viernes, 6 de febrero de 2015

Los cuentos


Yo nunca me creí el cuento de los demócratas, ni lo creí hace décadas, ni lo creo ahora que han aparecido renovadores y limpiacristales de  urnas.
Tengo una palabra que sirve para hacer el exorcismo y dejar en pelotas a los falsos: tortura.
Denuncia tras denuncia, década tras década, los demócratas, incluso los más escorados a la izquierda la callan, la ignoran.
Ayer y siempre. Es un tema que no les duele.
Es tan vergonzoso como lacerante. Define nuestra democracia por el  olor a sangre chamuscada que deja.
No me hagan mucho caso, sólo soy poeta, pero ¿cómo voy a creer en unos tipos que teniendo la cura dejan abiertas las heridas, que premian a los verdugos y los indultan?
A pesar de todos los informes, de todas las pruebas, de todos los testimonios, casi ningún político, salvo los verdaderamente demócratas, agarran esta verdad incuestionable y la denuncian.
Y en esos pocos que se queman, en esos pocos que ningunean, que desprecian, en esos pocos creo.

Así que conmigo no cuenten, ni los de antes ni los modernos de ahora, un demócrata de veras da un paso al frente. 
Cuando lo hagan en cadena podremos hablar de democracia, podremos hablar sin temor a ser detenido e impunemente torturado, urna tras urna, sigla a sigla.

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