lunes, 21 de enero de 2019

La médula espinal



España es un pueblo de verdugos donde esconden los crímenes cometidos como si nunca hubieran sucedido, como si las víctimas fueran fantasmas que deliran.
España conserva intactos a los matarifes, los mantiene vivos hasta que a golpe de impunidad van dejando su legado en otras picanas, en otros fusiles.
Maldita España oscura de sombras que se alargan también en nuestro siglo.
Porque después del franquismo vino la transición con más de 500 asesinados, porque después de la transición continuó la tortura y el GAL apareció y desapareció casi sin castigo, porque después han seguido las detenciones arbitrarias, los montajes policiales, la cárcel para inocentes como el caso de Altsasu, o la represión brutal contra Cataluña.
Y en esta España tenebrosa, con tanto dolor arrastrándose hasta nuestros días vienen a repetirnos una y otra vez que esta es una tierra de justicia.
Y en esta España que nos veja, que arrincona, que traiciona, que humilla a los que mantienen vivas sus heridas es imposible lo que en otros cielos es posible.
Porque de nada sirve una democracia si la impunidad es la médula espinal que la sostiene.

viernes, 18 de enero de 2019

Yo quiero ser más animal



Me gustaría ser más animal.
No porque algunos de ellos pueden volar.
No porque algunos de ellos hibernen y después de sueños profundos salen a estrenar las primaveras.
No porque algunos lleven la casa a cuestas o se camuflen de los enemigos o formen estampidas que hacen temblar la tierra.
No porque sean capaces de sobrevivir en situaciones extremas: en el frío del fondo los mares, en desiertos donde nada florece, en ciudades donde esquivan la contaminación y malmueren sobre las aceras disparados por niños que juegan impasibles con la muerte.
Me gustaría ser más animal, que fuéramos todos más animales.
No para ser blanco de cazadores furtivos, no para terminar en las plazas con la estocada de los aplausos a los matadores, no para vivir en jaulas, con cadenas, en los circos, en los zoos, en los parques.
No.
Me gustaría que fuéramos todos más animales porque ellos no matan por gozo, ni torturan, ni hacen escarnio con sus víctimas.
Porque sólo les guía la sed y el hambre y cuando ya está satisfecha dejan pasar la vida.
Porque son leales a su manada, a su jauría, a su bandada.
Porque no son crueles.
Los animales ni guerrean de balde, ni ocupan territorios que no les pertenecen, ni destrozan sus propios hogares.
La crueldad es un invento humano.
Y yo quiero vivir en paz, sin tanta atrocidad reventando nuestra humanidad como si nada.


miércoles, 9 de enero de 2019

Alpha, in memoriam



No lo mató el mar. Ni lo mató el hambre en la patera. No lo mató la sed de días ni la policía.
Decidieron que era invisible y los invisibles nada necesitan, no existen.
Murió en un charco de sangre y ya era tarde para escribir su nombre en el inventario de los que tienen derecho a la vida.
Y ya fue tarde cuando sus pulmones dejaron de respirar asfixiados por unas leyes que condenan a morir a los que nada tienen.
Y ya fue tarde cuando tomaron su pulso y agarraron su cuerpo y era escarcha toda su piel. Era hielo.
Y ya era demasiado tarde cuando quisieron arrancarle la orfandad de aquellos meses en los que pedía auxilio puerta a puerta aullando de dolor, tiritando por la fiebre.
Estaba muerto, muerto, muerto.
Y en un revuelo de papeles buscan quiénes fueron los culpables mientras la jauría de lobos se sacude las lágrimas y señalan hacia otra parte.
Alpha murió gratis. De balde lo mataron.
Porque era de lejos lo sentenciaron a no curarse.

domingo, 6 de enero de 2019

Mujeres con pezuñas



Las zarpas del fascismo ya han empezado a arañar esta esmirriada “democracia”.
Sus zarpazos dicen ser legítimos porque un puñado de miles de personas los avalaron con su voto. También fueron mujeres las que estiraron el brazo después de alzarlo para usar la urna y defenestrarnos.
Podemos entender que son ignorantes, que son manipulables, que son algo idiotas, pero saben perfectamente lo que hacen, les gusta seguir a un nuevo caudillo. Aceptan sus discursos machistas, xenófobos, clasistas.
Las mujeres que les han votado aplauden cuando prometen cambiar las leyes contra el maltrato hacia ellas mismas. Abrazan el patriarcado cuando el machito de turno argumenta que las denuncias falsas son un “hecho contrastado” y critican a las mujeres violadas por enseñar las rodillas o las bragas.
A ellas también les molestan en los parques o en los colegios los niños de otros colores mezclados con los suyos, o las madres con hiyab, o la rumana con el hijo en brazos pidiendo por la calle.
Ellas también creen que España no se rompe y cualquier fractura ha de arreglarse por cojones.
Son mujeres con zarpas. Hieden a guarida, a cuadra, igual que los machos a los que acompañan. Su aliento envenena el aire.
Fascistas con vagina. Fascistas, al fin y al cabo.


martes, 25 de diciembre de 2018

Las manos leprosas



Que no nos toquen sus manos leprosas,
que caigan sus párpados sobre cada crimen,
que sus lágrimas incontenibles desborden los ríos
hasta ser un mar que se revela contra sí mismo.

Que su voz de acero reviente los muros y caigan sobre ellos
los cráneos amontonados siglo tras siglo.
Que de noche no duerman,
que la elegía más triste sea la razón de su vigilia.
Que no puedan prolongar su estirpe y su legado se pudra hasta convertirse en estiércol que fertiliza.
Que sus casas caigan devastadas y ni siquiera las ratas quieran anidar en las ruinas.
Que no puedan morir.
Que no mueran nunca.
Y que las estrellas iluminen para siempre los rostros de sus víctimas.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Los infrahumanos



Este año prefiero terminarlo pensando en los infrahumanos:
En los maltratadores, violadores, gente de la peor calaña que se pasean impunes por nuestras calles mientras nosotras seguimos pa`lante como si fuéramos victimarias.
Pienso en los proxenetas, en esas alimañas que ponen mujeres a la venta como trozos de carne y pienso en los puteros que consumen vaginas a buen precio.
Pienso en aquellos que creen que tienen derecho a robar la paz y las materias primas a cambio de inflamar vientres que agonizan.
Pienso en los que firman acuerdos para que se construyan más vallas, para que se disparen más balas, para que se mueran los refugiados que esperan sin esperanza ser tratados sencillamente como seres que sienten y piensan.
Pienso en los patriotas que recuerdan la patria sólo cuando peligra su España y no cuando lo que peligran son las libertades democráticas.
Pienso en los carceleros, en los jueces, en los fiscales que persiguen a quienes no comulgan con sus ideas ni con sus leyes.
Pienso en los emperadores, unidos como hermanos para el desastre irreversible de la tierra, del mar, del aire.
Pienso en los inmensamente ricos, en los inmensamente miserables que cierran los ojos de la humanidad para siempre.
Pienso en todos ellos y en los indiferentes, en los machitos de puño izquierdo, en los antiimperialistas que aplauden lo que sucede en Yemen o en Siria, en los charlatanes republicanos que no dudan en besar al rey su mano, en los opinólogos que son liendres y de nada entienden, en la panadera que vota a la derecha, en los sindicalistas que hacen horas extras, en los que defienden la sentencia que mantiene a los de Altsasu en la cárcel, en los que se quedan mudos cuando es preciso que ladren, en los que ladran cuando es preciso que callen, pienso en todos aquellos que de una forma u otra son culpables de estas vidas que se parten, de estos pueblos que se rompen, de este vivir ahorcados por la guerra, la represión o por el hambre.
De este vivir sin alas, sin cielos, sin oasis.
Afirmo que son infrahumanos porque están a medio parir y a medio parir nos obligan a existir igual que bestias.



lunes, 17 de diciembre de 2018

El azar



Si volviera a nacer no sé dónde me dejaría el azar.
No sé si yo asomaría entre las piernas de una mujer para ver por primera vez la pobre luz de los que nada tienen.
No sé si vendría a la vida de una madre mil veces violada cuando en el horizonte dibujaron para ella un futuro de abundancia y creyó que era posible dejar atrás la miseria que sus padres le dejaron en herencia.
No sé si mi primer grito sería bajo los escombros de cualquier guerra, con una madre muerta y la soledad del calostro derramándose inútil por su piel gélida.
No sé si nacería en una ciudad que parpadeara impenitente su alegría mientras mi condena fuera la tristeza por ser mujer o por ser negra.
No sé si nacería en el campo cuando se reparte el jornal de las esclavas y se azota a quienes paren a deshora, a quienes no menstrúan, a quienes son embestidas por falos hasta preñarlas por la fuerza.
No sé si nacería en la cárcel una noche de tormenta, que recordara las torturas nueve meses antes.
No sé si el azar me dejaría en el útero de una mujer cuando en su casa todo escaseara y alguien le ofreciera por mí, dinero a tocateja.
Si volviera a nacer no sé qué rincón del mundo elegiría el azar para dejarme. Quizá el mismo que ahora tengo y desde el que afirmo que todas pudimos haber sido esa humanidad que crece sobremuriendo a duras penas.
Tuve suerte, eso es todo.
Pude haber tenido peor destino y ser otra la poeta que mira con nausea este mundo y lo cuenta.