lunes, 8 de septiembre de 2014

La conciencia

Imagen de Acciòn poètica tucumana

Se debe vivir bien sin preocuparse porque el invierno se aproxima y los viejos hambreados van a morirse de frío, sin pensar en los basurales donde se amontona la gente para alimentarse un poco, en los enfermos que languidecen, en las dignidades machacadas a golpe de fascismo.
Se debe vivir bien en un espejismo
Es descorazonador dejarse acompañar por la conciencia, ir con ella de la mano, permitir que te guie por la realidad como un ilustre amante desahuciado.
 Tiene la voz ronca, molesta su tono sin modales, sus blasfemias, su desobediencia.
No para de gritar a todas horas, en los sueños y en las calles.
No para de señalar a los culpables, es infatigable, nunca se cansa, la acecha siempre la muerte silenciosa de los indiferentes.
La conciencia no es algo que se rompa en pedazos para usarse a conveniencia.
No podemos dejar que hable a ratos y otros ratos sentir en el aire sus verdades.
Tener conciencia no es algo amable,  duele.
Intensamente, duele.
Lo mejor sería taparle la boca, coserle los labios, anudar su garganta.
Pero no se deja.

Se debe vivir bien sin preocuparse, sin pensar en nada más que en uno mismo, en la suerte o el destino, pero si la conciencia llamó a tu puerta y la dejaste entrar sin reservas, se acomodará y para siempre escucharás s esa voz estridente que dice a pleno pulmón: es urgente señalar los yugos, reventar de rabia y existir extenuados  entre el salitre y las protestas.

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