domingo, 31 de agosto de 2014

Las ganas

Viñeta de Kalvellido

No me quedo con las ganas de decir lo que yo pienso
en este lugar envejecido por mediocres y arribistas.
No me tiembla la mano izquierda,
ni me tiemblan las ideas:
 los pueblos necesitan herejías y blasfemias.
Que ya está bien de tanto hijo de la grandísima
con su decir a medias,
con su lenguaje mesurado,
con su pacífico don de contener la furia entera.
Que no,
que no me quedo con las ganas,
que estoy hasta los ovarios de las correcciones poéticas.
Que soy libre, soy poeta, soy vasca
y además vivo el horror de esta gran guerra.
Que no me vengan con cuentos los intelectuales progresistas
que los pueblos se desangran
mientras ellos titubean.
Que no,
que no,
que yo no me quedo con ganas
de decir que la violencia
cuando entra en mi casa,
es combatida con poemas y con el puño en alza,
con la rabia y el odio,
con el odio y la esperanza,
con el odio y la prisa por llegar a una paz sin rejas.
Que no jodan tanto los ilustres,
que los pueblos viven de rodillas
pero ellos sólo piensan
 que lo correcto es decir
que agachemos la cabeza.
Que no jodan tanto los intelectuales
con sus decires a medias,
que las calles se llenan de muerte
y  las palomas blancas bostezan.

sábado, 30 de agosto de 2014

Las pedradas

Viñeta de Kalvellido

Hay escritores que se admiran por su coherencia, otros son admirados por su oficio.
Es el caso de Rafael Narbona, a mí el tipo me parece que tiene talento y palabras, a punta pala, como decimos en mi pueblo.
Le sucede, en mi opinión, que estas palabras, las utiliza últimamente para dar pedradas, incomprensibles, aunque argumentadas, delirantes aunque elocuentes, y aunque las disfraza de un pacifismo pueril, muy violentas.
Resulta que reniega ahora de opiniones vertidas no hace tanto tiempo.
De repente da un giro, ahora los abertzales le parecemos monstruos, el Che un asesino, y Cuba casi el infierno.
Da por sentado que celebramos la muerte como si fueran partos y saca de la chistera experiencias personales, incontrastables de los vascos que ha conocido y a los que considera casi bestias. Pero que no hace mucho eran amigos, pero que no hace mucho eran gentes indómitas a las que admirar.
Pienso que este laberinto en el que se ha metido lo ha hecho sabiendo muy bien lo que deseaba conseguir. La mediocridad busca salidas para destacar a  veces muy equivocadas.
Porque querido Rafael Narbona, no somos tan importantes, ni lo eres tú ni lo soy yo, tu opinión sobre nosotros no resta dignidad a este pueblo, ni nos resta deseo de vivir en paz, ni nos detiene en mitad del camino, ni nos ayuda a comprender los errores, ni nos ayuda a reconocer las victorias minúsculas de este largo  proceso en el que está inmerso EH.
Estoy segura de que al otro lado, donde se acomodan los pacíficos y los ciegos  necesitan intelectuales de tu valía. A nosotros, nos traes sin cuidado, tenemos un pueblo aún por construir, aún por cantar, aún por celebrar.
Haz lo que sabes y siéntate a esperar el premio de tus amos. Nos urgen pensadores libres, no gentes dispuestas a virar por vaya a saber usted qué intereses.
Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros,¿te suena?

jueves, 28 de agosto de 2014

Ni tù ni yo

Viñeta de Kalvellido

Ni tú ni yo vamos a cambiar el mundo.
Nuestras necias soledades no podrán
postrar tanta barbarie.
Ni tú ni yo,
con nuestros llantos solitarios.
Ni tú ni yo con nuestra rabia a bocajarro.
Ni tú ni yo derrotaremos el colosal imperio de rufianes.
Ni tú ni yo,
perdidos entre tanta nausea,
ni tú ni yo,
podremos uno a uno,
cuerpo a cuerpo, resistir en este lugar
donde se rompen, de tanto golpear, los látigos.
Ni tú ni yo, frente a frente.
Pero si estamos tú y yo y nosotros,
en la misma orilla,
con las mismas manos llenas de simientes,
con las mismas voces remendando el aire con las mismas canciones,
con la misma furia,
y el mismo presente,
y los mismas costillas rotas,
y el mismo salitre,
y los mismos ojos mirando sólo un horizonte,
entonces, sí, hermanos,
entonces este vértigo,
este paisaje tan lleno de sudarios,
esta violencia lenta o fulminante
dejará de paralizarnos.
Y amanecerá un mundo sin esclavos.

martes, 26 de agosto de 2014

Ingenuidad

Viñeta de Kalvellido

Los poetas, al menos yo,  soltamos versos para verlos volar en cielos llenos de plomo o de lágrimas.  creemos que un poema puede ser el sortilegio que parta en dos el sopor de las conciencias.
Somos ingenuos,  al menos yo soy una poeta ingenua.
Vivimos en un mundo desolador, pero no me resigno.
No me resigno a normalizar el espanto, a convertir el horror en el pan de cada día.
No hemos nacido para ser bestias.
Hemos nacido para la caricia, para la palabra, para la risa.
Nadie nació para la pobreza ni las rejas, para el disparo ni los andrajos, para las cadenas ni los paredones.
Nadie nació para morir sin ser libre.
Por eso,  cuando veo que la vida y sus fulgores sólo es para unos pocos, cuando veo que vivir es un esfuerzo, que la existencia es un laberinto para millones de personas que nunca pidieron permiso para nacer, cuando veo que no nos importamos, que nos tapamos los oídos y los labios, cuando escucho ese silencio cómplice que tato chirría  entonces, escribo poemas y los dejo volar  como pájaros ateridos de frío.
Porque soy ingenua, es verdad, creo firmemente que no todo está perdido.
Hemos venido  para explicar a los siglos venideros que es posible la paz de la justicia, la justicia de la paz.
Por eso escribo poemas y los dejo volar en este cielo infinito de indiferencia, quizá sirven, quizá se pierden en la oscuridad de este mundo de violencia o quizá revienten con toda su rabia sobre los fabricantes de este lugar hostil donde morimos de golpe o a poquitos sin darnos cuenta siquiera de que nacimos con las cadenas puestas.
Quizá  sirven mis poemas.
Quizá soy una poeta demasiado ingenua.


domingo, 24 de agosto de 2014

Muero varias veces


Muero varias veces cada día.
Muero varias veces
porque varias veces cada día
el luto y el odio crudo
 rompen las arterias que me atan a la vida,
porque varias veces cada día
desaparecen los niños y asoman los cuchillos,
desaparecen las casas y asoma la rapiña,
desaparecen los abrazos y asoman
los huesos sin nombre,
la voz de los vencidos,
la pulcra amenaza
de los que con pobreza nos matan.
¿Qué vida queda cuando al final del día
he muerto tantas veces,
tantas son las veces que han quemado mi piel negra y amarilla,
blanca y zurcida,
lejana o recién parida?
¿Qué vida queda cuando al final de cada día
nada pude salvar de las cenizas?
Nada.
Ni una paz. Ni una memoria.
Ni una voz que es profecía?
¿Qué vida me queda entonces si
sólo tengo estas palabras
tarareando un quizá, un tal vez,
mañana conoceré menos muertes?

viernes, 22 de agosto de 2014

Cerrar los ojos

Viñeta de Kalvellido

Cerrar los ojos no es un acto simple, vacío de complicidades.
Es allanar el camino a la barbarie.
No es algo que se pueda hacer un rato y otro rato dejarse ensuciar las retinas con la sangre o los andrajos.
Cerrar los ojos es ceder el paso, muscular las rodillas, cargar sobre la espalda el peso de la esclavitud propia y ajena, es vaciar los días de ternura y dejarlos que agonicen tan tristes e inhumanos.
Cerrar los ojos es ignorar las muertes y las injusticias.
Acobardarse ante la vida.
Vivir sin en el desafió de saber la verdad más allá de las tinieblas.
Cerrar los ojos es ignorar que somos  dolorosamente humanos.
Es renunciar a sentir que las heridas supuran pero también es renunciar a las caricias.
Cerrar los ojos es mutilarse, permitir que nuestro corazón quede atrapado para siempre en  arenas movedizas.  
Ciego, solo, sordo con sólo una voz que es afonía.

lunes, 18 de agosto de 2014

La impunidad

Viñeta de Kalvellido

La impunidad es una ciénaga espantosa en la que están los pueblos atrapados.
No sólo porque  asesinos en serie mueren  enterrados en la historia como dulces y piadosos viejecitos.
No sólo porque los fabricantes del hambre y los harapos desfilan arrogantes mientras las calles   se llenan de tristeza por todas partes.
No solo porque delincuentes de apellidos ilustres, mandamases sin sangre, y verdugos laureados pudren todo lo que tocan y arrancan nuestro futuro sin temblarles la voz ni el pulso.
No sólo por esto.
La impunidad es el peor de los fusiles con los que se dispara a bocajarro la esperanza.
Porque sabemos que no pagarán por sus crímenes.
Sabemos que la balanza se inclina siempre del mismo lado.
Sabemos que para acabar con ella es necesario un pueblo en pie, no de paz, un pueblo en pie  de guerra.
Es necesario que tengan miedo, miedo a los libres, miedo a reventar su sistema purulento, miedo a caminar, a robar, a matar tranquila o bárbaramente.
Miedo a dañar la vida ajena.
La impunidad nos deja  sin brújula, sin destino, rendidos.
Y sólo si nos temen, dejará de estar presente.