a veces era la mejor misericordia.

Fue esquivando el plomo y las prisiones,
sorteando el hambre el frío y las heridas,
aguantando el temblor de sus dedos
cuando el enemigo se acercaba y lo tenía en el centro de su mira.

Eolo regresó a su país con las venas abiertas por la derrota inminente,
desangrado por la sinrazón de los que se mantenían neutrales,
abochornado por la indolencia de aquellos a los que nada importaba
salvo el éxito de las monedas vengan de quien vengan.

Y pasó la vida acorralado por los que durante años
se sentaron a comer a dos carrillos con los genocidas.
Señalado por haber sido uno más de los brigadistas
que vinieron a esta tierra a darlo todo a cambio de justicia.

Condenado hasta la muerte a existir a duras penas
nunca se arrepintió de haberse hecho un hombre entre las fieras.
Eolo nos regaló su edad temprana
y hoy sólo nos queda el recuerdo difuso
de un joven que quiso cambiar el destino fúnebre de España.

jueves, 30 de mayo de 2019

Gonzalo Queipo de Llano



El golpista Gonzalo Queipo de Llano comandó a sangre y fuego la rebelión fascista en suelo andaluz dejando, al menos, 45.566 ejecutados arrojados a 708 fosas comunes. Este criminal de guerra, con tumba en la Basílica de la Macarena, ha dejado como herencia el marquesado de Queipo y un patrimonio gestionado por sus descendientes.

Gonzalo Queipo de Llano, criminal y traidor a partes iguales.
Hombre a medias porque para ser completo se necesita pecho tibio y no sólo sangre fría.
Para ser entero, de una pieza, un hombre debe contar la pena y vivirla,
debe sentir el luto,
debe temblar de pánico a solas con su conciencia.
Pero sólo supiste reírte de las mujeres violadas que suplicaban una muerte rápida,
sólo supiste tener el gatillo fácil y la verborrea de quien es un asesino y le gusta que lo sepan,
sólo sentiste el corazón latir de prisa cuando viste que era obra tuya el sudario colosal que tejiste en toda Andalucía.
A medio parir tu raza, un chacal, una bestia.
Un apóstol de la infamia.
Qué mala suerte ser hombre y compartir contigo esa desgracia.

Miro de frente tu estirpe de vesania
y la escupo mil veces por cada crimen,
mil veces por cada cuerpo,
mil y una veces por cada infancia reventada a golpes de culata.
Maldigo tu hombría de eunuco,
tu nombre, tu puñado de huesos,
tu cruz y tu Semana Santa,

Maldigo a todos los que hoy veneran tus hazañas.
Deseo que los rezos que hacen a los pies de la Virgen que bendice tus matanzas
revienten la tumba donde yace el ser más vil que parió nunca una madre.


miércoles, 22 de mayo de 2019

Refugiados en Málaga




En enero de 1937 había en Málaga una población de más de 150.000 habitantes. Unos 50.000 refugiados  habían ido llegando a la ciudad huyendo del avance de las tropas franquistas las cuales el 16 de septiembre de 1936 habían ocupado Ronda amén de otros pueblos del interior de la provincia y del campo de Gibraltar. La ofensiva de los rebeldes no hizo más que aumentar la afluencia de refugiados. La situación llegó a ser tan acuciante que la catedral se abrió como refugio en octubre y se amontonaron en su interior de manera infrahumana centenares de refugiados. Para añadir mayor dramatismo al panorama, entre septiembre y octubre de aquel año, Málaga sufrió casi a diario ataques aéreos algunos tan mortíferos como el del 24 de octubre de 1936 que causó 50 muertos y grandes destrozos en la calle.


Como lluvia que no cesa fueron llegando
hasta inundar parques, plazas, catedrales.

Fueron llegando gota a gota,
de otros pueblos, de otros campos, de otras ciudades.
Lastimados por el hambre,
castigados por la violencia de la que es capaz el ser humano,
sentenciados a otra vida entre el exilio y los harapos.

Fueron llegando a otro cielo anochecido de cordura,
a otras bestias apuntando a los cráneos de quienes, desarmados, vivir sólo querían.
Fueron llegando como una lenta profecía del éxodo de después,
de los crímenes de después,
del llanto inacabable que después sucedería.

Fueron tantos que improvisaron su cobijo
bajo las estrellas humeantes de enero
en aquel invierno azotado por los fascistas.
.
Fueron tantos que apenas comían,
que apenas dormían porque las tripas eran insomnes,
porque los niños tiritaban febriles y azules
porque también había quien moría callando su agonía.
  
Fueron tantas orfandades errantes por las calles,
andrajosos, demacrados,
con la mirada fantasmal de quien ha conocido la barbarie
que si no los recordamos seremos cautivos de un pasado
que nos escupe y amenaza.

Porque no tuvieron descanso ni en el fondo de su abismo,
con su sobrecogedora indigencia,
con el mismo pecho atribulado
se vieron obligados a huir de nuevo.

Otra vez huyendo deprisa,
otra vez con la tumba a hombros,
otra vez los mismos cabrones detrás de sus pasos
tirando a matar a las presas más fáciles.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Norman Bethune



La masacre de la carretera Málaga-Almería, conocida popularmente como la Desbandá, fue un ataque a civiles ocurrido en febrero de 1937, tras la entrada en Málaga de las tropas franquistas. Una multitud de refugiados que abarrotaban la carretera huyendo hacia Almería (ciudad bajo control republicano) fue atacada causando el asesinato de aproximadamente 5.000 civiles y con un éxodo, según recientes estudios actualizados, de en torno a 300.000 personas, Esta muchedumbre que huía atemorizada de la represión del criminal general Queipo de Llano estaba compuesta en su mayoría por mujeres y niños, que tuvieron que salir de la ciudad y pueblos del entorno  mientras eran bombardeados desde el aire por la aviación alemana e italiana y desde el mar por buques franquistas.
 Durante este suceso, se produjo la intervención del doctor Norman Bethune, médico canadiense que se desplazó expresamente desde Valencia hacia Málaga con su unidad de transfusión de sangre para socorrer a la población civil que estaba siendo masacrada. Durante tres días él y sus ayudantes Hazen Sise y Thomas Worsley socorrieron a los heridos y ayudaron en el traslado de refugiados hacia la capital almeriense.

"...Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos…" Norman Bethune.

No te trajo a España el azar de un dios generoso.
No te trajo la compasión que ilumina por un rato los rostros violentados,
no te trajo el miedo germinando la tierra pobre.
Te trajo el deseo de curar todas las heridas, todas,
las de plomo y las de apatía.

No te trajo el pánico que se contagiaba por las ciudades cuando las campanas advertían que la muerte llegaba con su ruido atroz de motores extranjeros,
con su abdomen lleno de ira para matar a indefensos que corrían con sus hijos.
No te trajeron las voces que narraban el porvenir sitiado por el fascismo.
Te trajo a España el deseo de ser un hombre, sólo eso.
Un hombre más defendiendo a un pueblo que se alzaba descalzo ante quienes lo odiaban.
Porque ser un hombre, una mujer, en aquel tiempo exigía
mirar España y ver que aquella lucha era el preludio de cada una de las infamias que después vendrían.
Por eso viniste, Norman,
porque no podías contemplar desde lejos “la cofradía del dolor” sin inquietarte.

 Y fuiste por ciudades y trincheras, de cuerpo en cuerpo, salvando vidas.
fuiste con tu barril de sangre a rellenar arterias, a dar aliento, sin fatiga.
Fuiste rio a rio, pueblo a pueblo, combate tras combate hasta que llegaste a Almería y allí la carretera hacia Málaga te mostró que aún no conocías el horror del que son capaces las bestias en jauría.
Si supieras que hoy apenas se recuerda que aquellos días sólo tú y tus acompañantes fuisteis testigos de las pocas ganas de vivir que quedan después de ver por todos los lados crímenes de inocentes que únicamente huían
Sólo tú y tus acompañantes, con los ancianos huesudos, con las mujeres preñadas de espanto, con los niños mudos que ni llorar podían el dolor de la metralla incrustada en sus vísceras.
Si supieras Norman que hoy pocos son los que conocen lo que sucedió en la carretera de la muerte, pocos quieren desnudar la memoria hasta dejarla en los huesos.
Y andamos cada año por los mismos senderos en los que estuviste con nuestro pueblo herido y hacemos jirones con la piel del olvido porque es urgente para todos ver lo mismo que tù viste.
 Bajo el mismo cielo, recordamos en febrero que tú, Norman Bethune, quisiste salvar aquella humanidad de la ruina y no lo conseguiste.

jueves, 9 de mayo de 2019

No son los de siempre



El fascismo de pecho al descubierto está ya en el parlamento.
Muchos dicen que son los de siempre, los que estaban aguardando el momento para salir a la luz de nuevo, los viejos nostálgicos que conocieron y amaron a los matarifes, los que siempre han levantado el brazo y besado la bandera rojigualda, los que afirman contundentes que con Franco se vivía mejor.
Yo no creo esto.
Pienso que hay una nueva generación de fascistas que no identificamos. Jóvenes atados a un pasado que no conocieron pero que añoran, deseosos de un orden en la vida sin emigrantes, ni maricones, ni mujeres emancipadas.
Una generación de jóvenes con las entrañas podridas de violencia, hijos de la ignorancia más peligrosa, parias desempleados que encuentran al enemigo enfrente de sus casas.
Carne de gimnasio y esteroides, ambiciosos del consumo, gentes con las que quizá trabajamos o vamos al futbol. Mono neuronales que ven en el insulto, el desprecio y el golpe la forma más eficaz de descargar la ira que acumulan en este sistema que los machaca desde la infancia.
Estos cráneos vacíos son carne de cañón que se organiza, que se arma, que sale a la calle a cazar y que, llegado el momento, guiados por mesías asesinos, enarbolarán ideas criminales y pasarán a cuchillo a quienes les estorban.
No podemos pecar de ingenuos sosteniendo la idea de que son los de siempre.
Es una generación nueva, sin presente, ansiosos de estrenar una nueva España, ansiosos por conquistarla y someterla de una vez por todas.
Una generación que se siente arropada por Europa, por las leyes, por sus razones negras que crecen y crecen.
Estamos en peligro, vendrán a por todos, no es pesimismo de poeta.
Ya están en las instituciones, ya son un poco más dueños de la tierra que pisamos.
Otra vez la amenaza. Y nosotros silbando mientras pensamos que son los viejos de siempre.

sábado, 27 de abril de 2019

La normalidad



En estas nuevas elecciones el espectáculo no puede ser más tragicómico, más mediocre, más dirigido a la víscera.
El sentido común y la razón apenas aparecen, salvo raras excepciones triunfa la casquería.
Es lo normal en una democracia que nació ya deformada.
Es lo normal en una democracia que tiene presos políticos, no sólo los catalanes que son de ahora mismo, desde mucho antes se empeñaron en arrancar la voz a los que molestaban.
Es lo normal en una democracia que persigue la libertad de expresión y la multa o encarcela.
Es lo normal en una democracia con unas fuerzas armadas que poco o nada saben de derechos humanos.
Es lo normal en una democracia con una judicatura que se pasa por el forro la justicia y hace lo que le viene en gana. Pongamos el caso de Altsasu, Bateragune o el de La manada.
Todo es normal en esta democracia. Hasta la monarquía es normal. Hasta la intromisión en las escuelas de la iglesia. Hasta la corrupción. Hasta la impunidad de los torturadores. Hasta el empobrecimiento en caída libre de la clase obrera.
Y como todo es normal en esta democracia nos llaman a acudir el domingo con la mejor de sus sonrisas, con la mejor de sus mentiras.
Por todo esto y más comprendo el hartazgo de los que se abstienen, muchos de ellos a pie de tajo combaten contra este sistema que nos depreda, pero no participan de la farsa democrática, saben que sólo en la calle, sólo con el pueblo alzado con toda su rabia, sólo con sus puños y sus verdades erigidas como auténticas banderas se hará claudicar el imperio de la falsa democracia.
A pesar de todo yo iré a votar, introduciré mi voto en la urna y me acordaré todo el tiempo de los que nadie habla estos días porque están en el exilio en la trena.