viernes, 13 de septiembre de 2019

Almería, La Desbandá



Van llegando a la ciudad sin sitio
la mitad de la mitad de las que comenzaron la huida.

Atrás quedó un manantial de pena,
quedó el hambre masticando sus propios huesos,
quedaron los más desafortunados con la dentadura abierta,
con sangre de pólvora y metal en los labios
y las retinas convertidas en espejos.

Una procesión trágica con la cruz sobre cada espalda
va llegando poco a poco.

Las llagas de sus pies dejan huellas indelebles
en la mirada de quien contempla aquel desfile pausado
de tristes hombres y mujeres con la voz debilitada
de tanto pedir la paz con su estéril plegaria.

Van llegando con el luto y con la culpa por haber llegado vivos.
La sed larga de días,
el sueño roto en los cráneos
y un sinfín de heridas podridas
que se abren cuando las miran.

En la ciudad no hay sitio,
no hay tanto arroz ni tanto abrigo.
Su destino fue tan sólo un espejismo
que les alentó mientras huían.


jueves, 29 de agosto de 2019

Niños peregrinos, La desbandá



Hijos del yugo y del salitre
cansados ya desde la infancia
de vivir de sus costillas.
Niños sin dios prestados a los caciques.

Postrados niños que a duras penas
arrastraban la ruina de su existencia.

Escupidos agriamente por los amos de la tierra.
Sudor y sueño el jornal, 
sudor y hambre.

Niños que heredaban una vida repugnante de humillación
en todas partes.
Niños que huyeron a otro infierno a la intemperie
donde empachados de sangre murieron
de la manera menos tierna.

Niños que corrían con las pestañas calcinadas,
con las arterias abiertas,
y abiertos de par en par los ojos
y abierta desde las raíces la pena.

Niños crucificados por ser niños peregrinos
buscando la paz y el pan
que siempre les negará el fascismo.

sábado, 10 de agosto de 2019

Río Guadalfeo


La Desbandá: Cuando llegaron al río Guadalfeo, que tenían que cruzar para llegar a Motril, primera parada casi segura que intuían en su éxodo; se encuentran con el puente destruido y el río muy crecido, debido a las lluvias de los días anteriores. Fueron muchas las personas que se dieron la vuelta de regreso, ante la imposibilidad de cruzar el río. De las personas que lo cruzaron, muchas de ellas fueron arrastradas por las aguas hacia el mar, pereciendo en el intento.

La lluvia de otros días también fue sumisa al fascismo.
Cayó torrencial y maldita.
Y el agua fue creciendo en el río como crece el odio en el fusil y en el sable.
Y daba miedo el cauce porque demasiados espectros esperaban su ración de huesos.
Y daba miedo quedarse quietos porque demasiados aviones y barcos vaciaban sus tripas de fuego.
Y daba miedo desandar los pasos y volver al inicio donde rebanaban los cuellos.
Sólo quedaba la orilla lejana donde quizá estuvieran los suyos para darles el pan y el abrazo.

Así familias completas se lanzaron al agua a bracear con sus hijos atados con cuerdas,
así intentaron cruzar, pero la corriente bebió aquel elixir de náufragos
y desaparecieron tan rápido que no dio tiempo a que gritaran sus nombres para saber quiénes eran.
Ellos sólo querían secarse en Ítaca para continuar el viaje,
y el río se cobró al contado ciento de vidas como peaje.

viernes, 9 de agosto de 2019

Hazen Sise



Durante la Guerra de España Hazen Sise  fue la mano derecha de Norman Bethune en el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre. Todas las fotografías que se conocen de una de las peores masacres conocida popularmente como ‘la Desbandá’, son suyas.

Sin la solemnidad de las despedidas,
sin cerrar sus casas a cal y canto,
dejando sobre la mesa la comida tibia
y la rutina de tiempos de paz esparcida por el patio,
huyeron.
  
Con los niños temerosos agarrados a sus faldas,
con los viejos lentos y su dolor perpetuo,
cargando el peso desquiciado de quien tiene que sobrevivir a pesar de la metralla,
huyeron.

En invierno, hambrientos, enfermos, descalzos, heridos.
En invierno, desarmados.
En invierno, en una procesión sin dioses y sin milagros,
para morir bajo un cielo atestado de diablos,
huyeron.

Nadie puede negar que aquel camino fue la tumba de miles.

Aunque mueran los testigos de aquel infierno,
aunque sus gargantas callen sepultadas con sus recuerdos,
aunque los hijos de los hijos desprecien el dolor que sintieron.

Aunque limpien la historia con relatos falaces quedarán para siempre
un puñado de imágenes tristes
de una multitud triste y derrotada que camina en vigilia
hacia el cadalso fascista.
Quedarán para siempre esas imágenes
como prueba irrefutable de su barbarie.

martes, 6 de agosto de 2019

No pasarán



Los fascistas nos muerden ya los tobillos y parece que no nos damos cuenta.
Avanzan al galope dispuestos a perpetuar el crimen de la libertad y de la justicia.
Ganan terreno en la calle y en las instituciones, desprecian a los desaparecidos, se ríen de las víctimas, desempolvan a los asesinos, rinden honores a quienes enarbolaron la bandera del genocidio y utilizan al pueblo más ignorante y bestia para azuzarlo contra nosotros mismos.
No es cierto que su objetivo sean las mujeres, ni si quiera los inmigrantes, vienen a por todos.
No es algo nuevo, lo novedoso es nuestra postura, bastante equidistante para estos tiempos que corren.
Es muy ingenuo pensar que se conformarán con cancelar algunos conciertos, con ningunear a las familias de los represaliados por el franquismo, con llamarnos feminazis y mandarnos a casa para que no nos violen, con escupir a los que venden sombreros de mesa en mesa, de terraza en terraza. Cada vez ganan más terreno, su discurso cala hondo y se queda para siempre en esas profundidades donde la entraña es la que manda.
Esta gente tullida de empatía florece cuando van peor las cosas y es urgente ver la dimensión de la amenaza.
No atienden a razones, nunca lo hicieron, por eso vencieron.
Vencieron por cojones.
Y por cojones quieren repetir su hazaña.
Los que nos definimos como antifascistas debemos militar como lo que somos: gente con voz y con memoria dispuestos a gritar que no pasarán otra vez por encima de nuestros cadáveres, dispuestos a defender hasta la muerte la paz y la palabra.


martes, 30 de julio de 2019

Los nadies de La desbandá



                                                   A José Antonio Berenguer

Me pregunto cuántos nombres se perdieron para siempre con sus biografías
en aquellos días desquiciados en los que por miles corrían huyendo sin auxilio.
Me pregunto por esos nombres que hoy nadie reclama, nadie recuerda, nadie sabe que fueron también asesinados y hoy son los masacrados anónimos.
Me pregunto cómo se llamaba esa mujer que parió en la noche más oscura de toda la huida,
que se apartó a un lado y dio a luz como una loba solitaria sin que nadie distinguiera el grito de vida con los gritos fúnebres que provocaban los fascistas,
me pregunto cómo pudo ponerse en pie con el recién nacido,
cómo lo cubrió con sus harapos,
cómo sin tiempo de amamantarlo corrió con el calostro desaprovechado,
cómo se desagarraba a cada paso y lloraba por el hijo que callaba,
y lloraba de dolor y lloraba de hambre y lloraba a toda prisa porque vivir le urgía.
Porque su niño tibio y callado tenía que estrenar juegos y canciones,
tenía que crecer hasta hacerse un hombre.
Me pregunto qué sintió aquella madre
cuando se acordó de la oscuridad del parto, del terror y de la urgencia de llegar a Almería
y palpó los andrajos y presagió que lo que abrazaba no era más que un puñado de trapos ensangrentados y vacíos.
Me pregunto qué sintió cuando supo que dejó a su hijo en el mismo sitio donde ella partió en dos su cuerpo para parirlo,
me pregunto cuánto dolor se clavó en su vientre
y con cuanta desesperación regresó por el camino andado
con la esperanza de verlo en otros brazos, a salvo,
pero nadie llevaba a un recién nacido llorando su orfandad temprana,
nadie sabía de un recién nacido pasto de las bombas y de las pisadas.
Nadie sabía nada.
Nadie podía escucharla porque la muerte los perseguía con enormes zancadas.

Me pregunto cómo se llamaba esta mujer.
Si supiéramos al menos dónde se arrojó al mar
podríamos dejarle nuestras lágrimas.


domingo, 28 de julio de 2019

Francisco González Tejera



Francisco González Tejera (Pako González) debería ser un hombre común y corriente, pero es extraordinario:
En estos tiempos de amnesia voluntaria él recuerda.
En estos tiempos de descrédito él cree.
En estos tiempos de obediencia, él desobedece consciente de que al hacerlo se queda solitario mirando la utopía de vivir con el pan repartido y el salario digno.
Pako González lleva décadas remendando la memoria. Puntada tras puntada, año tras año, ha recogido los testimonios callados de los que sufrieron el genocidio canario cuando aquellos cabrones arrojaban a los volcanes a personas que nada hicieron.
Salvo soñar, nada hicieron.  
Pako lleva todo ese dolor a los libros, lo arrastra y lo escribe tal cual fue: descarnado, bárbaro, impune, demoníaco. Nos lo clava en los ojos, inclemente y certero y sin darnos tregua pasa de un horror a otro espanto hasta dejarnos sin aire.
Escribe con nombres y apellidos, en geografías exactas, en fechas que fueron el andamiaje sobre el que se construyó la infamia para que sepamos cómo siente exactamente un pueblo mortalmente herido.
Quiere explicarnos que no hay futuro posible si esta verdad no se alumbra.
Si permanece en la oscuridad, estaremos perdidos.
No diré que leer sus libros es tarea fácil, no es un viaje cómodo porque entre su poética vemos lo que somos: indignos herederos de lo humano.
Porque fueron asesinados como perros sarnosos.
Porque en el 36 no hubo plegaria que conmoviera a las bestias.
Porque el crimen se convirtió en un ritual demasiado metódico y la muerte fue pregonada en todas las familias.
Desde la profundidad del daño que hicieron en su tierra, mira de frente a quienes quieren olvidar tanta vesania y con su pulcra dignidad escribe la Verdad de lo que hicieron aquellos soldados sepulcrales que arrasaron las islas Canarias y que aún hoy viven en la memoria colectiva.

Os recomiendo leer su obra. Y si alguien desea financiar por crowfounding el tercer libro de su trilogía, no sólo hará una apuesta por un escritor con coraje también será un desafío al fascismo.
Blog de Francisco González Tejera: http://www.viajandoentrelatormenta.blogspot.com/