miércoles, 4 de mayo de 2016

La premeditaciòn


La mala suerte no interviene
cuando el hambre acuchilla los vientres inflamados,
ni se pone a caducar la garantía de vida
sin tener en cuenta que son  los dueños del uranio y de la guerra
los que visten de luto las banderas.

La mala suerte no hundió a los hombres en las historias olvidadas,
ni permitió que fueran las mujeres  la mitad más golpeada,
ni consiguió, la mala suerte, crucificarnos por los siglos de los siglos
con el miedo al pecado,
con el miedo.

La mala suerte es cosa de unos pocos resignados.
No existe azar en la injusticia, es premeditada.
Calcula quienes serán sus víctimas,
cuerpo a cuerpo o por millares,
de sed o de patadas,
de pena o de rabia.
Hay pocas muertes casuales,
pocas hambrunas casuales,
ningún genocidio sin culpables.
Ningún desahuciado se muere
si antes  la injusticia  no ha premeditado su cadáver.

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