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viernes, 30 de enero de 2015

Las calles, callan


Miren ustedes, yo no sé nada, sólo soy poeta
y mi mundo sólo son las palabras
pero es que la calle, calla.
Calla el hambre y calla el frío,
calla el golpe y la mordaza,
calla el grito,
callan el coraje y las felonías.
Verán ustedes,
los trabajadores no trabajan,
los enfermos agonizan en las salas,
las guerras se suceden,
la riqueza vuela sin dejar huella
y las calles, callan.
Miren, sólo soy poeta, es decir, apenas nada,
pero nunca vi tanta miseria,
tan míseramente callada,
nunca vi tanto olvido,
ni tanta dignidad pisoteada.

¡Miren ustedes las calles¡
no hay rastro en ellas de rabia,
nadie agita sus cadenas,
nadie desea asaltar los palacios
para dar poder a los parias.
Miren, perdonen mi desconfianza,
solo soy poeta y sólo se de palabras,
pero es que las calles…callan 
porque han sido sobornadas
con el voto y la esperanza.

viernes, 16 de enero de 2015

Las preguntas

Son demasiadas las carnicerías humanas edulcoradas con propaganda.
Con excusas patrióticas y humanitarias.
Con excusas democráticas.
Las palabras deben ser disparos que ejecuten  la barbarie.
Las preguntas deben caer como cae el plomo, como caen los cuerpos.
¿Quiénes  obtienen ganancia de un pueblo tiroteado?
¿Quién paga la cuenta de tanta violencia?
¿Quiénes son los beneficiarios?
¿Quiénes son los enemigos?
¿Cuál es la recompensa?
¿Quiénes diezman?
¿Quiénes nunca arriesgan?
¿Quiénes financian los cuchillos?
¿Quiénes derrotan los sueños, ahorcan soberanías, destruyen la vida?
¿Quiénes acorralan a los emputecidos?
¿Quiénes resucitan la peste de la cruz gamada?
¿Quiénes son?
Y nosotros ¿quiénes somos?
¿Acaso no estamos todos, mujeres, negros, poetas, en el mismo lado?
¿Acaso no trabajamos todos pa que esos pocos sean libres?
¿Acaso no morimos en selvas o en desiertos, en el tajo o hambreados pa que esos pocos sigan en su opulenta rueda?
Entonces, somos de Ucrania y de libia y de Palestina, somos trabajadora en una maquila o emigrante desgarrado en una valla o desahuciado o maestro de una escuela.

 ¿Por qué  creemos entonces lo que nos cuentan los que no son como nosotros?