lunes, 8 de febrero de 2016

La patal-ETA


Su libertad de expresión no es también la mía.
Sucede que encadenan la risa,
prohíben radios, periódicos,  libros
pero no prohíben los mares aunque  duela verlos llenos de cadáveres,
no prohíben el hambre ni a su causantes,
no prohíben la violencia venga de quien venga.

Sucede que encadenan a hombres y mujeres que señalan las podredumbres,
hombres y mujeres decentes que piensan,
hombres y mujeres que crean
pero no prohíben que se sequen los campos ni los manantiales,
no prohíben que el pan sea sólo pa quien lo pague,
no prohíben que la infancia se llene de piojos y de caries.

Sucede que encadenan con silencio el futuro,
con cárcel los presentes,
con miedo el derecho a alumbrar la memoria de las fosas comunes
pero no prohíben la tortura,
no prohíben la persecución de las ideas,
ni siquiera prohíben que haya barra libre pa golpearnos con más y más pobreza.
Su libertad no es igual que la mía.
La suya es dócil, suave, segura.
La mía se rompe sin argumentos,
se encarcela sin derecho,
y se pudre detrás de unas rejas
si digo, escribo, grito lo que siento.

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