sábado, 13 de marzo de 2021

Asociación Cultural Octubre


 Cuando hablamos de cultura, así, a bocajarro, vienen a nuestro imaginario museos, salas de cine abarrotadas, bailarines reputados, escritores adorados como dioses, pintores excéntricos que adornan con sus cuadros hogares de multimillonarios, cantantes extravagantes que deambulan por estadios, etc., etc.… es decir, pocas veces fijamos la mirada cerca, en nuestros mismos pueblos o barrios, en nuestras mismas calles.

Pero la cultura también la van haciendo seres humanos casi anónimos que a contracorriente apuestan por el poder de transformación que tiene un nuevo libro, un disco irreverente, una obra de teatro representada en la plaza cuando la nieve cae, unos versos recitados en un bar mientras se bebe a destajo y se canta, una canción que estremece al niño que aprende a amar bajo su melodía suave, un cuadro pintado rabiosamente en una celda, fotografías captadas cuando la elección es el arte o la muerte, un violinista ensayando con las ventanas abiertas de par en par… Así infinitamente.

Trabajadores que no buscan el éxito si no que nos buscan a nosotros para que recibamos su esfuerzo y ayudemos a cambiar el orden de las cosas, para que seamos capaces de transformar cada porción de mundo que habitamos.

 

Por eso la cultura es revolucionaria, porque se sumerge en los dolores que nos atenazan, en las injusticias que nos atraviesan de parte a parte, se pone del lado siempre de los más vulnerables, de quienes nada tienen y fuerza,( con las herramientas que tiene a su alcance), a "desalambrar "el pensamiento.

El triunfo de la cultura es no dejarnos indiferentes.

Y en estos tiempos en los que se confunde cultura con industria, cultura con consumo, cultura con imperialismo cada día es un trabajo más difícil.

La siniestra globalización de la cultura nada tiene que ver con la realidad que vivimos y deseamos cambiar con urgencia, nada tiene que ver con el empeño de los barrios y de los pueblos que de manera autogestionada casi todas las veces ofrecen a quienes quieran oír, sentir, ver, una mirada diferente de lo que nos rodea.

Editoriales subversivas, teatros marginales, espacios okupados, naves industriales pagadas a tocateja con cuotas de los asociados, revistas, libros, discos, conferencias, talleres, etc., etc. cultura a destajo, cultura que despierta, cultura que libera.

Cultura al margen, en la orilla, cultura atrincherada, boicoteada, perseguida, cultura precarizada, emputecida.

Cultura terrorista que tiene por armas un puñado de plumas, un puñado de ideas, un puñado de sueños alcanzables de justicia.

 

 

Desde Vallecas hasta Almería, desde La Ribera de Deusto hasta El Raval, un archipiélago de proyectos unidos por el deseo común de participar en la formación de una sociedad más informada y más libre.

La Asociación Cultural Octubre de Torrelavega, Cantabria, es también un ejemplo de esto que digo.

En su manifiesto escriben: “OCTUBRE es una forma de expresarnos colectivamente contra la cultura muerta.

Es un proyecto, un sueño, un sentimiento y una forma de ser y actuar.”

Ocho años de trabajo avalan que sus palabras también son hechos.

Que es posible otra forma de mirar y de crear.

Que nos necesitamos como sociedad crítica para avanzar.

La pandemia ha dinamitado la inercia de la Asociación Cultural Octubre. Ha parado casi en seco las actividades y nos piden ayuda ahora a través de un crowfunding, para continuar con esta utopía que es de carne y hueso.

Hoy más que nunca urge la supervivencia de espacios donde podamos ser libres.

Donde podamos aprender que colectivamente es más fácil agitar las alas.

Por todo esto, pienso que si se apaga la luz de Octubre, de una forma u otra, quedaremos un poco más en penumbra.

Será otro faro apagado entre las sombras.

 

Anoto el enlace para que si alguien puede y quiere haga una aportación:

https://www.goteo.org/project/nos-vemos-en-octubre

 

 

Para saber más sobre la asociación cultural Octubre:

 http://asociacionculturaloctubre.blogspot.com/

https://www.facebook.com/AsociacionCulturalOctubre

martes, 16 de febrero de 2021

Aquí estoy, vengan a buscarme


Pablo Hasél ya está en la cárcel.

Es decir, también me han encarcelado a mí, poeta, y a ti cantante y a ti actriz y a ti payaso.

Y a ti trabajadora precaria y a ti migrante y a ti comunista y a ti dibujante y a ti activista y a ti militante.

Hoy a todos nos han llevado presos una vez más.

Se han llevado la palabra libre, el pensamiento crítico, la desobediencia.

Se han llevado con Hasél la certeza de que este país es sombra y podredumbre, es represión y nostalgia del pasado, es servilismo, cobardía, infamia.

Se han llevado a un joven que canta.

Antes se llevaron a un periodista y antes a unos titiriteros y antes, hubo muchos antes.

Viene desde antiguo. Con el cierre de periódicos y de radios, con el secuestro de publicaciones, con la costumbre de sentar en el banquillo una y otra vez a quien disiente.

Hoy se han llevado un poco de esta poeta que os habla.

Porque yo también creo que la monarquía donde mejor está es cerca de una guillotina. Porque yo también creo que en el talego hay presos políticos y se mueren poco a poco o por sorpresa sin médicos que cuiden sus enfermedades terminales. Porque yo también creo que terrorismo es dejar morir de hambre o de pobreza.

Hoy pueden también encausarme porque subrayo lo que dice Hasel, lo que piensa y lo que escribe.

Y lo seguiré denunciando.

Aquí estoy, vengan a buscarme.