martes, 5 de abril de 2022

La alfombra roja


Nosotros, es decir, todos los pueblos que hoy forman el Estado español, sabemos mucho de genocidas, no nos falla la memoria al recordar por ejemplo a Queipo de Llano. Año tras año exigimos que su nombre sea escrito en la Historia como lo que fue, un fascista que masacró. Punto.

Hoy todo se derrumbó cuando el Parlamento español se levantó a aplaudir a Zelenski.

Hoy humillaron a las víctimas, a las de ayer y a las de hoy, a las de aquí y a las de allí porque el presidente ucraniano es otro más en la larga lista de asesinos esparcidos por el mundo.

Le pusieron la alfombra roja para que este infrahumano nos hable de Gernika, de solidaridad y de no sé cuántas cosas más que en su boca se convierten en una farsa que nos desangra.

Hoy el antifascismo se quedó solo, nuestra memoria se quedó aislada, nuestro deseo de construir un lugar más justo está más lejos aún.

Se arrodillaron ante un nazi y lo elogiaron en nuestro nombre convirtiéndonos a todos en cómplices.

Ha sido un día terrible, se abrieron las grandes alamedas por donde pasará el batallón Azov vitoreado entre flores.

martes, 29 de marzo de 2022

Pedimos la paz como si nada


 Pedimos la paz como si nada. Como si sólo al nombrarla se cumpliera el sortilegio mágico de desaparecer la guerra en cualquiera de sus formas.

Pero la realidad no funciona de esta manera. Es mucho más cruel y más hipócrita.

Si pedimos la paz, si lo hacemos en el momento en que cae la bomba, o la invasión es grave, si sólo lo hacemos entonces, dejamos en la sombra millones de victimas que en ese instante no vemos.  Y no vimos antes y no veremos mañana.

La paz en un asunto que urge para todos los rincones del mundo.

Es la misma paz para Kiev y para  Donetsk. La misma para Yemen o Palestina. La misma para los hambreados, para los desheredados, para las violadas y mutiladas. Es la misma paz, la paz de los pueblos, de todos.

Los de cerca y los de lejos, los que no importan y la paz de los países que importan demasiado.

Esa parte de la humanidad que ha soportado el silencio de los medios, las agresiones y masacres continuadas, el expolio de sus materias primas miran a Europa con la nausea que provoca saber que por ellos nadie dijo nada. Nada.

Yo no voy a ser hipócrita, no voy a mirar a Ucrania y a la vez voy a ser tuerta.

No pienso alzar la voz por una paz diseñada por el mayor traficante de armas del mundo, es decir EEUU.

Claro que quiero la paz, también quiero un mundo justo. Sin nazis y sin fascistas. Sin OTAN y sin imperios.

Quiero esa paz sencilla para todos, todos los pueblos.

 

sábado, 5 de marzo de 2022

Los señores de la guerra


 Os juro que yo no sé nada de nada. Nada.

Lo que sí sé que la OTAN es genocida y que allá donde se presentan deja de haber vida. Lo sabemos desde antiguo, desde siempre, desde que las víctimas eran otras, eran otros sus colores de piel y sus indumentarias. Desde que se erigieron en dueños de la paz y perdimos entonces el derecho a hablar de ella en términos que no fueran militares.

También sé que los medios de información ganan todas las guerras porque antes de los bombardeos fabrican nuestra complacencia, nos mienten meticulosamente, moldean la opinión y sin darnos casi cuenta nos posicionamos del lado del opresor y les dejamos el camino fácil. Cada vez más fácil y cada vez más silenciosas nuestras protestas.

Sucede que hoy, ahora mismo, hablamos de la guerra de Ucrania, de lo malos que son los rusos, del malvado de Putin pero ignoramos que Ucrania es un país con un gobierno fascista que tiene en su haber un mínimo de 14000 personas exterminadas en Donbass.

Aplaudimos el envío de armas al gobierno Ucraniano, nos parece necesario y correcto armar a los nazis para que continúen con su reguero de dolor y de sangre.

El enemigo es Rusia, maldita sea, son los malos, lo peor, todo para ese pobre país víctima (Ucrania) que enarbola la esvástica y no le tiemblan ni el fusil ni la conciencia.

Os juro que no sé nada, sólo sé que cuando planea EEUU,  la OTAN, y la meretriz europea sobre una zona del mundo, hay un pueblo o dos o tres que serán cadáver y lo peor de esto es que toda la izquierda lo sabe.  

 

jueves, 23 de septiembre de 2021

Alfonso Sastre


Murió Alfonso Sastre y con su muerte se hizo evidente que los hombres de paz mueren silenciosamente, que vuelan lejos de los ataúdes y del ruido mediático.

Queda la esencia de un ser humano que hasta el final se comprometió con el mundo y sus terribles injusticias.

Los intelectuales no se arriesgan a decir su nombre, sólo si al deletrearlo manchan su memoria.

Pero nosotros, los que miramos la realidad de frente y reconocemos la integridad de quien trabaja para hacernos mejores, sentimos que se fue otro hombre bueno.

Otro más que al irse apaga la luz de la libertad.

Otro más que nos deja huérfanos en este manicomio de represión e indiferencia.

Eskerrik asko, Alfonso, en tus palabras está una y otra vez la insobornable y ya eterna coherencia.

martes, 14 de septiembre de 2021

Modu


 

Modu es un amigo de mi hermana.

Hace seis meses, cuando ella salió del hospital, fuimos a visitarlo a su taller de bicicletas. Nada más verla corrió a cogerle las manos para acariciarlas como en un ritual de sanación. Sonreía con la cara y con el cuerpo, también con las palabras.

Modu es senegalés, trabaja para salir adelante y enviar dinero a su esposa y a sus hijos y quizá un día volver a casa.

Hay miles de Modus en Bilbao. Invisibles a nuestros ojos, oscuros hombres y mujeres que no encontramos ni en la sala de espera de los centros médicos, ni en los supermercados llenando los carros de comida.

No los vemos, luego no existen.

Modu vive en el barrio, no sé en cuál de las casas en ruinas, no sé debajo de qué puente, no sé cerca de qué vías de tren inutilizadas.

Sé poco de él, sólo sé que entraron en su taller y arrojaron todas las bicicletas a la ría y que Modu lloraba como lloran todos los hombres cuando ya no tienen nada, sin lágrimas.

 

El otro día vimos a Modu por la calle. Mi hermana gritó: ¡Modu, Modu!

Pero Modu no respondió. Pasó a nuestro lado y nos quedamos mirándolo alejarse. Tristes porque no reconoció a su amiga blanca, a la amiga a la que frotaba las manos para acelerar su sanación, a la amiga que sonreía desde lo más profundo, feliz de verla con vida y alegre.

Ayer de nuevo.: ¡Modu, Modu!

Pero otra vez Modu pasó de largo hablando en voz alta y agitando los brazos descontroladamente.

Loco y solo.

Yo no sé qué mundo es este. Qué tristeza de humanidad, qué mierda de sociedad hemos creado.

Demasiados Modus.

Demasiadas bestias arrojando bicicletas al agua.

Demasiadas soledades y miserias y tragedias.

Demasiada indiferencia.

Y bajo los puentes de Bilbao demasiados sueños que revientan

 

martes, 7 de septiembre de 2021

Nadie nos enseñó esperanza


                                                                      A Jorge, amigo. Anteúltimo maqui.

Yo no tuve un maestro que me diera lecciones de esperanza ni una mujer sabia que al atardecer me explicara por qué ni cuando aparece, por qué ni cuando la destruyen y asoma reinventada en cualquier parte.

No tuve una madre que me hablara de ella como se habla a las hijas de las cosas importantes, ni siquiera entre amigas la nombrábamos. ¿Estaba entre nosotras calladamente callada?, ¿Estaba entre nosotras como están los amores clandestinos, la rebeldía adolescente, la alegría de empezar a ser mayores?

Si, estaba. Crecía en cada una, crecía salvaje, sin brújula ni doctrinas, adueñándose de nosotras a su manera.

Sin darnos cuenta fuimos aprendiendo que sin ella nada sería posible.

Ni el amor ni las ideas.

Después se van sumando años, personas y países. Se van sumando libros, canciones, poesías.

Se van sumando hogares, duelos, zancadillas y ella, la esperanza, crece, se agiganta.

Nadie me enseñó ni una lección, pero creo que no hizo falta la teoría. Sí la práctica.

Porque sí, porque en la oscuridad de los pueblos oprimidos la he visto sostener infancias pese a todo.

Porque en la impunidad que atraviesa de parte a parte este país la he visto con las víctimas reclamando memoria y castigo hasta morirse.

Porque la he visto en las pupilas de niños y mayores que arrastran su miseria y sueñan, siempre sueñan.

En los hombros de quienes cargan con el peso de tanta infamia,

en los pechos de las madres que para vivir se ponen en venta,

en los trabajadores que rompen las cadenas.

La he visto en el cielo y sobre el asfalto, al repartir el pan y los abrazos, detrás de las rejas, delante de soldados sionistas, en la voz de las mujeres violadas.

Caminando o en pie, bien sujeta a las banderas.

Y no, no tengo derecho a perderla ni a despreciarla ni humillarla.

Debo mantenerla intacta, no por mí, ni por ti.

Por esa humanidad que a pesar de madrugar va descalza.

 

martes, 13 de julio de 2021

A la mierda


Otra vez el burro, la zanahoria y el molino. Otra vez.

Cuba de nuevo en la boca de todos.

Los que cruzan el charco para mirar solidariamente están ciegos en su patria.

Un ejército de mercenarios del periodismo da fe con sus artículos al desatino.

Dictadura, hambre, libertad, repiten como un mantra.

Dictadura, hambre, libertad.

Dictadura.

Ignorantes incapaces de ver las colas del hambre de su barrio.

Ignorantes incapaces de cuestionar la ley mordaza y otras similares.

Ignorantes incapaces de reconocer que aquí la libertad brilla por su ausencia cuando se trabaja en precario y hay que decir amén al amo.

Aquí no importa, allí importa y mucho.

Otra vez el imperialismo acechando a la isla,

otra vez diciendo al mundo que hay que salvar al pueblo de tanta mano dura,

otra vez afilando las garras y los sables para entrar a saco y romper sus moldes socialistas.

El bloqueo no se cuestiona. Para qué.

Eso no es lo que importa.

Quieren el salvoconducto de los biempensantes, de los que se llenan la boca ahora mismo con la palabra solidaridad e ignoran que es Cuba quien puede dar lecciones cum laude.

¡A la mierda, hipócritas indecentes!

 

viernes, 2 de julio de 2021

Por vosotras, compañeras.


 

Al fin y al cabo, mi feminismo no sólo es de género también de clase. Soy una “rara avis” en estos tiempos que vivimos.

Me cuesta seguir el paso a los acrónimos que vienen de lejos, las pancartas que se exhiben no las entiendo y comprendo que en la palabra “mujer” hay muchos siglos de opresión y un solo enemigo.

Viajo por las ideas y los movimientos sociales, por todas las clases de activismo y al final, cuando regreso, encuentro que estoy invisible y tenazmente unida a esas mujeres que ayer y hoy dan la vida por un mundo donde quepamos todas; las más emputecidas, las más empobrecidas.

Para mí es sencillo.

No quiero mujeres vendiendo sus úteros como si fueran incubadoras.

No quiero la esclavitud de las maquilas.

No quiero una sociedad donde los puteros paguen IVA.

No quiero reducir la palabra “mujer” a uñas pintadas, senos turgentes, tacones al alza.

No quiero refugiadas climáticas violadas una y mil veces antes de llegar al “paraíso”

No quiero partos clandestinos, ni crucifijos clavados en nuestras vaginas.

No quiero este genocidio.

La mujer es más pobre que los pobres.

La mujer es más misera que los más miserables.

Todo el sufrimiento de ellas es el mío.

Por vosotras, mi poesía.

Mis versos, compañeras, os acompañarán; a las perseguidas en el Amazonas, a las sindicalistas de México, a las kellys, a las jornaleras de la fresa, a todas las explotadas que de cualquier forma plantáis cara a este sistema criminal que nos depreda.

Porque estoy atada a vuestro mástil, no escucho los cantos de sirena.

miércoles, 23 de junio de 2021

Creo que soy mujer


 Yo ya no sé a quién preguntar.

Me digo a mí misma: A ver, Silvia, ¿eres mujer?

Y no encuentro respuesta.

No soy madre, ni lo seré.

No tengo la regla, aunque la tuve.

No uso tacones, ni vestidos ceñidos, ni siquiera me tiño el pelo.

Tengo pareja, es hombre y lleva barba.

Ambos llevamos pantalones en casa.

Mientras él cocina yo escribo poesía.

Creo que soy mujer pero no lo tengo muy claro.

Quizá alguien pueda decírmelo. ¿Es sólo un sentimiento? ,¿Con sentirlo es suficiente?

¿Y la violencia que he sufrido por ser mujer ya no cuenta para serlo?

¿Y si digo que soy hombre, la violencia que ejercieron contra mi ya no vale en la estadística?

¡Ay qué tiempos tan difíciles para las poetas!

Afuera hay demasiado ruido.

Leyes nuevas llenas de color y dulces melodías.

¿Y lo que llevamos pidiendo siglos?

¿Y el pan, el salario, el abrigo?

Creo que soy mujer, pero una mujer antigua.

¿Y la revolución que nos prometimos?

¡Ay qué tiempos tan difíciles!

Me fui haciendo vieja y ya no hay sitio para una persona de feminismo sencillo como yo que señala que la injusticia lleva nombre femenino.

sábado, 13 de marzo de 2021

Asociación Cultural Octubre


 Cuando hablamos de cultura, así, a bocajarro, vienen a nuestro imaginario museos, salas de cine abarrotadas, bailarines reputados, escritores adorados como dioses, pintores excéntricos que adornan con sus cuadros hogares de multimillonarios, cantantes extravagantes que deambulan por estadios, etc., etc.… es decir, pocas veces fijamos la mirada cerca, en nuestros mismos pueblos o barrios, en nuestras mismas calles.

Pero la cultura también la van haciendo seres humanos casi anónimos que a contracorriente apuestan por el poder de transformación que tiene un nuevo libro, un disco irreverente, una obra de teatro representada en la plaza cuando la nieve cae, unos versos recitados en un bar mientras se bebe a destajo y se canta, una canción que estremece al niño que aprende a amar bajo su melodía suave, un cuadro pintado rabiosamente en una celda, fotografías captadas cuando la elección es el arte o la muerte, un violinista ensayando con las ventanas abiertas de par en par… Así infinitamente.

Trabajadores que no buscan el éxito si no que nos buscan a nosotros para que recibamos su esfuerzo y ayudemos a cambiar el orden de las cosas, para que seamos capaces de transformar cada porción de mundo que habitamos.

 

Por eso la cultura es revolucionaria, porque se sumerge en los dolores que nos atenazan, en las injusticias que nos atraviesan de parte a parte, se pone del lado siempre de los más vulnerables, de quienes nada tienen y fuerza,( con las herramientas que tiene a su alcance), a "desalambrar "el pensamiento.

El triunfo de la cultura es no dejarnos indiferentes.

Y en estos tiempos en los que se confunde cultura con industria, cultura con consumo, cultura con imperialismo cada día es un trabajo más difícil.

La siniestra globalización de la cultura nada tiene que ver con la realidad que vivimos y deseamos cambiar con urgencia, nada tiene que ver con el empeño de los barrios y de los pueblos que de manera autogestionada casi todas las veces ofrecen a quienes quieran oír, sentir, ver, una mirada diferente de lo que nos rodea.

Editoriales subversivas, teatros marginales, espacios okupados, naves industriales pagadas a tocateja con cuotas de los asociados, revistas, libros, discos, conferencias, talleres, etc., etc. cultura a destajo, cultura que despierta, cultura que libera.

Cultura al margen, en la orilla, cultura atrincherada, boicoteada, perseguida, cultura precarizada, emputecida.

Cultura terrorista que tiene por armas un puñado de plumas, un puñado de ideas, un puñado de sueños alcanzables de justicia.

 

 

Desde Vallecas hasta Almería, desde La Ribera de Deusto hasta El Raval, un archipiélago de proyectos unidos por el deseo común de participar en la formación de una sociedad más informada y más libre.

La Asociación Cultural Octubre de Torrelavega, Cantabria, es también un ejemplo de esto que digo.

En su manifiesto escriben: “OCTUBRE es una forma de expresarnos colectivamente contra la cultura muerta.

Es un proyecto, un sueño, un sentimiento y una forma de ser y actuar.”

Ocho años de trabajo avalan que sus palabras también son hechos.

Que es posible otra forma de mirar y de crear.

Que nos necesitamos como sociedad crítica para avanzar.

La pandemia ha dinamitado la inercia de la Asociación Cultural Octubre. Ha parado casi en seco las actividades y nos piden ayuda ahora a través de un crowfunding, para continuar con esta utopía que es de carne y hueso.

Hoy más que nunca urge la supervivencia de espacios donde podamos ser libres.

Donde podamos aprender que colectivamente es más fácil agitar las alas.

Por todo esto, pienso que si se apaga la luz de Octubre, de una forma u otra, quedaremos un poco más en penumbra.

Será otro faro apagado entre las sombras.

 

Anoto el enlace para que si alguien puede y quiere haga una aportación:

https://www.goteo.org/project/nos-vemos-en-octubre

 

 

Para saber más sobre la asociación cultural Octubre:

 http://asociacionculturaloctubre.blogspot.com/

https://www.facebook.com/AsociacionCulturalOctubre

martes, 16 de febrero de 2021

Aquí estoy, vengan a buscarme


Pablo Hasél ya está en la cárcel.

Es decir, también me han encarcelado a mí, poeta, y a ti cantante y a ti actriz y a ti payaso.

Y a ti trabajadora precaria y a ti migrante y a ti comunista y a ti dibujante y a ti activista y a ti militante.

Hoy a todos nos han llevado presos una vez más.

Se han llevado la palabra libre, el pensamiento crítico, la desobediencia.

Se han llevado con Hasél la certeza de que este país es sombra y podredumbre, es represión y nostalgia del pasado, es servilismo, cobardía, infamia.

Se han llevado a un joven que canta.

Antes se llevaron a un periodista y antes a unos titiriteros y antes, hubo muchos antes.

Viene desde antiguo. Con el cierre de periódicos y de radios, con el secuestro de publicaciones, con la costumbre de sentar en el banquillo una y otra vez a quien disiente.

Hoy se han llevado un poco de esta poeta que os habla.

Porque yo también creo que la monarquía donde mejor está es cerca de una guillotina. Porque yo también creo que en el talego hay presos políticos y se mueren poco a poco o por sorpresa sin médicos que cuiden sus enfermedades terminales. Porque yo también creo que terrorismo es dejar morir de hambre o de pobreza.

Hoy pueden también encausarme porque subrayo lo que dice Hasel, lo que piensa y lo que escribe.

Y lo seguiré denunciando.

Aquí estoy, vengan a buscarme.

martes, 29 de diciembre de 2020

Urte berri on 2021


 Faltan pocos días para terminar el año.

Es difícil hacer un balance de este 2020, tan sólo se me ocurre pensar en la COVID 19 y en la locura de estos meses atrás.

Pienso en los viejos muriéndose solos y en las trabajadoras sanitarias, haciendo malabares para no contagiarnos ni contagiarse.

Pienso en las cajeras y reponedoras de los supermercados, trabajando a destajo, para que los estantes tuvieran desde las cosas más elementales hasta absurdos elementos que nadie necesitaba.

Pienso en los repartidores, dejando en los portales los caprichos adquiridos en Ali Express o en Amazon.

Pienso en los que viven precarios y no pudieron salir a pedir unas monedas, a trabajar unas horas, a conseguir el pan necesario para llegar hasta el alba.

Pienso en los jornaleros que marchaban al tajo para ser explotados y enfermarse.

Pienso en todos nosotros, hacinados en sus casas algunos, en el paro, sin recursos.

Pienso que otra vez pagamos los mismos.

Y también pienso que nada ni nadie podrá con nosotros. Que nacimos para no claudicar ni ceder el paso a nadie.

Pienso que este 2021 será un desafío, un reto posible.

Si somos capaces de ver que el enemigo no está entre nosotros, sino que vigila de lejos sus créditos bancarios, sus apoyos electorales, sus tribunales del orden, si somos todos capaces de ver esto habremos vencido el miedo y nos veremos entonces en las calles.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

No soy vulvoparlante


Soy mujer.

Formo parte de esta mitad de la humanidad explotada e ignorada desde el principio de los tiempos.

Cuando miro el mundo veo que la injusticia se ensaña aún más con nosotras y que es mayor nuestra pobreza.

Pero no voy a hablar de esto, de los siglos de infamia, ni de las violaciones, ni de la invisibilidad de las mujeres importantes de la historia.

Quiero deciros que, aunque muchas y muchos quieran últimamente cambiarnos de nombre, decirnos lo que somos y no somos, explicarnos con detalle sentimientos y discriminaciones… no soy “vulvoparlante”, aunque tenga vulva ni soy “persona que menstrua”, aunque menstrúe casi todos los meses.  

Llamarnos así me parece un ataque, un intento poco sutil de arrancarnos el significante para hacer desaparecer el significado.

De dejarnos en pelotas, de humillarnos.

Soy mujer y en este “mujer” del que yo hablo hay sitio para todas, para las trans y no trans, para las que aman de una forma u otra.

Pero si me alguien me preguntara qué soy además de mujer y de poeta, responderé siempre que sobre todas las cosas soy de la clase trabajadora.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Las bufonadas


 La justicia española se estira y se encoge como las tripas de Jorge.

Ahora van y dicen que quieren repetir el juicio a Otegi.

Una bufonada más en este circo que es España.

Como no les gusta verlo libre, como no les gusta lo que dice, como no les gusta lo que representa han propuesto que se le haga otro juicio por lo mismo.

Los fascistas contentísimos.

El tribunal de Estrasburgo dictaminó que Otegi pasó por la cárcel injustamente, pero esto es lo de menos.

El órdago está echado. Punto y seguido.

Alfon, Altsasu, Fran Molero, Alfredo, Hasel, Valtonic, Cataluña, etc., etc., etc.…

¿De verdad alguien cree que es posible la justicia en España con mimbres tan podridos como estos?

 

domingo, 29 de noviembre de 2020

Maradona o las diosas



Maradona murió y con su muerte hemos leído opiniones de todo tipo. Apasionadas casi todas ellas.

La verdad es que yo no admiraba a este tipo, ni siquiera me hacía gracia verlo frotándose la mejilla en el pecho del comandante y no lo sentí nunca como uno de los míos por el simple hecho de haberse tatuado la imagen del Che en su hombro.

Pero las reacciones a su muerte me han hecho preguntarme ciertas cosas. Por ejemplo, ¿alguien puede decirme de alguna mujer futbolista que despierte las mismas pasiones que Maradona?,

¿Alguien puede darme el nombre de una mujer, deportista de élite acusada de maltrato a su pareja?

¿Alguna mujer profesional de cualquier deporte ha sido pillada “graciosamente” pagando a tocateja por relaciones sexuales con adultos o con menores?

De haber sido así, es decir, que una tenista, una jugadora de baloncesto, una futbolista, una boxeadora hubiera sido borracha y pendenciera, hubiera visitado prostíbulos por doquier o hubiera soltado mamporros a diestro y siniestro a quienes compartían su almohada ¿estaríamos hablando de ella como “una diosa humanizada?

Resumiendo, Maradona parece el dios de los Hombres, por eso lo defiende a capa y espada el pueblo hambreado y también el pueblo ilustrado. Lo defienden porque esas “sombras” que le perdonan, esos “deslices” sin importancia, esas gracietas de niño consentido que regresa a los arrabales son el espejo de todos los machos alfa. De izquierda y de derecha. De este o de cualquier continente.

Si hubiera sido mujer, Maradona hoy no tendría quien la defienda, ni quien la llore. Ni siquiera nosotras, las mujeres feministas la lloraríamos. No podríamos ocultar sus delitos con eufemismos.

sábado, 26 de septiembre de 2020

COVID- 19 y libertad


 

La COVID 19 es tan real y letal como la ausencia de aire para respirar cuando se enferma.

Debemos protegernos, cuidarnos y cuidar a los de enfrente.

Ahora bien, creo que, de nuevo, los de siempre, sacarán rédito de esta tragedia.

En estos tiempos, con el mantra de evitar los contagios, se nos ha colocado en el cuadrilátero y la bestia no para de golpearnos. Porque el empobrecimiento sigue aumentando en cifras y en dramas, el desempleo bate récords, la educación está en riesgo, la sanidad ni os cuento, la cultura…

La explotación se esparce como una semilla invasiva y además de todo esto nos morimos a puñados, nuestros viejos se mueren solos y a nosotros apenas nos queda el miedo a enfermar o a ser desahuciados.

Esta situación hace sospechar que los emputecidos no van a aguantar mucho más y por eso despliegan militares por las calles, por eso compran material antidisturbios a mansalva, por eso nos vigilan tan de cerca que nuestros móviles son ya nuestros propios delatores.

Las medidas excepcionales llegarán para quedarse.

Cuando todo pase, cuando aparezca la esperada vacuna y vivamos libres de ella, el mundo otra vez habrá cambiado.

No a mejor, como muchos sostienen.

La libertad será un anhelo, un deseo insatisfecho.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Vallecas, por ejemplo


Veremos nuevamente las calles llenas de militares.

Las veremos uniformadas, con la porra alzada y el cara al sol como banda sonora en un Madrid sitiado.

Veremos las calles ocupadas por el ejército y la policía que husmeará en los barrios quién habla alto, quién se amotina.

Lo veremos porque ya están llegando.

Ya están babeando, ya están recibiendo órdenes, ya están frotándose las manos, afilando sables.

Como si fuera otro tiempo, no tan pretérito, de caudillos y penas de muerte al alba.

Esto sucederá en Madrid, ya está sucediendo: Golpes, sangre, golpes, detenciones en Vallecas.

Golpes, golpes, golpes.

La pandemia es la excusa para estrenar las taser.

La pandemia es la coartada para reprimir con saña.

Si les importaran nuestras vidas no habría ghettos, ni mercenarios patrullando.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Martín Villa


 Todos sabemos que hoy declara Martin Villa por los asesinatos del 3 de marzo en Gasteiz, de Arturo Ruiz y así hasta doce acribillados a balazos en aquel tiempo.

Como no podía ser de otra manera ha salido en su defensa una piara de sindicalistas y ex presidentes.

Argumentan los valores democráticos del susodicho y las bondades de la Transición. ¡manda huevos ¡

Como si ahora mismo gozásemos de una democracia ejemplar y los muertos fueran el peaje inevitable para poder disfrutar cada cuatro años de ella.

Sucede que no es así y lo saben.

Sucede que la impunidad fue el pacto más sangrante que hicieron y que fueron apuntalando uno tras otro, década tras década hasta hoy.

Son todos cómplices de la España traicionada que lleva los nombres de sus victimas por esta tierra amnésica.

Sucede que casi todos los que apoyan a este tipo tienen cadáveres que esconder en el armario: traiciones, oscuros acuerdos, terrorismo de estado, intervenciones genocidas en el extranjero… y un largo etcétera.

Son casi todos portavoces de una democracia que avergüenza, que encarcela, que mutila libertades.

Que se empeña en pasar página y en ignorar a los asesinados.

Hoy brindo mientras declara Martin Villa. Ojalá sea el primero de tantos.

 

 

domingo, 5 de julio de 2020

El perdón



Estos días estamos viendo a los fascistas por nuestros pueblos. Sus risotadas, provocaciones y falacias pudren el aire impunemente.
Y no puedo dejar de pensar en nuestros viejos. En esos hombres y mujeres, hijos, hermanas, nietos de aquellos que fueron asesinados.
Pienso en sus tragedias, en sus infancias destrozadas, en su empeño por no olvidar la barbarie de la que fueron víctimas. En las flores dejadas en las cunetas, en las marcas de disparos en las tapias de los cementerios, en las cabezas rapadas, en los campos de concentración, en el hambre y en la sarna que dejaron sus vidas marcadas.
Décadas después estamos como al principio, de nuevo las bestias, con sus discursos tan pueriles como peligrosos, vienen a nuestras casas, aún dolidas y sin justicia, para quedarse mucho tiempo.
Y me avergüenza esta patria de asesinos con medallas y con estatuas.
Me avergüenza esta democracia que nunca se puso en práctica y que hoy permite que de nuevo patrullen las calles infrahumanos capaces sólo de violencia.
Y no puedo mirar a los ojos a nuestros viejos porque morirán sin justicia y lo que es peor irán muriendo mientras se apuntalan los cimientos de un nuevo fascismo avalado en las urnas.
Ojalá puedan perdonarnos. Los verdugos se abren paso y somos cada vez menos a este lado de la trinchera.

miércoles, 3 de junio de 2020

Hasta el último aliento



Comprendo que lo que está sucediendo en EEUU ahora mismo debe indignarnos porque, aunque suceda al otro lado del océano, les sucede a los nuestros, a la clase emputecida. La violencia policial y toda su impunidad se clavan una vez más en el tuétano de los más oprimidos.
Comprendo también que sintamos cierto agobio al comprobar que una “democracia” consolidada y “ejemplar” funciona a golpe de Taser y de rodilla en el cuello hasta el último aliento.
Pero nosotros, aquí en nuestro país, no somos mejores.
Tenemos un estilo más patrio, más cañí. Mueren en comisarias y casi no importan a nadie. Son golpeados en las calles y casi no importan a nadie. Se ahogan mientras piden auxilio y casi no importan a nadie. Son explotados en el campo y casi no importan a nadie. Los encerramos en centros CIES y no importan a casi nadie.
En fin, que lo que nos diferencia de esa otra “democracia” es la respuesta en las calles. Contundente. Como debe ser la respuesta de los pueblos frente a las injusticias y las muertes de valde.
Están en pie de guerra. Hartos. Apoyados solidariamente. No están solos.
Ojalá nosotros hiciéramos lo mismo. Quemar las calles por nuestros hermanos y por nosotros mismos.