sábado, 28 de septiembre de 2019

Canción de los olvidados



Avanzamos sobre el filo de la espada
porque aún florecen pétalos de risa y emociones.
Avanzamos para que no enmudezca la historia
y nieve sobre el fuego de la infamia.

Avanzamos para no volvernos locos,
para no dejar nuestra cordura en manos de los más crueles,
para que no sea en vano cada muerte
y pueda descansar en paz el pasado y su memoria.

Avanzamos al borde del olvido
para callar a los verdugos su bronca voz alegre,
para que no repitan más sus crímenes
y nadie limpie la sangre de sus manos.

Avanzamos sospechosos de creer en la utopía,
sospechosos de querer atrapar en arenas movedizas
a los que borraron sus huellas dactilares del rostro de las víctimas.

Avanzamos y cantamos los silencios
de cada uno de los olvidados,
de los míos, de los tuyos, de los nuestros.
Porque siempre somos los mismos.
Avanzamos paso a paso.
Sin rendirnos.

domingo, 22 de septiembre de 2019

Ellos son "nosotros"



La huida por la carretera de Málaga a Almería no es un hecho que sea urgente recordar sólo por el trágico destino que tuvieron miles de seres humanos en la guerra de España cuando el fascismo se adueñó de nuestra tierra.
Esta masacre debería ser el punto de partida para posicionarse contra la barbarie. Contra todas las barbaries que van dejando a la Humanidad en carne viva.
Hoy día millones de desplazados por las bombas, por el clima, por el terror recorren los continentes y atraviesan los mares escapando de guerras imperiales, de guerras económicas y culturales donde la vida pierde su valor sagrado y apenas es posible pensar en un porvenir de paz y de trigo.
Como en aquel febrero de1937 otros seres humanos caminan entre multitudes, esquivan el disparo de quienes empuñan poderosos el fusil o mueren a la vista de todos en océanos convertidos en cadalsos de salitre.  
El neofascismo peldaño a peldaño escala posiciones y se atrinchera con su ideología criminal en lo cotidiano.
No importan esas víctimas, no valen, no cuentan, son sólo cifras incómodas,
cadáveres oscuros sobre arena, puñados de mártires sin fe que se amontonan al otro lado de las vallas, de los muros, de fronteras cerradas a cal y canto.
Ellos desafían con su presencia el peor crimen de nuestro tiempo.
Y como en la guerra de España, ante este genocidio, nos mantenemos neutrales, quietos, indiferentes.
Somos prisioneros de unas democracias que ceden el paso a quienes desean un mundo de esclavos y de parias, de gente condenada a morir desde la infancia, de pueblos desnutridos y de selvas yermas.
Pero tenemos en la memoria la historia de los vencidos, de todos aquellos que arriesgando sus vidas salieron a luchar contra el fascismo, de todos aquellos que, con la pluma, con el cuerpo o con ambos se pusieron en pie para defender al pueblo que moría en los paredones, en las chimeneas, arrojados desde aviones, o masacrados en las plazas.
Su ejemplo, su coraje, su dignidad debe servirnos de brújula para ayudarnos a llegar hasta ese otro “pueblo” diezmado que va dejando sus nombres en caminos y ríos, perseguidos por el miedo y por el hambre.  
Como en la carretera Málaga -Almería, en febrero de 1937, hoy, septiembre de 2019, el Pueblo también huye.
Nos necesita. Ellos somos “nosotros”, es hora de ponerse en marcha.
Es la hora de levantar el puño y la ira.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Almería, La Desbandá



Van llegando a la ciudad sin sitio
la mitad de la mitad de las que comenzaron la huida.

Atrás quedó un manantial de pena,
quedó el hambre masticando sus propios huesos,
quedaron los más desafortunados con la dentadura abierta,
con sangre de pólvora y metal en los labios
y las retinas convertidas en espejos.

Una procesión trágica con la cruz sobre cada espalda
va llegando poco a poco.

Las llagas de sus pies dejan huellas indelebles
en la mirada de quien contempla aquel desfile pausado
de tristes hombres y mujeres con la voz debilitada
de tanto pedir la paz con su estéril plegaria.

Van llegando con el luto y con la culpa por haber llegado vivos.
La sed larga de días,
el sueño roto en los cráneos
y un sinfín de heridas podridas
que se abren cuando las miran.

En la ciudad no hay sitio,
no hay tanto arroz ni tanto abrigo.
Su destino fue tan sólo un espejismo
que les alentó mientras huían.