domingo, 21 de octubre de 2018

A la guardia civil se le respeta (Rivera dixit)



No hay tambor que calle la voz de los ahogados por el olvido. No hay fusil, ni tricornio, ni ronda de madrugada que no recuerde a los emputecidos que una vez los dispararon a quemarropa. Que una vez los encerraron en calabozos desde los que se oía a los torturados agonizar hasta morirse.
El terror aún transpira por su sangre de metal, por sus trajes verde olivo, por sus asesinatos legales, por su ley de exterminio.
Ya no van a caballo, practican el disimulo, son condecorados y ascendidos, pero sus intenciones desafinan. Son los de entonces, los de aquel tiempo en los que el pan y la letra escaseaba. Son los de entonces: combatientes con guadaña en una patria que no los quiere ni necesita.
Rivera sabe esto y lo resucita. Como un general humillado por su cobardía irá a Altsasu a poner sus cojones encima de la mesa. A escupir en la cara de un pueblo que sufre el escarnio de la Benemérita.
Rivera y sus compadres desean una nueva guerra donde triunfe el brazo alzado y el miedo a manos llenas. Irá el próximo 4 de noviembre a Altsasu acompañado de los acuartelados vestidos de domingo y se encontrará solo, con todas las persianas bajadas.
Encontrará un pueblo vacío que desprecia su inmenso olor a mierda.

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