viernes, 12 de enero de 2018

¡Os llamo, poetas!


¡Os llamo, poetas!,
Pospongamos los suicidios.
A quién puede importar nuestra muerte
si afuera mueren precipitados por el hambre.

¡Os llamo, poetas!,
Pospongamos la canción de amor.
A quién puede importar que amemos
si afuera el amor es casi una ruina
porque la pobreza no entiende de ternura
y lo derriba.

¡Os llamo, poetas!
Pospongamos la soledad.
A quién puede importar esta absurda melancolía
cuando afuera la sangre desliza su pegajosa presencia
y termina con las vidas.

Os llamo, venid conmigo,
es demasiado grande la herida,
es demasiado profunda la herida,
es demasiado antigua.

Venid conmigo,
a la tierra sin aliento,
a la risa embargada,
al llanto impenitente.
Afuera se van muriendo mientras buscan las promesas,
afuera, hombro con hombro,
edifican un porvenir entre los escombros.

¡Os llamo, poetas!
Venid conmigo.
No perdamos más tiempo.
Pongamos a andar afuera todos los versos.

lunes, 8 de enero de 2018

Poesia casi prescindible


Supongo que las personas que leen poesía imaginan que nosotros, los poetas, somos seres que vivimos entre lo místico y lo terrenal. Mujeres y hombres sensibles y malditos, a veces atormentados, a veces narcisistas, espirituales, fracasados, amargados o estúpidamente amorosos.
Una especie de minotauros vulnerables que caminan sin tomar nota de lo que les sucede a los otros.
Yo no dudo de que haya poetas que quepan en este estereotipo, somos muchos haciendo este oficio.
 Algunos se lavan las manos antes de ponerse a escribir unos versos, (simbólica y reverencial manera de enfrentarse a la poesía), otros alardean de sus borracheras, otras cuentan sus promiscuidades sexuales, exhiben sus bibliotecas fecundas, enseñan las tripas de sus escritorios, otros se duelen porque les quitan su parcela de protagonismo, otros necesitan casi siglos pa dar por finalizado un soneto, otras escriben al dictado de modas efímeras donde se refleja el desagüe adonde van a llegar las personas que no tienen conciencia.
 Así vamos viendo infinidad de maneras de enfrentarse a la poesía, es decir, a la vida misma.
Yo vengo a contarles mi caso, otro más, uno cualquiera:
Escribo a ratos breves y con  alevosía: en las esperas hospitalarias cuando  la muerte  fumiga sin pedir permiso, mientras escucho el silencio acusador de las calles, con el luto de mil derrotas ondeándose sin historia, cuando la fugaz alegría de los niños rompe los cristales de mi monotonía, al ver a los pájaros morir de frío sobre las aceras, en las primaveras lentas cuando sólo llueve y llueve…. y la hostilidad del mundo se multiplica en cada rostro que camina.

Es decir, deletreo el  dolor que asoma ante mis ojos, pa que ni uno solo quede sin escribirse.
El mío es un activismo cómodo, confortable; afilar palabras mientras otros dan la cara por nosotros no tiene mérito si comparamos.

En muchas ocasiones los poetas nos dejamos barnizar por la adulación y llenamos los espacios con espejos para mirarnos y vamos poco a poco alejándonos de los héroes y heroínas que nos rodean y que empujan la realidad para hacerla más llevadera.
En todos los lados, en barrios, pueblos, en ciudades, mujeres y hombres  a contracorriente, intentan hacer de sus entornos lugares más amables. Y de manera multitudinaria o en grupos pequeños alzan la voz por los refugiados, por el aire limpio de cementeras, por un sindicalismo decente, por la soberanía de los pueblos, por los torturados, por la memoria, contra las guerras o las fosas comunes, por la sanidad, el techo, el pan pa todos.
A pie de calle, en primera línea, en el tajo.
Arriesgando sus jornales, sus familias, sus libertades.
Yo siento vergüenza por las 28 limitaciones que tengo, una por cada letra, son de otros las conquistas y las victorias, mío es sólo este empeño de ser poeta en un mundo de locos.

Cada cierto tiempo me sorprendo escribiendo sobre esto, porque siento pudor cuando alguien en una asamblea o en una plaza lee uno de mis poemas. Me siento en deuda con los que luchan, con los que buscan a tientas manos a las que asirse, con los que son luz, ternura, rebeldía.

Apenas somos algo los poetas en este río de humanidad y  gracias a los que no se rinden, este oficio se hace carne y se hace hueso y se hace voz. Y  roza, casi, lo imprescindible.

sábado, 6 de enero de 2018

13 enero 2018


El próximo sábado 13 de enero en Bilbao será la manifestación por los presos vascos.
Como cada año desde hace años, decenas de miles de personas recorreremos las calles para exigir, una vez más, el cumplimiento de los derechos humanos con este colectivo.
No voy a recordar que hay presos enfermos de gravedad encerrados, no voy a recordar que hay presos que han cumplido las 2/ 3 partes de su condena y no están libres.
No voy a recordar a los jóvenes de Altsasu, ni a Alfredo, ni a Ibón ni  tan siquiera voy a describir el castigo de infancia que 113 niños padecen lejos, lejísimos de sus padres encarcelados.
No.
Sólo voy a decir que aquellos que se dan golpes en el pecho reclamando justicia para cualquier lugar del mundo, callan cuando se trata de reclamarla aquí cerquita.
Sólo voy a decir que esos que se rasgan las vestiduras y se solidarizan cuando se conocen casos de torturas en países lejanos, han mirado para otro lado cuando el Gobierno Vasco ha admitido en un informe que se torturó a más de 4000 personas desde 1960 hasta 2014. Ahí es nada.
Sólo voy a decir que nosotras no sólo recordaremos a lo nuestros, también tendremos presente a los catalanes y a Alfon y a Rodrigo Lanza y a tanto otros que están a la sombra en esta democracia de bañera y picana.
Caminando por las calles de Bilbao, el próximo sábado, de nuevo, exigiremos el cumplimiento de los derechos humanos con los presos, tan sencillo como eso.
Y aquellos que no quieran escuchar nuestro clamor o están sordos o les importa un bledo.


martes, 2 de enero de 2018

No soy una poeta moderna


Yo no digo cosas hermosas en mis poemas.
Si mis niños ríen lo hacen en ratos demasiado fugaces,
si mis viejos comen, lo hacen en sueños interrumpidos bajo la escasez de mantas,
si mis mujeres cantan, lo hacen en voz muy baja, acurrucadas en rincones de amenaza.

Yo no digo cosas modernas en mis poemas.
No hablo de lo que follo ni de mi coño,
no hablo en inglés, ni en mexicano,
ni siquiera las drogas me arrancan los dientes y me ponen a vomitar
en mañanas delirantes donde escasea la magia.

No soy una poeta moderna.
Mis palabras están anudadas al mundo que vive de noche
por la codicia insomne de los dueños de las lámparas.
Mis poemas son tan antiguos como antiguo es morir sin pan y sin agua,
como antigua es la ira de los que no tienen nada,
como antiguo es el eco donde la voz se multiplica solitaria.
Mis palabras son viejas, arrastran su cuerpo entre los versos,
cansadas de morir por las mismas causas,
cansadas de aullar por la misma rabia,
cansadas de deletrear la misma impotencia
como si no sirvieran
y los poetas de antaño ya las hubieran usado
fracasando en el intento de cambiar el hambre por semillas,
el llanto por canciones,
el plomo por amor sin reverencias.

No soy una poeta moderna,
mis poemas vienen de tiempos pretéritos.
Voy con el verso al descubierto
entre las sobras de la vida.

viernes, 29 de diciembre de 2017

2018


Yo no sé si a ustedes les sucede lo mismo que a mí cuando termina el año, supongo que sí, que también echan la vista atrás y hacen balance de los daños causados, de los daños recibidos, de los asombros, de las alegrías, de esta fragilidad con la que vivimos que merma nuestras fuerzas o las aumenta de manera colosal.
Pero más allá de esto, de la hiel y de la miel de la existencia, están los otros, los que además deben cargar con el peso de las injusticias.
Pienso ahora mismo en la soledad de las cárceles donde cada vez hay más de los nuestros y menos de los de ellos, pienso en la mujer mexicana que acarreó el cadáver de su bebé en un autobús para poder enterrarlo en la aldea, con los suyos. Pienso en los que se mueren abrasados para no morir congelados, pienso en mis viejos queridos que no tienen para jarabes ni pomadas, pienso en la prostituta apaleada hasta la muerte  que no es siquiera un número en las cifras de violencia machista,  pienso en el argelino preso en un CIES que se ha suicidado, en la mujer que ha fallecido esperando doce horas en la urgencia de un hospital, pienso en las personas que están en la calle, invisibles, como perros sarnosos a los que nadie quiere mirar.
Pienso en todo lo que queda por hacer. Apenas hemos andado.
A veces entre tanta oscuridad vemos el destello de una estrella, es cierto.
La solidaridad con los jóvenes de Altsasu es buena muestra de ello.
La dignidad de los catalanes, otro ejemplo.
La victoria al imperialismo en Siria. Otro.
La rebeldía en Argentina otro. Así, candiles aislados en este firmamento de violencia nos sirven de brújula, de guía.
Por eso hoy me he decidido a escribir estas letras, porque a pesar de como nos sentimos, de los escombros sobre los que nos erigimos, de la vida jodida que nos apedrea de mil maneras diferentes, esos destellos de luz poderosos, extraordinarios, alumbran firmemente nuestros pasos.
Es urgente avanzar, llevamos siglos de retraso, atrás quedaron muchas vidas, atrás quedaron demasiados sueños y luchas. Atrás quedó casi todo el pan y casi todas las semillas. Casi todas las canciones y casi todas las palabras que llenan de sentido lo cotidiano.
Vivimos la noche más oscura pero no podemos quedarnos quietos, sólo caminando con los ojos abiertos llegaremos al amanecer de un nuevo tiempo.

Urte Berri on 2018.

martes, 19 de diciembre de 2017

Apenas Silvia


Yo quise ser como Dolores,
o Tania o Rosa Parks.
Hubiera querido defender a los mineros en Asturias,
cargar con un fusil por Sierra Maestra
o quedarme sentada en el autobús hasta que ni una sola mujer negra más fuera humillada
Pero me llamo Silvia.

 Yo quiero ser como Leila Khaled,
o Angela Davis
o Arundhaty Roy
pero me llamo Silvia
Sólo me llamo Silvia.
Sólo escribo poemas,
apenas nada,
apenas unas palabras
mientras otras pierden la vida
en manos de militares,
mientras otras van a la cárcel,
mientras otras son olvidadas en fosas que nadie sabe.

Me llamo Silvia Delgado
confieso que sólo escribo poemas,
apenas nada
en un mundo donde no urgen poetas
si no partisanas.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Los tirantes


El sentido común se esconde bajo la víscera, la mala leche lo enfanga todo y la presunción de inocencia se olvida en estos caminos de ira españolista.
Un joven ha sido detenido y los medios de información han engrasado la trituradora para destrozarlo públicamente.
Sin juicio, sin saber qué hostias ha pasado, las redes se suman al linchamiento, afirman sin rubor que lo han matado porque llevaba tirantes rojos y amarillos. Y se quedan tan panchos. Nada más se sabe de momento.
Pero como tiene rastas, ya estuvo en el talego, es chileno, es rojo, okupa, maricón, anarquista, vasco, catalán o ateo es suficiente argumento para desollarlo.
La casquería en la que se han convertido muchos periodistas trabajan a pleno rendimiento para que el populacho pida venganza, no para que se exija justicia por los mendigos que queman, no para los homosexuales que golpean día sí y día también, no para los zurdos que insultan, no para los hinchas de futbol que arrojan al río. No.
La justicia desaparece siempre por el lado antifascista de nuestras vidas.
 Rodrigo Lanza, de momento yo sí te creo.