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sábado, 24 de diciembre de 2016

Urte berri on 2017


Despedir este año tiene sabor amargo:
Detenciones, encarcelamientos a destajo, periodistas acorralados.
Cantantes, poetas, titiriteros… en la mira de una ley que ata en corto la libertad de expresión.
Las calles vacías. Vigilan.
Vigilan internet y las mezquitas.
Vigilan los viajes, la ropa, las propiedades.
Fotografiar a los alguaciles es punible.
 Denunciar a la monarquía es punible.
 Organizarse en rebeldías, desear ser soberanos, ser joven, ser extranjero, enseñar las tetas…. es punible.
¿Y la palabra?
 Deshidratada.
¿Y la justicia?
A la derecha de dios y de la patria.
¿Y la libertad?
Con las alas atrapadas.
 “El show must go on”
Unos cuantos de nosotros aparentaremos alegría, brindaremos por el tiempo que ha pasado y por el nuevo que llega, nos abrazaremos de buen rollo, tendremos lugar para los buenos recuerdos, las buenas infancias, las victorias cotidianas y pensaremos en medio de todo, que, si hay amor, aún todo es posible.
Pero en la intimidad de nuestro corazón una voz de mujer cansada nos cuenta que casi lo hemos perdido todo.
Nos habla del porvenir y de la sal, de dioses que desfiguran las vidas, de esa agonía de mal morir en el infierno, de mansedumbres esparcidas por los pueblos que ya ni cantan ni se quejan.
En definitiva, esa voz de mujer cansada quiere explicarnos que nada somos ni seremos sin palabras, sin memoria y sin conciencia.

Zorionak eta Urte berri on 2017.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Mi patria


Si quieres saber cuál es mi patria no la busques en los mapas,
no la busques como quien busca un difícil nombre bajos las piedras,
no la busques como quien busca su propia osamenta entre las sábanas.

Búscala como si fuera Ítaca,
como si fuera tan ancha , tan silvestre, tan oceánica,
búscala en los pájaros que sobrevuelan  la buena nueva de los partos.

Busca mi patria en la tierra y el arado,
en las luciérnagas,
en la costra infecunda de los olvidos,
en los libros  que oxidan la vista hasta cegarnos.

Búscala en las calles asfaltadas con corazones precarios,
en las casas donde la vida es una ausencia
creciendo igual que un minotauro salvaje.
Busca mi patria en las palabras.

 Aquí o   donde nuestros ojos no alcanzan.

En las palabras está mi patria.
En cada palabra que  llama,
en la palabra -pan, en la palabra-herida,
en la palabra.

Si quieres saber cual es mi patria, fascista,
búscame allá donde tú la decapitas.




viernes, 19 de agosto de 2016

Yo me iré


 Yo me iré
y aún quedarán
los escrúpulos caducados
a las puertas de las casas doradas
porque nada les importa salvo el miedo
a que les arranquen la violencia de las manos
con la violencia de los hambreados de la tierra.

 Yo me iré y aun estarán los dioses y sus esclavos
arrodillando vidas con sus paraísos de fábula
porque nada les importa salvo
eternizar su codicia con  el miedo al pecado que no se perdona.

 Yo me iré y aún
quedarán palomas sobre alacranes desafiando
con cada vuelo
el acoso  de sus venenos,
aún quedaran nombres propios buscando
manantiales en la existencia más yerma,
aún quedarán pueblos amaneciendo
a pesar de la noche larga en la que vivimos desde que tenemos memoria

Podre irme en paz
a la tierra o a la nada,
con mi puñado de versos
y el recuerdo dulce de los rostros
que aún hidratan la esperanza
aunque los escrúpulos  caduquen
a las puertas de las casas doradas.





viernes, 29 de abril de 2016

Poesia prescindible


Supongo que las personas que leen poesía imaginan que nosotros, los poetas, somos seres que vivimos  entre lo místico y lo terrenal. Mujeres y hombres sensibles y malditos, a veces atormentados, a veces narcisistas, espirituales, fracasados, amargados o estúpidamente amorosos.
Una especie de minotauros vulnerables y heridos que caminan  sin tomar nota de lo que les  sucede a los otros.
Yo no dudo de que haya poetas que quepan en este estereotipo, somos muchos haciendo este oficio.
 Algunos se lavan las manos antes de ponerse a escribir unos versos, (simbólica y reverencial manera de enfrentarse a la poesía), otros alardean de sus borracheras, otras cuentan sus promiscuidades sexuales, exhiben sus bibliotecas fecundas, enseñan las tripas de sus escritorios, otros se duelen porque les quitan su parcela de protagonismo, otros necesitas casi siglos pa dar por finalizado un soneto, otras escriben al dictado de modas efímeras donde se refleja el desagüe adonde van a llegar las personas cuando no tienen conciencia.
 Así, vamos viendo infinidad  de maneras de enfrentarse a la poesía, es decir, a la vida misma.
Yo vengo a contarles mi caso, otro más, uno cualquiera:
Escribo a ratos breves y con  alevosía: en las esperas hospitalarias cuando  la muerte  fumiga sin pedir permiso, mientras escucho el silencio acusador de las calles, con el luto de mil derrotas ondeándose sin historia, cuando la fugaz alegría de los niños rompe los cristales de mi monotonía, al ver a los pájaros morir de frío sobre las aceras, en las primaveras lentas cuando sólo llueve y llueve…. y la hostilidad del mundo se multiplica en cada rostro que camina.

Es decir, deletreo el  dolor que asoma ante mis ojos, pa que ni uno solo quede sin escribirse.
El mío es un activismo cómodo, confortable;  afilar palabras mientras otros dan por nosotros la cara no tiene mérito si comparamos.

En muchas ocasiones, los poetas nos dejamos barnizar por la adulación y llenamos los espacios con espejos para mirarnos y vamos poco a poco alejándonos de los héroes y heroínas que nos rodean y que empujan la realidad para hacerla más llevadera.
En todos los lados, en barrios, pueblos, en ciudades, mujeres y hombres  a contracorriente, intentan hacer de sus entornos, lugares más amables. Y de manera multitudinaria o en grupos pequeños alzan la voz por los refugiados, por el aire limpio de cementeras, por un sindicalismo decente, por la  soberanía de los pueblos, por los torturados, por la memoria, contra las guerras, o las fosas comunes, por la sanidad, el techo, el pan pa todos.
A pie de calle, en primera línea, en el tajo.
Arriesgando sus jornales, sus familias, sus libertades.
Yo, siento vergüenza por las 28 limitaciones que tengo, una por cada  letra,  son de otros las conquistas y las victorias, mío es sólo este empeño  de ser poeta en un mundo de locos maestros de sueños.

Cada cierto tiempo me sorprendo escribiendo sobre esto, porque siento pudor cuando alguien en una asamblea, o en una plaza lee uno de mis poemas. Me siento en deuda con los que luchan, con los que buscan a tientas manos a las que asirse, con los que son luz, ternura, rebeldía.

Apenas somos algo los poetas en este río de humanidad y  gracias a los que no se rinden, este oficio se hace carne y se hace hueso y se hace voz. Y  roza, casi, lo imprescindible.

lunes, 11 de enero de 2016

La inutilidad


Después de todo qué puede importar que haya una poeta menos hablando sobre los imperios, sobre los injustos mendigos, sobre los niños hambrientos , sobre las mujeres tiradas a golpes en  las estadísticas, sobre el dolor de vivir en ciudades donde es imposible soñar con ser libres.
Qué puede importar  si  muerdo los días como se muerden la lengua los torturados, como muerden las horas los condenados a muerte sobre jergones insalubres, como  muerden los besos nuestros  viejos.
Qué puede importar una poeta ajena a los triunfos de la vida, si somos muchos, demasiados,  pidiendo auxilio.

Un viejo  agoniza a esta hora.
Un loco  siente miedo al verse en el espejo terrible de sus fracasos
Una madre  aborta uno tras otro y siente que no será el último.
Un joven negro se desangra en la frontera mientras ve morir familias enteras.
Un borracho canta la internacional y llora.
Una mutilada pide que la ayuden a llegar a la iglesia donde mira a los ojos a quien reza.

Quizá ninguno de ellos haya leído en su vida un sólo poema.
Quizá les suenen los nombres de quienes dignificaron este oficio, quizá sea canción algún verso y lo tarareen ingenuos y ajenos. Quizá en sus casas, alguna vez, hubo un libro de poesía y se lo pasaron de mano en mano, curiosos o ridículos.
Quizá sepan de memoria romances antiguos, escriban sus amores contrariados o lloren  elegías.
No lo sé.
Lo que sí sé es que arañamos  verdes incompletas pues  poco o nada sabemos sobre la tierra  o sobre la vida.
Publicamos libros, participamos en lecturas, escribimos reseñas nos creemos imprescindibles, divinos, malditos, gloriosos.
Pero los pueblos no viven nuestra poesía, ni la respiran, ni la caminan.

Dicen que El Che llevaba siempre en su mochila un libro de poesía.
A Neruda lo secuestraron para que  leyera sus poemas en la oscuridad de una mina.

Hoy me pregunto si los explotados de la tierra, (igual que aquellos mineros), tienen a un poeta secuestrado  en alguna cantera, en algún mercado, en un andamio, en una fábrica, en una maquila o si por el contrario sus sufrimientos son afónicos y solitarios.

Me pregunto si algún libro de poesía contemporánea, tiene la fortuna de mancharse de selva o de asfalto, si es quemado en una barricada,  enterrado en una fosa común en Ayotzinapa o pasa los días lentos en una cárcel del estado español  o de Palestina.

Es decir, me preocupa nuestra inutilidad.
Si la poesía elige volar y no echar raíces, si prefiere el cielo con sus paraísos, si opta por el silencio cuando los niños revientan, entonces, què puede importarnos lo que diga, ni lo que escriba, ni la magia que desempolva con sus cantos tristes.

 Que vayan los versos de boca en boca es lo que cuenta.
Que sean voz y grito.

Que sean memoria y se claven en el aire.
Que sean proscritos,
que describan los siglos sin domingo,
las mesas sin pan,
los pueblos sin soberanía.
Y que nunca,
nunca,
sean armisticio.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Manifiesto en soledad


No puedo  escribir a espaldas de la vida, como si este oficio fuera  ocultar  distraídamente los ríos de sangre, los manantiales de sueños, las memorias sepultadas, los ejércitos de paz que pisotean crimen tras crimen.
En estos tiempos de muertes evitables urge declararse en rebeldía. Urge  desenvainar la palabra  para clavarla en la yugular de la barbarie. No es bastante con lamentarnos del mundo en el que vivimos, debemos tomar partido y disparar ráfagas de protesta contra todas las formas de indiferencia.
No soy una poeta pesimista ni apocalíptica soy capaz de reír y de cantar. Aun puedo contar estrellas y caminar sin ritmo ni destino por los sueños o por  los libros.
Pero ser estúpidamente optimista no me impide ver el futuro como un lugar uniforme, con menos aire y menos semillas, con menos lenguas, más látigos y más depredadores.
El mundo que seguramente viene pariéndose desde que el capitalismo se hizo dueño y señor de casi toda la tierra es un lugar en penumbra con la sola luz de las monedas, donde nada vale o todo tiene un precio, desde el tiempo hasta los partos, desde los úteros hasta los sudarios, desde los frutos hasta los panes y los peces.
Todo tiene un precio ahora mismo y todo tendrá su valor en el mañana.

 Cada cuatro años elegimos quienes podrán distribuir nuestras pobrezas.  Las urnas son la excusa para legitimar la violencia.
 Las guerras que se inventan  son los salvoconductos de los codiciosos  para ordeñar las patrias ajenas hasta dejarlas resecas.

En Argentina, en Grecia, en Siria, en el Estado español.
En África, en Asia, da igual.
El imperio de la codicia triunfa y no importan las muertes ni los bombardeos, no importan los desiertos que crecen, ni los diluvios, ni los bosques que desparecen.
Mueren los pájaros y los nómadas.
Mueren los mares y la lluvia y los glaciares.
Y el suelo se mueve y se mueven los pueblos desesperadamente.

Y todos reconocemos la farsa de las democracias pero aún así, esperamos que con nuestro voto los siguientes años, cambiarán las cosas: abrirán las cárceles, se congelarán las bombas, se multiplicaran las casas.
Decidimos ignorar  que no somos libres, que andamos vigilados, que peligran las voces, que vivimos hermanados con todos los pueblos porque a todos nos crucifican con los mismos métodos, con las mismas mentiras, con los mismos espejismos.
Mansos hijos de la barbarie.
Y comprendo el optimismo que impera hoy día. Es necesario, a veces, convencerse de que será posible, con el mínimo esfuerzo, torcer el tobillo al destino amargo y letal del capitalismo.
No cambiará nada con los votos. Nada.
Es parte del juego, de la trampa, dejarnos votar, hacernos responsables.
Pero no saldremos de las arenas movedizas si para salir de ellas creemos que las opciones políticas tirarán de nuestros brazos  hasta salvarnos.
Ni en EH, ni en Chile, ni en Irlanda, Ni en Túnez.
Las elecciones son maniobras de distracción donde, mientras vivimos la ilusión de cambiarlo todo, las oligarquías continúan con su delirante expolio.
Y nada les importa. Nada.
Nada temen.
Lo quieren todo: los brazos, los bosques, las banderas.
Pagan con sangre ajena.

Por todo esto yo no creo en la libertad de las democracias que padecemos. No creo que las elecciones sean transparentes, sin mácula.
Los medios de comunicación, las encuestas, los debates televisados se encargan de dirigir lo pensamientos, de acomodarlos pa que todo sea màs de lo mismo.
Y si aún así  los resultados no convencen, pues se ilegalizan partidos o se encarcela a los que desafían esta gran farsa. La banca siempre gana.
Por esto me planto.
Aquí me quedo,
nos vemos en las calles
entre el verso y el pan
entre el pan y la tierra,
entre la tierra y la vida.

No cuenten conmigo,
para  ir a las urnas.
No cuenten conmigo para pagar a escote
a tanto ladrón del cielo,
del suelo
de la paz
y de las patrias.

Sopela, 9 de diciembre 2015


lunes, 27 de julio de 2015

El pesimismo


Habrá mucha gente que al leerme pensarà que vivo anclada en el pesimismo. No es cierto.
Solo miro la realidad tal cual está, sin analgésicos.
Creo que le mundo está sufriendo ahora mismo una transición.
Vamos hacia un lugar peor de lo que lo conocemos.
Pienso que poco a poco  perdemos humanidad y salvo casos aislados y heroicos, los pueblos no alcanzan a dar respuesta a las barbaries.
Son tantas que las normalizamos.
Normalizamos las hambrunas, las masacres, las epidemias.
Consideramos que la violencia es tan antigua y tan natural al ser humano como el latido y vamos esquivando los golpes y el látigo.
Vivimos tiempos trágicos.
Lo natural no es esto.
No es natural pasar hambre, ni morir de enfermedades curables, no es natural que nos suicidemos agobiados por las deudas, ni que los niños tengan caries, andrajos o sarna.
Pienso que la transición nos llevará a un lugar donde será más difícil abrir los ojos, donde la intensidad de la violencia uno a uno, será tan enorme que apenas podremos mover los hombros.
No es pesimismo, es lógica de poeta. El capitalismo necesita ahora más que nunca reordenar la tierra, los recursos, la mano de obra.
Necesita de todo el armamento pa asegurarse su supervivencia.
La democracia tal cual la conocemos no es más que una sirvienta arrodillada.
Pobre humanidad si no se levanta.
Pobres pueblos obligados a ser sólo brazos que trabajan, sólo cuerpos que revientan, sólo máquinas que no se quejan.
Pobre futuro yermo de paz.
Pobre presente, en guerra sin darse cuenta.

jueves, 4 de junio de 2015

Pueblos cautivos


Yo nunca vi un muerto en ninguna orilla,
nunca los vi en las cunetas,
ni en los paredones,
ni reventados a palos por la mirada febril de los delatores.

 Los vi humeando en la memoria de los viejos,
supurando en el presente su olvido.
 Los vi porque sin  lápidas
se pueden ver los muertos por todas partes.
Se pueden ver sus huellas digitales,
sus agallas.
Se puede oír su respiración cuando todo calla.

Cuando el mundo detiene el paso
todos los muertos sin sepultura piden, su sol, su tierra,
su trozo de historia arrebatada.
Y nada puede contra esta estridencia
que pasa de mano en mano,
de garganta en garganta.
Nada puede.

Yo nunca vi un muerto,
pero los caminos nos llevan a sus cuerpos,
el futuro nos lleva al ayer,
y el ahora es de nuevo un cadalso.

 Los pueblos que  hacen punto y aparte con la infamia
serán por siempre cautivos de sus derrotas.

miércoles, 3 de junio de 2015

Elvira Parcero


10 abril 1978
Elvira Parcero, 22 años, golpeada por la polìcia hasta la muerte en una manifestaciòn.

El grosor de sus golpes reventaron tu vida.
Golpes musculados de soldados rasos,
golpes al por mayor para arruinar
el latido con el que te sostenías.

Golpes sobre tu cuerpo
ya enlutado,
golpes sobre tu futuro
ya sentenciado,
golpe tras golpe,
furia tras furia.

Y los impunes con su águila negra,
con su uniforme de lápidas,
pudriendo el futuro con su mano dura.


Golpe tras golpe, Elvira,
hasta quebrar tu calavera.
Como un bulto que les da dentera,
como una cosa rota sobre la acera,
como una mujer sin valor por tener conciencia.

La muerte, Elvira,
no blasfemó,
ni pidió permiso pa llorar contigo,
 sobre  tu cráneo hecho pedazos
se durmió sin saber quién eras.

Una tarde de abril, en Vigo.

domingo, 31 de mayo de 2015

Ursino Gallego


Ursino Gallego-Nicasio, 14 años, moriría el 4 de marzo de 1979 durante una manifestación convocada por las asociaciones de vecinos para protestar por la escasez de agua en Parla. Recibiría un impacto de bola de goma en el tórax que le produciría una hemorragia interna y la muerte. 

Porque tu pueblo se hartó de vivir sediento
esperando la limosna impuntual de los que atesoran lo nuestro.
Porque  pa crecer con dignidad nunca alcanza
el gota a gota,
el quizá mañana,
el cojan número y esperen su turno.

 Se hartó tu pueblo
 y salió a la calle
pidiendo agua.

Pidió agua y el miedo se hizo pólvora,
se hizo llanto,
se hizo rabia.

Porque se hartó tu pueblo,
se cansó de esperar sin manantiales.

Porque ni ríos,
ni lluvia,
ni mares.

Parla se puso en pie
y  lo castigaron
con  tu muerte a bocajarro.


jueves, 7 de mayo de 2015

El credo


No creo en dios porque es la excusa pa  poner  a los  pueblos de rodillas.
No creo en dios porque es un arma de destrucción masiva.
No creo en dios porque contrata a tiempo completo a verdugos y después los beatifica.
No creo en dios porque  su voto de castidad es promiscuo,
su humildad, de oro
 y su pobreza juega al escondite con niños desvalidos.
No creo en dios porque se inventa ángeles, santos, vírgenes, pa narcotizar a los que la vida les aterroriza.
No creo en dios porque existe  en el amor que domestica.
No creo en dios, en ningún dios, con ningún disfraz, de ningún lugar.
No creo en esos tipos insolentes, tan  poco sabios que no respetan la libertad de amar, la libertad de ser, la libertad de hacer con el horror un paraíso.
No creo en ellos, ni en sus cálices, ni en sus best sellers, ni en sus premios, mucho menos creo en sus pecados y castigos.
No creo en sus espíritus sucios de codicia, de sangre, de hipocresía.
Debería haber un tribunal que los juzgara por genocidas.
No creo en vosotros, dioses,
 yo os maldigo
por los siglos de los siglos.

domingo, 12 de abril de 2015

Si me callara


Si me callara como callan los condenados la noche previa,
como callan los verdugos a la hora de la muerte,
como calla el público que contempla el final del inocente.
Si me callara entonces, cuando callan todos,
cuando la víctima se tambalea,
cuando el silencio clava dientes y  uñas en su vientre,
cuando los cautivos, sedientos y solitarios,
muerden sus lenguas por miedo a morir
sin nombre, sin sol y sin lápidas.
Si me callara como callan todos
cuando los cuerpos caen
y su sangre se derrama viscosa
y su recuerdo se olvida a toda prisa
y su hambre y sus andrajos y sus quejas
quedan como simiente
del horror de nuestra afonía.
Si me callara entonces, como callan todos
los que saben que mueren inocentes,
que matan inocentes,
entonces, decidme,
 si me callara,
¿para qué  serviría estar viva?
¿para  qué serviría?

domingo, 29 de marzo de 2015

¿Què serà de nosotros?


¿Qué será de nosotros mañana
cuando los niños caminen sonámbulos,
cuando los viejos agonicen meados,
cuando las sillas de ruedas sean
tronos para unos pocos?
¿Qué será de nosotros
cuando cerremos a cal y canto
las casas, los párpados,
y el deseo de estar codo con codo
junto a los otros?
¿Qué será de nosotros si el salario no alcanza,
si nos roban a destajo,
si nos matan poco a poco y  por la espalda
 desde pulpitos, estrados y demencias?
¿Qué será de nosotros mañana,
cuando la poesía sea una sierva,
cuando las ideas desaparezcan,
cuando las cadenas no hagan ruido porque estamos quietos
 entre tanta herida abierta,
cuando las mordazas no se quiten ni a la hora del amor y de la siesta?
¿Qué será de nosotros si uno a uno claudicamos,
si uno a uno aceptamos la mala suerte
de existir callados,
callados y solitarios
callados y reventados?
¿Qué será de nosotros mañana
si hoy cedemos el paso
a tanto,
tanto látigo,
a tanto, tanto crimen,
a tanta humanidad  acribillada en nombre de unos pocos
dueños de la paz y del espanto?
¿Qué será de nosotros?
….

martes, 24 de marzo de 2015

Lo peor de todo


Lo peor de todo es la costumbre.
Acostumbrarse a los escuadrones de la muerte
que patrullan las calles, revientan los ojos
y tienen barra libre para los golpes.

Acostumbrarse a las derrotas
que rey a rey, urna a urna,
dejan los países en ruinas.

Acostumbrarse a esta guerra,
que es una paz a medias,
con millones de muertos sobre la mesa.

Acostumbrase a las mentiras
mil y una veces repetidas
que caen sobre los pueblos y sus soberanías.

Acostumbrarse a los duelos y a los lutos,
al hambre y a la mendicidad,
a las fronteras y a las cuchillas,
a las balas y a las masacres,
al imperio y al imperio.

Lo peor de todo es la costumbre,
de vivir sin poner remedio,
de vivir copulando entre los  odios,
de vivir masticando ordenes,
de vivir alegres pero castigados,
de vivir cantando pero  precarios,
de vivir al borde, amando, pero sin amarnos.

Lo peor de todo es la mala costumbre
que tenemos de  sitiar el corazón
pa que no duela.

jueves, 12 de marzo de 2015

Si vienen a por mì


Si un día vienen a por mí
y me borran los versos
y me ordenan callar
y me clavan sus puños,
pensaré que hice bien este oficio,
que los poemas fueron piedras
y dañaron
e hicieron temblar
y movieron conciencias.

Si un día vienen a por mí
y entran en mi casa sin llamar a la puerta
y buscan evidencias
y concluyen que mi trabajo
es sospechoso
y peligroso
y deciden romperme la mano
o guardarme entre rejas,
pensaré que hice lo correcto,
que los poemas si están  bien escritos
son  voz que se multiplica.
.
Si un día vienen a por mí,
pensaré que  hice digno el oficio
 de escribir los mil nombres de la infamia
con los que revientan la vida
a quienes vivir solo quieren
sin yugos
y  sin pesebres.

domingo, 8 de marzo de 2015

Si creyera en dios


Si creyera en dios qué fácil seria
madrugar, pasar hambre,
ver muertos por todas partes.
Qué fácil sería repartir trozos de caridad
y sumarme a las plegarias
 que prometen el infierno
a quienes ofician la barbarie.
Qué fácil sería vivir si creyera que dios apunta
los nombres y los cadáveres,
la historia escrita  con plomo o con sable,
la agonía  de los parias,
las masacres.
Qué fácil sería dormir, vivir,
si creyera en  su bondad harapienta.
en su justicia eterna,
 en su cielo habitado
por seres que no tuvieron  tregua.
Pero dios no existe y debo buscar a los culpables
de hueso y carne,
 con oros fulgurantes,
con títulos de propiedad y linaje,
con vómitos de codicia,
con pústulas, con látigos,
con cálices y escapularios

Si creyera en dios rezaría
pa  que alguien le pegue un tiro
y se calle
por cómplice de criminales
y por cobarde.

La otra mitad


Soy la otra mitad,
la que es entera,
la que sufre más el salvaje egoísmo de la pobreza.

Soy ideas completas,
soy corazón y arterias,
soy llanto, voz,
hogaza, raíz inmensa.
Soy piel, huesos, sementera
pero no soy amnesia.
No soy virgen, ni parturienta,
no soy costilla, ni sombra, ni bozal,
ni aprendiz de moralejas.
Soy mujer, sencillamente,
una sencilla mujer parida en mitad de la violencia.
Una mujer poeta que lleva a rastras las semillas que ayudan a fecundar la tierra.
Una mujer grosera que mide la humanidad si son decentes las caricias,
si son honrados los combates,
si son las conciencias limpias.

Soy una sencilla mujer
de palabra y verso al acecho
que no piensa bajar la guardia
hasta que hembras y machos canallas
tengan  epitafio en sus lápidas.

sábado, 7 de marzo de 2015

Creeme


Debes creerme cuando te digo
que nadie nos salvará salvo nosotros mismos.
Debes creer lo que escribo en esta tarde cautiva:
La crueldad nunca se despista,
trabaja a destajo aquí mismo
arañando la tierra que pisas
para que no puedas erguirte
y camines de rodillas.

 Quizá estás esperando que venga alguien a rescatarte
de la pobreza que respiras,
quizá estás esperando que venga alguien, quien sea,
a devolverte la casa, las fábricas
la paz, la paz, la vida.
Quizá estás aguantando la respiración, el frío, el frío,
sin aullar de miedo, de rabia, de ruina, de ruina.
Piensas que mañana  llegarán las promesas y podrás pasar lista
pero no será así, créeme.
Nadie se acordará de tu nombre
de tus lutos, ni de tu honradez limpia.
Nadie  mirará la calle donde puerta a puerta se pudre la alegría.
Nadie.
Créeme, no esperes.
Se olvidarán de ti, de mí, de todos.
Cree esto que escribo:
Nadie nos salvará
salvo nosotros mismos.

sábado, 31 de enero de 2015

Todo està escrito


No tengo nada nuevo que decir.
Todo está dicho.
Las poetas gastamos los poemas, uno tras otro, para explicar que no estamos solas,
que en cada verso hay un pueblo que sufre o se alegra, que ama o desama, que alza la voz y la palabra.
Sólo somos eso, austeras voceras llenas de llagas.
Todo está dicho.
Ya hemos escrito que el aire se pudre y se pudren las infancias.
Ya hemos dicho que las cárceles se llenan y se multiplican las mordazas.
Ya hemos dicho que apenas nos podemos mover porque nos atan en corto las deudas,
que apenas podemos vivir, porque no hay quien viva colgado de una cuerda,
que apenas podemos pensar porque aniquilan las ideas.
Ya hemos dicho que hasta la solidaridad es delito,
que hasta quejarse es delito,
que hasta la salud es pa los ricos.
Todo está dicho.
Todo está escrito.
Pero es nuestro oficio repetirlo,
hasta que nos quedemos sin voz
o el mundo sea un lugar distinto.

viernes, 30 de enero de 2015

Las calles, callan


Miren ustedes, yo no sé nada, sólo soy poeta
y mi mundo sólo son las palabras
pero es que la calle, calla.
Calla el hambre y calla el frío,
calla el golpe y la mordaza,
calla el grito,
callan el coraje y las felonías.
Verán ustedes,
los trabajadores no trabajan,
los enfermos agonizan en las salas,
las guerras se suceden,
la riqueza vuela sin dejar huella
y las calles, callan.
Miren, sólo soy poeta, es decir, apenas nada,
pero nunca vi tanta miseria,
tan míseramente callada,
nunca vi tanto olvido,
ni tanta dignidad pisoteada.

¡Miren ustedes las calles¡
no hay rastro en ellas de rabia,
nadie agita sus cadenas,
nadie desea asaltar los palacios
para dar poder a los parias.
Miren, perdonen mi desconfianza,
solo soy poeta y sólo se de palabras,
pero es que las calles…callan 
porque han sido sobornadas
con el voto y la esperanza.