martes, 26 de abril de 2016

La zanahoria


Ya no hay desahucios,  no hay desempleo, ya no muere gente de horca  ni de frio.
 Los viejos han recuperado su memoria.
En las comisarías no hay  gritos de tortura,  las cárceles no son un negocio pa tres o cuatro avispados.
 Los emigrantes se sienten aquí  como en su patria.
 La iglesia, con sus curas y sus fans, no hincan sus cruces en el corazón del laicismo.
 La censura  no está presente  en los versos ni en las canciones,  ni en teatros, en parodias, en periódicos  ni en las fotografías.
No hay presos políticos: ni campesinos, ni sindicalistas, ni  jóvenes combativos, ni anónimos hambrientos….
La cultura no  es una rareza en los barrios pero sí  en los palacios.
 Los jóvenes  regresan a casa,  sus tristezas ya no invaden  países extranjeros.
El aire está limpio, los ríos cristalinos,  la comida es saludable y da gusto masticar los manjares.
Ni un solo  animal es asesinado en cotos o en plazas.
No existe nada de lo que dicen los rojos incorregibles. Siempre están con lo mismo.
Tenemos una democracia sana y  un rey muy querido por la plebe.
Tenemos un ejército demócrata, alejado de fascismos.
Tenemos hospitales, escuelas, bibliotecas, geriátricos que son envidia y ejemplo de cualquier sitio.
Tenemos unos medios de información incorruptibles, rigurosos,  fieles siempre a la verdad.
Tenemos la posibilidad de acudir a la justicia pa reclamar nuestros derechos gratis y ágilmente.
Las ciudades son alegres, los pueblos entrañables, se administra lo público con decencia y están en la cárcel los que se enriquecen a costa de la gente.
Este es el sitio donde vivimos, pronto serán las elecciones, los partidos políticos, todos, defienden nuestros intereses, los de las personas sencillas y trabajadoras, cumplirán las promesas que nos han hecho y seremos felices  otros cuatro años.
Con la ficha azul, con la ficha roja, con la naranja o con la morada.

Ahora hablemos en serio, ¿dónde están las miserias del pueblo?, ¿dónde las protestas?, ¿dónde los sueños? ¿Dónde quedaron la rabia, el inconformismo, las calles reventadas con la furia de los emputecidos?
En serio, hablemos en serio, joder
Hace tiempo que nos hicieron cruzar los limites, que nos empujaron a la caridad, que nos pusieron las mordazas, que nos arrancaron de cuajo las riquezas, hace tiempo de esto y aún esperamos un cambio, un guiño, un gesto amable de los asalariados del poder, un eructo simpático y definitivo de los que ambicionan llenar las urnas.
No aprendemos.
La zanahoria està otra vez en nuestros morros y otra vez, empujamos frenéticos la rueda que  aprieta la soga con la que más temprano que tarde seremos suicidados.
Nadie nos salvará, salvo nosotros mismos pero parece que estamos dispuestos a vivir de nuevo en el espejismo.

jueves, 21 de abril de 2016

El torturador


Qué mujer partió su cuerpo para parirte.
Qué infancia te pudrió,
qué letras, qué iglesias, qué plomo se coló en tus huesos
hasta hacer de ti quien eras.
Cómo llega un ser humano  a tener tu oficio,
de 8 a 5,
con horas extras,
con paga doble,
con muertos sin remorder una pizca tu conciencia.

Qué ideas, qué alcobas,
que desprecios o qué honores
te regalaron  los gritos ajenos,
el miedo pegajoso supurando entre tus dedos,
las pieles abrasadas asfixiando el aire que tú mismo respirabas.

Qué madre
ajena al monstruo que germinó,
alimentó tu hambre,
curó tu insana existencia,
durmió tus sueños de hiel y mierda.

Qué madre no abortó
al niño que se hizo bestia.

viernes, 8 de abril de 2016

Poema tonto XXIII


A veces, el amor, va llenándose de silencios,
territorios callados que se conquistan con desprecios,
territorios tan inmensos que caben en una palabra,
en un gesto, en una ausencia.

A veces, el amor, es otra cosa,
no una caricia donde quien acaricia lo hace sin ganas,
no un recuerdo delirante de zarpazos dados con rabia.

A veces, el amor,
va adentrándose lentamente en la oscuridad sin límite de noches demasiados solitarias.
Entonces sabes que te da la espalda,
que se arrastra quejumbroso,
que huye de tu espejo o de tu sombra,
que desaparece de tus labios, de tus dedos,
de tus orgasmos,
entonces sabes que no podrás recuperarlo,
que se dinamitaron los puentes,
que por las venas
se arrastran venenosos  los reproches y la sangre.

A veces, el amor,
no quiere ya madrugadas,
prefiere, simplemente, dejarse abatir.

 Y que todo acabe.  

lunes, 4 de abril de 2016

Las calles


¿Y las calles?
Sin pálpito apenas,
sin aullidos rotos,
sin cuerpos valientes,
sin la sobria lucha de quienes nada tienen.

¿Y las calles?
Tan limpias,
tan suaves sus voces,
tan llenas de luces,
tan amontonada la queja sobre la desidia
que apenas se oye,
apenas se escucha,
apenas hay mujeres y hombres
con los ojos abiertos soñando  el sueño torrencial de ser libres.

¿Y las calles?
A oscuras, a oscuras,
de noche, es de noche,
apenas  se ve,
apenas se oye el dolor agudo
de los heridos de ayer y de ahora mismo.

Apenas se ve, apenas se oye,
temblar a los pueblos
que mueren de prisa
sin pan y sin luces.

¿Y las calles?
Calladas, calladas,
de noche y de día,
sin piedras, sin paredes escritas,
sin la dignidad firme
de quienes nunca se rinden.

sábado, 2 de abril de 2016

Vendràn


Vendrá aún más hambre,
vendrán más andrajos y más suicidados.

Vendrán  a llevarse nuestras semillas,
nuestros brazos agrietados por el tajo,
nuestra tierra y nuestros cielos,
nuestros enfermos y nuestros techos.

Vendrán, ya están llegando,
por eso la cárcel y la mordaza,
por eso las excusas,
por eso el barniz obsceno de los parlamentos,
por eso las calles vacías,
las quejas prohibidas,
las mentiras mil y una veces repetidas.

Vendrá aún más  represión,
menos salario,
menos canción y más espanto.

No soy una alegre nigromante,
sólo escucho con el oído apegado a mi tierra,
tiemblan los huesos del pobre,
tiemblan de sed y de miedo,
aún se puede ser más esclavo,
aún se puede ahogar más
a quienes  están  desde siempre asfixiados.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Palestina 30 marzo 2016

Un mundo que contempla a niños tiroteados, esposados, encarcelados  y no parpadea es un mundo que avergüenza.
Pero si además justifica a los asesinos  y los premia con la compasión y los negocios es un mundo rematadamente enfermo.
Digo esto porque en Palestina cae la infancia asesinada. Sin culpa ni remordimiento, les dan diariamente el tiro de gracia.
Sin embargo cae un niño blanco, uno cualquiera, en su blanca calle, con sus zapatillas blancas, con su pelo claro y su piel de nácar  el mundo, entonces, alza la voz, contundente, demoledora, atávica y exige no justicia, venganza.
Lo de siempre, muertos de primera.
Los sicarios caminan firmes, no les pesan los muertos que arrastran.
La historia les absuelve, les absuelven los medios de propaganda, les absuelve la sociedad y sigue el carrusel con sus matanzas.
Nada valen, nada pesan en las conciencias, son habitantes menudos en un infierno donde el delito es sobrevivir lanzando piedras contra las bestias.


lunes, 28 de marzo de 2016

Las raices


Tienen miedo al hombre que fue niño jornalero,
al hombre- campesino que a ratos emigraba pa arrancarse el hambre,
al hombre- hijo,
al hombre –hermano,
al hombre- compañero de mujeres con el brazo en alto.

Tienen miedo a los siglos de memoria
que llevas a rastras por el campo y por las casas.

Tienen miedo a los siglos de sed que agrietan tus palabras,
a los siglos de humillación que parten en dos la esperanza,
a los siglos de explotación que trajeron al presente los jornaleros
cuando todo eran harapos y pies descalzos,
cuando todo eran piojos y trabajo mal pagao,
cuando todo eran palos, y cruces golpeando.

Tienen miedo a tu sudor y a tus reclamos,
a tu dignidad a prueba de trampas y de escarnio,
a tu edad antigua,
al legado que dejaron en la tierra otros aceituneros,
otros hombres y mujeres decentes, limpios.

Tienen miedo, claro que tienen miedo.
Creen que entre rejas no vuelan las ideas.
Creen que entre rejas la rendición es cierta.
Creen que conseguirán arrodillar al hombre que es olivo.
No saben que tu destino es aferrarte al suelo que pisas
hasta  que crezcan las raíces de  la justicia,
hasta que sean los trabajadores dueños
del  pan que amasan,
de la tierra que estercolan
y del techo que nos abriga.