sábado, 17 de noviembre de 2018

Explicadme compañeros


Yo no quiero compañera que pienses como yo, pero al menos dime cómo justificas que la Iglesia estuviera del lado del franquismo disparando a bocajarro su moral contra aquel pueblo desnutrido que tan sólo pan quería pan y libros. Dime cómo justificas que llevaran bajo palio al asesino, que encarcelaran a sus curas más comprometidos, que compraran y vendieran niños, que los cobraran a tocateja, que lleven la pederastia en su ADN y que hoy todas nosotras les financiemos a escote porque lo mandan unos individuos que elegimos cada cuatro años.
Yo no quiero compañero que pienses como yo, pero al menos dime cómo justificas que esta democracia que defiendes encarcele a la gente por sus ideas, por sus bromas, sus canciones o sus informaciones. Dime cómo explicas que haya cada vez más pobreza, más ignorancia, más policía, dime por qué lo haces, dime cómo razonas, dime las excusas que pones a los sobornos, a la corrupción, a la impunidad y por qué no cuestionas esta monarquía de sátrapas ahijados del fascismo.
Yo no quiero, compañeros que penséis como yo, pero al menos explicadme cómo es posible que defendáis la España heredada del todo por la patria, que reprimió y reprime a los pueblos que agitan otras banderas, cómo defendéis esa España de caciques, mercaderes, charlatanes, puteros y cortesanos que nos llevan al precipicio.
Sólo quiero que me expliques cómo explicas tu o tú o aquel la sangre y las rejas, los votos y las quejas, el olvido y la memoria, la explotación, la venta de armas, el enriquecimiento desmedido de unos pocos, el robo a manos llenas, la emigración de los nuestros y la llegada en masa de los más empobrecidos para maltratarlos en los CIES. Cómo explicas esto convencido de que el pueblo lo ha elegido.
Compañeros, por favor, explicadme cómo aun confiáis en quienes sólo quieren de nosotros que seamos siervos del pecado o del patrón, sus esclavos.

martes, 13 de noviembre de 2018

A medias



Creo que este tiempo es el tiempo de decir las cosas a medias.
Vamos de aquí pa allá enarbolando la bandera de la izquierda, pero sólo un ratito, cuando toca agitarla con fiereza nos atamos los zapatos para que no se nos vea.
Estar del lado de Palestina está bien, llevamos orgullosas la kufiya alrededor del cuello, en la cartera una pegatina con su bandera y nuestro Facebook arde cuando asesinan en Gaza, pero no hacemos caso a Siria, ni a Yemen y Libia es un país oscuro que no alumbra nuestro postureo.
Afirmamos con contundencia que defendemos el derecho de los pueblos a decidir su destino, pero sólo un ratito, a medias, si esto ocurre con los Kurdos o con Córcega está bien, si son los vascos, andaluces o catalanes cerramos filas y sale la patria unida para siempre de nuestros pulmones.
También con el feminismo nos sucede, censuramos nuestro lenguaje para ser modernas, exigimos el fin del terrorismo patriarcal pero cuando se habla de putas, la cosa cambia. Es un trabajo, decimos, cada cual hace lo que quiere, insistimos, debe ser regulado, deben pagar impuestos, es su derecho, todos nos vendemos. Bla, bla, bla, y mientras, nuestros cuerpos de mujeres son mercancía, incubadoras, fábricas de niños en serie.
Y así con todo, la izquierda diciendo las cosas a medias y los que hablan alto y claro al banquillo de los acusados, a la cárcel o al exilio.
Sobran ejemplos, pongámonos serios.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Los soldados



Quieren ser soldados de un ejército en una guerra nueva que ya se estrenó en el pasado.
No les bastará con salir en manada arropados por una bandera que los lleva a la sicosis, no les bastará con llenar sus casas de rifles y escopetas y reuniones hasta el alba donde el odio se preña de razones: la culpa es del emigrante o de las mujeres o de la izquierda.
Quieren ser soldados, quieren ser algo más que ese puñado de bestias saliendo a la caza del cómico o de los homosexuales que se besan.
Quieren de una vez que el miedo nos obligue a quedarnos en casa mientras ellos callejean a sus anchas y defienden con sus minúsculos cráneos la patria.
Quieren ser como los otros que se amontonan en las fronteras para disparar a todo aquel que se acerca.
Quieren ser un ejército y necesitan la guerra, se la inventan, nacieron para ser soldados, son carne sin conciencia.
Y cada vez son más los que esperan ser llamados a filas, cada vez son más los que desean recibir la orden de atacar sin reservas.
Cada vez son más.
Desde EEUU hasta Europa, desde Brasil hasta Arabia Saudí aúnan fuerzas, avanzan y se repliegan, ni una sola derrota y si se lo permitimos, la victoria.

Miraremos para atrás



Miraremos para atrás para saber cuáles fueron las renuncias que hicimos a lo largo de la vida,
para reconocer las fronteras que se alzaron sin ser derribadas con nuestra fuerza,
para abrir de par en par las puertas donde quedaron los amigos con sus memorias torturadas,
para dormir el sueño quieto de quienes no pudieron soñar porque antes los mataron.

Miraremos para atrás como si fuera demasiado tarde para cambiar las cosas,
como si estuviese demasiado lejana la razón que nos nombró “humanos”,
como si apenas pudiéramos ser algo más que este despojo de excusas, relojes y egoísmo,
como si el porvenir viniera de rodillas y atrás sólo quedaran huesos y cenizas y lo hubiésemos aceptado como una terrible profecía,
como si no mereciéramos tararear el estribillo de canciones triunfales en medio de la risa.

Miraremos para atrás,
allá donde siempre las banderas ondearon a media asta,
donde el plomo deshizo el amor con sus blasfemias marciales,
donde debilitaron la voz y cortaron las manos,
donde cayeron sin piedad por habernos callado.

Miraremos para atrás,
y entonces sabremos que no fue suficiente lo que hicimos
para detener a lo que desoyen los gritos y crucifican a la humanidad y a los cisnes
en nombre de mercaderes que postran los deseos de ser libres.

Miraremos para atrás
pero llegaremos tarde
sólo quedará un desierto de sangre
y victimas sin nombre
que escriben la historia de los nadies.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Los diositos



Ellos, tan dignos tan decentes. Con sus camisas limpias y sus cuellos almidonados. Con sus vestidos de marca y sus tacones al alza, son los justos, los que reparten sentencias, los que dicen qué es delito, qué tiene impunidad y cuántos años de cárcel cuesta ser un criminal.
Ellos, los ecuánimes, los más empollones, nos ven como parias.
Viven de espaldas. Comen a dos carrillos y ponen precio a su oficio.
A algunos de ellos no les salpica la sangre de las torturas, otros se ríen de las mujeres que son maltratadas, otras reciben bofetadas de Europa por ordenar cierres de periódicos, por encarcelar a políticos, por negar la libertad de expresión, por convertir la justicia en un cortijo franquista.
Pero ellos tan dignos, tan decentes, tan estudiados, con sus finas manos y sus bigotes recortados, con sus voces triunfales se erigen en dioses de pacotilla y nos mandan callar por cojones.
Y les importa una mierda que ya no creamos en ellos.
A los dioses no les importan los fieles, sólo les importan los castigos desmesurados que pueden imponerles.


martes, 6 de noviembre de 2018

Estrasburgo habló bajito.


Estrasburgo sentencia que no hubo un juicio justo para Otegi y sus compañeros del caso Bateragune.
Punto, nada más.
Otra vez nuestra democracia con su justicia y sus charlatanes queda con el culo al aire.
Pero el daño causado a este pueblo de manera reiterada, década tras década, quedará impune porque cuando se trata de pueblos que aspiran a liberarse de la bandera rojigualda, todo vale.
Aunque desde Europa digan por lo bajito que fueron encarcelados injustamente, la democracia seguirá con su frenético autoritarismo.
Aunque sean la vergüenza de todo aquel que crea en la justicia.
Veremos qué sucede de ahora en adelante, veremos a los presos políticos catalanes darles también la razón después de años en el talego, veremos salir de la cárcel a los jóvenes de Altsasu, también después de años, veremos contra las cuerdas a los que diseñaron las leyes para poner el yugo al que disiente y España, la grande y la libre, será a la vista del mundo entero la enorme  mierda que tantos señalamos y que a tantos costó el peaje de su libertad.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Los jinetes



Los fascistas tienen la palabra. Nosotros mudos mientras ellos hablan.
Quieren desandar el poco camino que anduvimos y no se detendrán porque los cimientos sobre los que se levantan nunca han peligrado, cabalgan a lomos de la democracia, la domaron cuando era apenas un potro.
Muerto Franco los jinetes cabalgan.
Esto lo sabemos todas, de todas es conocida la impunidad con la que han macerado sus ideas y sus negocios.
Pero me temo que nuestra respuesta no está a la altura, que nuestra memoria de aquellos tiempos no nos está sirviendo, que aún esperamos que los tribunales o los políticos den la cara y se planten corajudos ante este renacimiento de asesinos potenciales.
La izquierda calla respetuosa mientras se multiplican argumentando que serán derrotados en las próximas elecciones, las calles se adornan con banderas patrias, las cárceles se llenan de presos políticos, los cómicos son perseguidos, la libertad de expresión es tan poco libre que hasta un tuit puede llevarte a la trena.
Estos políticos de izquierda tan correctos saben que los fascistas van a por todas, que están de su lado la ley y las urnas, que todos los medios de comunicación participan de esta verbena de autoritarismo que nos tienen programada y aún así no tienen una respuesta contundente ante este desafío que ya conocimos y nos lleno de sangre las cunetas.
El paisaje es desolador. Mañana irán a Altsasu a enseñar sus cuernos, sus pezuñas, sus cojones.
Y dicen que hay que respetarles.