lunes, 6 de junio de 2016

La patria


Últimamente la palabra “patria” suena como un martillo que golpea sin cesar. No es que la tenga en mi lista de palabras sucias, no, todo lo contrario, me gusta esa palabra cuando habla de la tierra Palestina, cuando se usa para explicar Venezuela, cuando se manosea pa llamar  Euskal Herria, es decir, me agarro a ella cuando lo que pretende es definir  la libertad.
Pero ahora que estamos en campaña electoral y que parece todo tan democrático y festivo, que se canta la internacional  y se hacen cuentas y promesas, de pronto “patria” está en boca de todos.
Se habla de “patria” pa decir que se respeta el derecho de autodeterminación, se habla de “patria” pa decir todo lo contrario, se habla de patria pa explicar que los otros no son patriotas, se habla de patria con la intención de recordarnos tiempos pasados, se habla de patria pa asustarnos, pa ilusionarnos, pa sobornar votos, pa arrancarlos de las manos de otros.
En fin, la patria, la España de la que hablan, esa España donde prefieren apelar a la unidad con cualquiera de las excusas, olvida que hablar de patria lleva implícito hablar de soberanía, económica también. Y qué curioso todos  esos patriotas han decidido sacar de sus discursos el criminal pago de la deuda, la esclavitud que vivimos por atender a los acreedores, la delirante dependencia de los imperios. Es decir ¿qué es hacer patria para ellos?
Parece que la patria que se propone es la de los vasallos:
¡Viva la OTAN, el Euro, el rey, vivan las cadenas, los obispos
y vivan los pequeños caudillos!

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