martes, 24 de mayo de 2016

Cruzarse de brazos

Si te cruzas de brazos
cuando mueren de lejos,
cuando es lejos la pena,
cuando son lejanas las quejas,
no vengas después a pedir nuestra mano,
nuestra cálido pecho,
nuestro tiempo guardado para días de tregua.

Si te cruzas de brazos
cuando es cerca la muerte,
cuando la pena corroe el patio donde envejeces,
cuando es aquí donde la casa se vacía a golpe de leyes,
no vengas después a contarnos que te faltan las canciones,
que no hay niños riendo,
que se fueron llorando nadie sabe adónde.

Si te cruzas de brazos
cuando  rompen los huesos como si fueran cristales,
con porras, porras, picanas.
Si te cruzas de brazos
cuando el aire se pudre,
cuando se pudre la vida,
cuando es tanto lo podrido que hasta tú mismo lo sabes,
si te cruzas de brazos también entonces,
si nada te importa
y nada te duele
y vives ajeno, vives en paz,
vives risueño y alegre,
eres la coartada perfecta para que la barbarie nunca se acabe.

domingo, 22 de mayo de 2016

El trueque

Yo les juro que a mí me gustaría estar de nube en nube.
Me gustaría ir del amor a la esperanza
 en un viaje interminable donde la risa sea mi único equipaje.
Pero hoy la huelga de hambre es un espejo donde mirarme.
Hay quienes están en la cárcel
mientras se pudre el aire.
Nos falta el jornalero, el joven rebelde, la anarquista.
Nos faltan los pulmones de quienes limpian las calles.
Nos arrancaron de cuajo sus nombres
para castigar el hambre y la osadía
de quienes exigen tierra, alas, semillas.
Nos falta su desobediencia terca,
la voz que no se quiebra.

Hambre ofrecen,
hambre dan,
cambian hambre por  libertad.

sábado, 21 de mayo de 2016

El club de los poetas rojos (Gasteiz)


El Club de los poetas rojos  ha hecho de la lectura de poesía una manera de ir sembrando conciencia. Sus voces curtidas, sus luchas incesantes, sus geografías dispersas nos invitan a creer que aún todo es posible.
Su trabajo es delicado, contundente, generoso.
 Poesía de carne y hueso.
Lectores voraces que husmean la actualidad poética, que recuperan  a mujeres republicanas que escribieron, a hombre que dieron la talla con sus versos y fueron tiroteados, a gente levantada en pie de paz con sólo sus estrofas por bandera.
Escuchamos, gracias a ellos, a Hernández, León Felipe, Ángela Figuera, Gloria Fuertes, Alberti, Celaya, BLas de Otero, pero también a poetas que se empeñan ahora mismo en construir utopía a golpe de versos: Antonio Orihuela, Sofía Castañón, Rafael Calero, Enrique Falcón, Scotta, Marisa Peña y ese largo etcétera de escribidores obstinados en crear poemas que agiten, que no distraigan.
 Lectura tras lectura, en plazas, casas okupadas, bibliotecas, van llenando el silencio con palabras que se clavan y no se olvidan.
La poesía no es nada  si no hay quien haga de ella canción, llanto o carcajada.
La poesía no es nada si no hay quien la ponga a vivir al lado de los que callan.
El club de los poetas rojos la acerca, la convirte en estribillo, la limpia de clasismo.
Sudor, piel y poemas en sus venas, así hasta la victoria.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Amo Rosell

Imagen de Paco Garabato

Juan Rosell, presidente de la CEOE, ha dicho que el trabajo fijo y seguro es un concepto del siglo XIX ya que en el futuro habrá que ganárselo todos los días.
No es la primera vez que nos vienen con estos cuentos.
 Con su actitud de amo, con su hablar de amo, con su filosofía de amo. Piensan que pueden decir lo que les venga en gana. Y lo hacen.
Se acabará eso de currar todos los días.
Se acabará enfermarse y seguir cobrando.
Se acabará tener hijos y después volver al trabajo.
Se acabará jubilarse, ¡A morirse a pie de tajo, como está mandado ¡
Pasar hambre no es tan malo.
Los grilletes están bien engrasados.
Nos mirarán los dientes antes de contratarnos.
Nos abrirán las piernas pa saber si hemos fornicado.
Y rubricarán los títulos de propiedad que llevan nuestro nombre para ponernos a la venta en cualquier mercado.
Bienvenidos al siglo XXI, el siglo que nos devuelve a los tiempos del feudo, del derecho de pernada, de los vasallos.
El amo está enfadado, no gana bastante si tiene que pagarnos.
El amo está indignado, le atormentan los sindicatos.
El amo siempre tiene razón, todo es culpa de los asalariados.
Pero si el amo recuerda los siglos pasados deberá recordar también que las cadenas  dolieron tanto   que  liberó las conciencias y puso en pie, furiosos, a los explotados.
Deberá recordar que no nacimos para ser esclavos.
Deberá recordar que nunca agachan la cabeza los que van a ser ahogados.

miércoles, 4 de mayo de 2016

La premeditaciòn


La mala suerte no interviene
cuando el hambre acuchilla los vientres inflamados,
ni se pone a caducar la garantía de vida
sin tener en cuenta que son  los dueños del uranio y de la guerra
los que visten de luto las banderas.

La mala suerte no hundió a los hombres en las historias olvidadas,
ni permitió que fueran las mujeres  la mitad más golpeada,
ni consiguió, la mala suerte, crucificarnos por los siglos de los siglos
con el miedo al pecado,
con el miedo.

La mala suerte es cosa de unos pocos resignados.
No existe azar en la injusticia, es premeditada.
Calcula quienes serán sus víctimas,
cuerpo a cuerpo o por millares,
de sed o de patadas,
de pena o de rabia.
Hay pocas muertes casuales,
pocas hambrunas casuales,
ningún genocidio sin culpables.
Ningún desahuciado se muere
si antes  la injusticia  no ha premeditado su cadáver.

domingo, 1 de mayo de 2016

La tripa


Cuando yo era una niña recuerdo que venían a la escuela tres hermanos pobres. Muy pobres.
Eran callados, tristes, olían a meado y llevaban los dientes agujereados y negros por las caries.
Estaban en cursos inferiores al mío y no sé cómo era su rendimiento escolar, imagino que aprendían poco, con la tripa vacía resulta muy difícil avanzar en la vida.

No sé qué suerte corrieron, no sé si el destino les preparo una vida mejor y ahora están con la nevera llena y la sonrisa permanente. Ojalá.
Ver a aquellos hermanos, apelotonados los unos con los otros, sin juegos ni amigos, sin libros bajo el brazo,  me hizo preguntarme sobre la pobreza, sobre la diferencia que había entre ellos y nosotros, sobre sus silencios, sus miedos y sus miradas derrotadas.
Éramos niños y ya contemplábamos las heridas que va dejando en la infancia una vida de miserias.
Ahora ya soy mayor, casi 50 años  y como cuando estaba  en el patio de la escuela, al mirar a los tres hermanos cabizbajos me preguntaba por qué era tan larga su pena, hoy, al contemplar el mundo me pregunto por qué  tantos  millones de personas   no conocen una tregua.
¿A qué clase de mundo infernal  fuimos arrojados?
Algo tan elemental, tan sencillo y tan cotidiano como es saciar el hambre y la sed es un privilegio en casi cualquier sitio.
Porque da la gana de que sea así.
Porque no alcanzamos a ver la dimensión de esta tragedia, el verdadero holocausto de la pobreza extrema.
En Cuba no existe la malnutrición infantil severa.
Más de12 millones de niños en Estados Unidos se enfrentan al hambre y a la inseguridad alimentaria.
Díganme, si Cuba, con tan poco recursos y tantos enemigos puede, ¿por qué entonces, en el país más democrático del mundo, son ejecutados migaja a migaja?
Pensemos qué infancia hubieran tenido los hermanos de los que hablaba al principio de haber nacido cubanos.
¿Y si fueran nuestros hijos? ¿Què lugar de los dos elegiríamos para asegurarnos su supervivencia?
Pues eso.

viernes, 29 de abril de 2016

Poesia prescindible


Supongo que las personas que leen poesía imaginan que nosotros, los poetas, somos seres que vivimos  entre lo místico y lo terrenal. Mujeres y hombres sensibles y malditos, a veces atormentados, a veces narcisistas, espirituales, fracasados, amargados o estúpidamente amorosos.
Una especie de minotauros vulnerables y heridos que caminan  sin tomar nota de lo que les  sucede a los otros.
Yo no dudo de que haya poetas que quepan en este estereotipo, somos muchos haciendo este oficio.
 Algunos se lavan las manos antes de ponerse a escribir unos versos, (simbólica y reverencial manera de enfrentarse a la poesía), otros alardean de sus borracheras, otras cuentan sus promiscuidades sexuales, exhiben sus bibliotecas fecundas, enseñan las tripas de sus escritorios, otros se duelen porque les quitan su parcela de protagonismo, otros necesitas casi siglos pa dar por finalizado un soneto, otras escriben al dictado de modas efímeras donde se refleja el desagüe adonde van a llegar las personas cuando no tienen conciencia.
 Así, vamos viendo infinidad  de maneras de enfrentarse a la poesía, es decir, a la vida misma.
Yo vengo a contarles mi caso, otro más, uno cualquiera:
Escribo a ratos breves y con  alevosía: en las esperas hospitalarias cuando  la muerte  fumiga sin pedir permiso, mientras escucho el silencio acusador de las calles, con el luto de mil derrotas ondeándose sin historia, cuando la fugaz alegría de los niños rompe los cristales de mi monotonía, al ver a los pájaros morir de frío sobre las aceras, en las primaveras lentas cuando sólo llueve y llueve…. y la hostilidad del mundo se multiplica en cada rostro que camina.

Es decir, deletreo el  dolor que asoma ante mis ojos, pa que ni uno solo quede sin escribirse.
El mío es un activismo cómodo, confortable;  afilar palabras mientras otros dan por nosotros la cara no tiene mérito si comparamos.

En muchas ocasiones, los poetas nos dejamos barnizar por la adulación y llenamos los espacios con espejos para mirarnos y vamos poco a poco alejándonos de los héroes y heroínas que nos rodean y que empujan la realidad para hacerla más llevadera.
En todos los lados, en barrios, pueblos, en ciudades, mujeres y hombres  a contracorriente, intentan hacer de sus entornos, lugares más amables. Y de manera multitudinaria o en grupos pequeños alzan la voz por los refugiados, por el aire limpio de cementeras, por un sindicalismo decente, por la  soberanía de los pueblos, por los torturados, por la memoria, contra las guerras, o las fosas comunes, por la sanidad, el techo, el pan pa todos.
A pie de calle, en primera línea, en el tajo.
Arriesgando sus jornales, sus familias, sus libertades.
Yo, siento vergüenza por las 28 limitaciones que tengo, una por cada  letra,  son de otros las conquistas y las victorias, mío es sólo este empeño  de ser poeta en un mundo de locos maestros de sueños.

Cada cierto tiempo me sorprendo escribiendo sobre esto, porque siento pudor cuando alguien en una asamblea, o en una plaza lee uno de mis poemas. Me siento en deuda con los que luchan, con los que buscan a tientas manos a las que asirse, con los que son luz, ternura, rebeldía.

Apenas somos algo los poetas en este río de humanidad y  gracias a los que no se rinden, este oficio se hace carne y se hace hueso y se hace voz. Y  roza, casi, lo imprescindible.