martes, 10 de febrero de 2015

Los atrapados


Las deudas nos  doblegan.
En su nombre se puede matar de hambre o de guerra.
En su nombre dejan a los niños durmiendo a la intemperie.
En su nombre agonizan los enfermos y los trabajadores, trabajan a destajo casi de balde.
En su nombre es posible arrodillar a los países más indomables.
Todo es posible si  las deudas crecen.
Podemos  pagarlas  a tocateja, lo que nos pidan, gota a gota,  casa a casa, vida a vida.
Pero el futuro estará sepultado  porque el endeudamiento es la cadena con la que atan a los pueblos para que sean esclavos.
 Habrá quien diga que se pueden negociar, entonces serán menos gruesas pero igualmente  siniestras
Habrá quien diga, que se puede decidir los eslabones que tengan,  mayor o menor longitud, pero seguirán siendo cadenas.
Habrá quien diga que podemos elegir si son de hierro, de acero o de oro. Que podemos elegir llevarlas en los pies, en la cintura, en el cuello, en los brazos o en las banderas pero seguirán siendo cadenas.
La única solución es romperlas.
 Curarnos las heridas que dejan y aprender a vivir sin miedo a moverse libres de ellas.
Sin miedo a los acreedores, sólo son demòcratas feudales.
Sin miedo a plantar cara a esta servidumbre que anula nuestra humanidad y nos convierte en bestias.

viernes, 6 de febrero de 2015

Los cuentos


Yo nunca me creí el cuento de los demócratas, ni lo creí hace décadas, ni lo creo ahora que han aparecido renovadores y limpiacristales de  urnas.
Tengo una palabra que sirve para hacer el exorcismo y dejar en pelotas a los falsos: tortura.
Denuncia tras denuncia, década tras década, los demócratas, incluso los más escorados a la izquierda la callan, la ignoran.
Ayer y siempre. Es un tema que no les duele.
Es tan vergonzoso como lacerante. Define nuestra democracia por el  olor a sangre chamuscada que deja.
No me hagan mucho caso, sólo soy poeta, pero ¿cómo voy a creer en unos tipos que teniendo la cura dejan abiertas las heridas, que premian a los verdugos y los indultan?
A pesar de todos los informes, de todas las pruebas, de todos los testimonios, casi ningún político, salvo los verdaderamente demócratas, agarran esta verdad incuestionable y la denuncian.
Y en esos pocos que se queman, en esos pocos que ningunean, que desprecian, en esos pocos creo.

Así que conmigo no cuenten, ni los de antes ni los modernos de ahora, un demócrata de veras da un paso al frente. 
Cuando lo hagan en cadena podremos hablar de democracia, podremos hablar sin temor a ser detenido e impunemente torturado, urna tras urna, sigla a sigla.

miércoles, 4 de febrero de 2015

El asombro

No sé si sobreviviré a este asombro
de caminar pa atrás y con mordaza,
cansada de alzar la voz como si nada,
cansada de los silencios que  acompañan
los cuerpos tan callados pudriéndose a deshora,
las casas arruinadas y vacías,
la vida a la deriva siglo a siglo.

No sé si sobreviviré a este asombro
de saber que el pasado se repite porque nos vemos distintos,
distintos del negro y del indígena,
distinto del tiroteado y del ahorcado,
distinta la mujer que limpia del hombre que se sindica.
Distintos entre los mismos hambreados.

No sé si sobreviviré a esta obstinada manía
de cerrar los ojos ante la evidencia de que
allende los mares, aquí cerca,
emigrantes o precarias,
somos todos pueblo explotado,
y sólo mirándonos como iguales
ganaremos el pulso a la barbarie.

martes, 3 de febrero de 2015

Cadena perpetua


Prisión permanente revisable es un eufemismo de cadena perpetua.
Y se quedan tan tranquilos asegurando que aseguran nuestra seguridad.
Y se dan la mano y se besan los mofletes.
Quieren convertir las calles en cárceles y las cárceles en cementerios.
Para dormir sosegados y que nadie ni nada les moleste.
Ni las ideas, ni las quejas.
Y si molestan….¡entre rejas!
Señores mandamases, dejen de joder, dejen de ser cobardes, digan que lo que quieren es al pueblo con los labios cosidos, las rodillas bien clavadas en el suelo y el miedo susurrando en la nuca de quien disiente.


lunes, 2 de febrero de 2015

Una vez màs


Una y otra vez los derechos se tuercen,
las quejas se llenan de hambre,
los pueblos se vacían.
Una y otra vez se silencian los gritos,
se trasviste la verdad,
se apalea la razón con la maza y la balanza.
Una y otra vez
la historia se repite,
otra vez la amenaza contra quien quiere justicia,
otra vez sin pan porque su vida peligra,
otra vez la lenta espera para desafiar un regreso que lo condena a cadena perpetua.
Otra vez, Sàhara y su gente.
Otra vez dejarse morir para vivir dignamente.

sábado, 31 de enero de 2015

Todo està escrito


No tengo nada nuevo que decir.
Todo está dicho.
Las poetas gastamos los poemas, uno tras otro, para explicar que no estamos solas,
que en cada verso hay un pueblo que sufre o se alegra, que ama o desama, que alza la voz y la palabra.
Sólo somos eso, austeras voceras llenas de llagas.
Todo está dicho.
Ya hemos escrito que el aire se pudre y se pudren las infancias.
Ya hemos dicho que las cárceles se llenan y se multiplican las mordazas.
Ya hemos dicho que apenas nos podemos mover porque nos atan en corto las deudas,
que apenas podemos vivir, porque no hay quien viva colgado de una cuerda,
que apenas podemos pensar porque aniquilan las ideas.
Ya hemos dicho que hasta la solidaridad es delito,
que hasta quejarse es delito,
que hasta la salud es pa los ricos.
Todo está dicho.
Todo está escrito.
Pero es nuestro oficio repetirlo,
hasta que nos quedemos sin voz
o el mundo sea un lugar distinto.

viernes, 30 de enero de 2015

Las calles, callan


Miren ustedes, yo no sé nada, sólo soy poeta
y mi mundo sólo son las palabras
pero es que la calle, calla.
Calla el hambre y calla el frío,
calla el golpe y la mordaza,
calla el grito,
callan el coraje y las felonías.
Verán ustedes,
los trabajadores no trabajan,
los enfermos agonizan en las salas,
las guerras se suceden,
la riqueza vuela sin dejar huella
y las calles, callan.
Miren, sólo soy poeta, es decir, apenas nada,
pero nunca vi tanta miseria,
tan míseramente callada,
nunca vi tanto olvido,
ni tanta dignidad pisoteada.

¡Miren ustedes las calles¡
no hay rastro en ellas de rabia,
nadie agita sus cadenas,
nadie desea asaltar los palacios
para dar poder a los parias.
Miren, perdonen mi desconfianza,
solo soy poeta y sólo se de palabras,
pero es que las calles…callan 
porque han sido sobornadas
con el voto y la esperanza.