lunes, 20 de febrero de 2017

Altsasu, la verdad.


Soy vasca y he visto muchas cosas.
Pero que por una pelea de bar terminen llamándote terrorista y tus huesos duerman  en la cárcel no lo había visto nunca.
 Suena a chiste surrealista.
Podemos seguir como si nada, entretenidos con las migajas que los medios de comunicación arrojan pa que rumiemos, podemos seguir indignados y correctos, irritadas y correctas, rebeldes y domesticadas.
Podemos seguir haciendo guiños a la revolución, agitando  banderas, llevando diferentes pancartas, escribiendo a trote y moche sobre políticas más o menos serias pero si no alzamos la voz contra esta justicia mamporrera que es capaz de retorcer el cuello a la verdad para que diga lo que le dictan, de nada servirán nuestras proclamas, ni nuestras ideas subrayadas en los márgenes de la impotencia.
Ustedes tendrán que perdonarme hoy no estoy pa diplomacias.
En Altsasu faltan unos jóvenes. Se los llevaron a la fuerza.
Y se llevarán a más, de aquí o de otros lugares.
Jóvenes, abogadas, sindicalistas, artistas… gente común y corriente que pasaba por allí, o que a alguien pareció que se parecía, o que alguien pensó que pensaba, o que alguien imaginó que imaginaba.
La Verdad es una ordinariez en democracia. Todo puede ser terrorismo.
Incluso  escribir estas líneas, salir de txikiteo o ser vecino de la hermana de un preso.

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