miércoles, 9 de enero de 2019

Alpha, in memoriam



No lo mató el mar. Ni lo mató el hambre en la patera. No lo mató la sed de días ni la policía.
Decidieron que era invisible y los invisibles nada necesitan, no existen.
Murió en un charco de sangre y ya era tarde para escribir su nombre en el inventario de los que tienen derecho a la vida.
Y ya fue tarde cuando sus pulmones dejaron de respirar asfixiados por unas leyes que condenan a morir a los que nada tienen.
Y ya fue tarde cuando tomaron su pulso y agarraron su cuerpo y era escarcha toda su piel. Era hielo.
Y ya era demasiado tarde cuando quisieron arrancarle la orfandad de aquellos meses en los que pedía auxilio puerta a puerta aullando de dolor, tiritando por la fiebre.
Estaba muerto, muerto, muerto.
Y en un revuelo de papeles buscan quiénes fueron los culpables mientras la jauría de lobos se sacude las lágrimas y señalan hacia otra parte.
Alpha murió gratis. De balde lo mataron.
Porque era de lejos lo sentenciaron a no curarse.

domingo, 6 de enero de 2019

Mujeres con pezuñas



Las zarpas del fascismo ya han empezado a arañar esta esmirriada “democracia”.
Sus zarpazos dicen ser legítimos porque un puñado de miles de personas los avalaron con su voto. También fueron mujeres las que estiraron el brazo después de alzarlo para usar la urna y defenestrarnos.
Podemos entender que son ignorantes, que son manipulables, que son algo idiotas, pero saben perfectamente lo que hacen, les gusta seguir a un nuevo caudillo. Aceptan sus discursos machistas, xenófobos, clasistas.
Las mujeres que les han votado aplauden cuando prometen cambiar las leyes contra el maltrato hacia ellas mismas. Abrazan el patriarcado cuando el machito de turno argumenta que las denuncias falsas son un “hecho contrastado” y critican a las mujeres violadas por enseñar las rodillas o las bragas.
A ellas también les molestan en los parques o en los colegios los niños de otros colores mezclados con los suyos, o las madres con hiyab, o la rumana con el hijo en brazos pidiendo por la calle.
Ellas también creen que España no se rompe y cualquier fractura ha de arreglarse por cojones.
Son mujeres con zarpas. Hieden a guarida, a cuadra, igual que los machos a los que acompañan. Su aliento envenena el aire.
Fascistas con vagina. Fascistas, al fin y al cabo.


martes, 25 de diciembre de 2018

Las manos leprosas



Que no nos toquen sus manos leprosas,
que caigan sus párpados sobre cada crimen,
que sus lágrimas incontenibles desborden los ríos
hasta ser un mar que se revela contra sí mismo.

Que su voz de acero reviente los muros y caigan sobre ellos
los cráneos amontonados siglo tras siglo.
Que de noche no duerman,
que la elegía más triste sea la razón de su vigilia.
Que no puedan prolongar su estirpe y su legado se pudra hasta convertirse en estiércol que fertiliza.
Que sus casas caigan devastadas y ni siquiera las ratas quieran anidar en las ruinas.
Que no puedan morir.
Que no mueran nunca.
Y que las estrellas iluminen para siempre los rostros de sus víctimas.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Los infrahumanos



Este año prefiero terminarlo pensando en los infrahumanos:
En los maltratadores, violadores, gente de la peor calaña que se pasean impunes por nuestras calles mientras nosotras seguimos pa`lante como si fuéramos victimarias.
Pienso en los proxenetas, en esas alimañas que ponen mujeres a la venta como trozos de carne y pienso en los puteros que consumen vaginas a buen precio.
Pienso en aquellos que creen que tienen derecho a robar la paz y las materias primas a cambio de inflamar vientres que agonizan.
Pienso en los que firman acuerdos para que se construyan más vallas, para que se disparen más balas, para que se mueran los refugiados que esperan sin esperanza ser tratados sencillamente como seres que sienten y piensan.
Pienso en los patriotas que recuerdan la patria sólo cuando peligra su España y no cuando lo que peligran son las libertades democráticas.
Pienso en los carceleros, en los jueces, en los fiscales que persiguen a quienes no comulgan con sus ideas ni con sus leyes.
Pienso en los emperadores, unidos como hermanos para el desastre irreversible de la tierra, del mar, del aire.
Pienso en los inmensamente ricos, en los inmensamente miserables que cierran los ojos de la humanidad para siempre.
Pienso en todos ellos y en los indiferentes, en los machitos de puño izquierdo, en los antiimperialistas que aplauden lo que sucede en Yemen o en Siria, en los charlatanes republicanos que no dudan en besar al rey su mano, en los opinólogos que son liendres y de nada entienden, en la panadera que vota a la derecha, en los sindicalistas que hacen horas extras, en los que defienden la sentencia que mantiene a los de Altsasu en la cárcel, en los que se quedan mudos cuando es preciso que ladren, en los que ladran cuando es preciso que callen, pienso en todos aquellos que de una forma u otra son culpables de estas vidas que se parten, de estos pueblos que se rompen, de este vivir ahorcados por la guerra, la represión o por el hambre.
De este vivir sin alas, sin cielos, sin oasis.
Afirmo que son infrahumanos porque están a medio parir y a medio parir nos obligan a existir igual que bestias.



lunes, 17 de diciembre de 2018

El azar



Si volviera a nacer no sé dónde me dejaría el azar.
No sé si yo asomaría entre las piernas de una mujer para ver por primera vez la pobre luz de los que nada tienen.
No sé si vendría a la vida de una madre mil veces violada cuando en el horizonte dibujaron para ella un futuro de abundancia y creyó que era posible dejar atrás la miseria que sus padres le dejaron en herencia.
No sé si mi primer grito sería bajo los escombros de cualquier guerra, con una madre muerta y la soledad del calostro derramándose inútil por su piel gélida.
No sé si nacería en una ciudad que parpadeara impenitente su alegría mientras mi condena fuera la tristeza por ser mujer o por ser negra.
No sé si nacería en el campo cuando se reparte el jornal de las esclavas y se azota a quienes paren a deshora, a quienes no menstrúan, a quienes son embestidas por falos hasta preñarlas por la fuerza.
No sé si nacería en la cárcel una noche de tormenta, que recordara las torturas nueve meses antes.
No sé si el azar me dejaría en el útero de una mujer cuando en su casa todo escaseara y alguien le ofreciera por mí, dinero a tocateja.
Si volviera a nacer no sé qué rincón del mundo elegiría el azar para dejarme. Quizá el mismo que ahora tengo y desde el que afirmo que todas pudimos haber sido esa humanidad que crece sobremuriendo a duras penas.
Tuve suerte, eso es todo.
Pude haber tenido peor destino y ser otra la poeta que mira con nausea este mundo y lo cuenta.

viernes, 14 de diciembre de 2018

El Bálsamo de Fierabrás



A esta hora se multiplican los nigromantes.
Asoman en las pantallas de televisión, en la prensa escrita, en las redes y en los libros con su aire de sabelotodo para convencernos de que ellos ven el porvenir en el poso de sus cafés y por eso saben que nada se puede hacer, que el mundo es así, que siempre hubo explotadores y explotados y lo mejor es prepararse para minimizar los daños.
Y se quedan tan panchos. Creen que vivimos en el mejor de los sistemas posibles. No imaginan que un paso más allá estamos nosotros preguntándonos por qué a las democracias se les llenan las tripas de cadáveres.
A estos nigromantes bien amaestrados en las universidades yo les diría que el porvenir que ellos pregonan viene ya degollado, que todo es un engaño porque detrás de las urnas, en la sombras o bien iluminados, los que lo tienen todo se reparten los despojos de lo que va quedando: tierra, aire, agua, materias primas, esclavos.
Y a estos nigromantes de manos y trajes finos, de locuaces oratorias, de púlpitos, estrados, de platós y editoriales les digo que nunca antes se llenó el aire con tantas mentiras. Que nunca antes hubo tantos mercenarios de las ideas en pie de guerra para inocularnos mansedumbre e impotencia.
Su oficio es convencernos de que las cadenas son mejores que las cuerdas.
Que mejor encadenados que ahorcados.
Que mejor aceptar esto que perderlo todo rebelándonos.
Y qué quieren que les diga, es urgente poner en evidencia que nos venden el Bálsamo de Fierabrás de la democracia  sabiendo que de nada sirve.


viernes, 7 de diciembre de 2018

A garrotazos



Nos domina la víscera, la entraña más vil, la casquería.
El cuerpo se nos llena de bilis y salimos a la caza del culpable. Fuera de nosotros mismos encontramos otros pueblos a los que dirigir el odio, otras banderas a las que señalar con el dedo y bajar de inmediato los pulgares.
También sucede con la izquierda que incapaz de mirarse a sí misma prefiere tomar el atajo de la ofensa, el menosprecio, la humillación de sus iguales.
Si el fascismo avanza en cualquier lugar del mundo, si llegan al parlamento andaluz o vasco, si pasean sus pezuñas, impunes y arrogantes, la responsabilidad es de todos nosotros que nos posicionamos en la trinchera de la izquierda. No estamos haciendo bien nuestro trabajo en el desierto de las ideas, no sabemos organizarnos de manera adecuada, preferimos atomizar cada lucha con nuestras diferencias, en definitiva:  no tenemos ombligo en el que mirarnos.
Lo cierto es que yo sé muy pocas cosas, casi nada, pero lo que sí sé es que mientras nos lanzamos pedradas, nos arrancamos la piel a dentelladas, mientras lanzamos arena a los ojos de compañeros potenciales, las victorias son de otros y también las calles.