viernes, 14 de diciembre de 2018

El Bálsamo de Fierabrás



A esta hora se multiplican los nigromantes.
Asoman en las pantallas de televisión, en la prensa escrita, en las redes y en los libros con su aire de sabelotodo para convencernos de que ellos ven el porvenir en el poso de sus cafés y por eso saben que nada se puede hacer, que el mundo es así, que siempre hubo explotadores y explotados y lo mejor es prepararse para minimizar los daños.
Y se quedan tan panchos. Creen que vivimos en el mejor de los sistemas posibles. No imaginan que un paso más allá estamos nosotros preguntándonos por qué a las democracias se les llenan las tripas de cadáveres.
A estos nigromantes bien amaestrados en las universidades yo les diría que el porvenir que ellos pregonan viene ya degollado, que todo es un engaño porque detrás de las urnas, en la sombras o bien iluminados, los que lo tienen todo se reparten los despojos de lo que va quedando: tierra, aire, agua, materias primas, esclavos.
Y a estos nigromantes de manos y trajes finos, de locuaces oratorias, de púlpitos, estrados, de platós y editoriales les digo que nunca antes se llenó el aire con tantas mentiras. Que nunca antes hubo tantos mercenarios de las ideas en pie de guerra para inocularnos mansedumbre e impotencia.
Su oficio es convencernos de que las cadenas son mejores que las cuerdas.
Que mejor encadenados que ahorcados.
Que mejor aceptar esto que perderlo todo rebelándonos.
Y qué quieren que les diga, es urgente poner en evidencia que nos venden el Bálsamo de Fierabrás de la democracia  sabiendo que de nada sirve.


viernes, 7 de diciembre de 2018

A garrotazos



Nos domina la víscera, la entraña más vil, la casquería.
El cuerpo se nos llena de bilis y salimos a la caza del culpable. Fuera de nosotros mismos encontramos otros pueblos a los que dirigir el odio, otras banderas a las que señalar con el dedo y bajar de inmediato los pulgares.
También sucede con la izquierda que incapaz de mirarse a sí misma prefiere tomar el atajo de la ofensa, el menosprecio, la humillación de sus iguales.
Si el fascismo avanza en cualquier lugar del mundo, si llegan al parlamento andaluz o vasco, si pasean sus pezuñas, impunes y arrogantes, la responsabilidad es de todos nosotros que nos posicionamos en la trinchera de la izquierda. No estamos haciendo bien nuestro trabajo en el desierto de las ideas, no sabemos organizarnos de manera adecuada, preferimos atomizar cada lucha con nuestras diferencias, en definitiva:  no tenemos ombligo en el que mirarnos.
Lo cierto es que yo sé muy pocas cosas, casi nada, pero lo que sí sé es que mientras nos lanzamos pedradas, nos arrancamos la piel a dentelladas, mientras lanzamos arena a los ojos de compañeros potenciales, las victorias son de otros y también las calles.


lunes, 3 de diciembre de 2018

Compañeros andaluces



Compañeros andaluces, nombres anónimos que a pie de calle ondeáis la bandera del antifascismo:
He apretado vuestras manos como se aprietan las ideas que se llevan hasta la muerte.
He caminado a vuestro lado por esa tierra emputecida tan llena de injusticias y he compartido palabras y vino en tardes que nunca terminan.
He comprobado que vuestro coraje no se desgasta con los años si no que se estrena una y otra vez con cada día.
Os he visto en el arte, en la literatura, en el cante.
Os he visto arañando la memoria de los asesinados.
Os he visto solidarios con el inmigrante, solidarios con otros pueblos, de frente frente al imperio.
Compañeros, la lengua bífida del fascismo se estrenará en vuestro parlamento, bajo vuestro mismo techo, pero podía haber sido bajo el nuestro.
Nada nos separa.
Siempre hubo, en todos los lugares, esclavos contentos que a pesar de su hambre antigua besan los pies de quienes tienen en propiedad el suelo, el cielo y el aire.
Compañeros antifascistas, hombres y mujeres de bien que nunca claudicáis: hoy necesitamos el pecho frío, el puño alzado, las venas ardientes y esa lucha solemne y ejemplar que asciende desde las raíces por toda Andalucía.

domingo, 2 de diciembre de 2018

España ha muerto



Los inmigrantes van y vienen por nuestras calles; nos venden pañuelos mientras tomamos café, limpian nuestras casas, cuidan de nuestros niños y de nuestros ancianos, trabajan a destajo en los andamios, de sol a sol en los invernaderos, se dejan la vida en las vendimias. Los que trabajan.
Los que no lo hacen, los que no encuentran quien pueda explotarles, invisibles a nuestros ojos, no existen salvo para ser perseguidos, hostigados, golpeados, detenidos por la policía o asesinados por cualquier fascista.
Y siguen viniendo a través del mar o atravesando las fronteras, siguen llegando a nuestra tierra compañeros que quieren lo mismo que nosotros: paz, pan, techo, salario.  Son iguales que nosotros, pero más pobres porque a ellos los han empobrecido más salvajemente, porque a ellos los diezman con sed y plomo, porque para ellos vivir tiene la urgencia de la huida, la urgencia del exilio, la urgencia de escapar, aunque paguen el peaje con sus propias vidas.
Y este país de mierda los trata como si fueran bestias, como si fueran despojos, como si fueran piedras.
Estoy tan harta de esta España deshonesta, tan vil y tan canalla.
Tan harta estoy de las palabras necias, de ver a estos compañeros llegando a nuestras costas para encerrarlos en cárceles donde reciben golpizas o se ahorcan.
Qué espanto esta España, qué hueca está, qué tierra de egoísmo y desmemoria.
No hay remedio, España ha muerto.

viernes, 30 de noviembre de 2018

La casa sin barrer



Estos últimos años, décadas quizá, hemos transitado desde la pobreza a la indigencia. No sólo económica que ya es bastante, también indigencia política y judicial. Tres pilares que carcomen nuestro porvenir y lo dejan a merced de los más bestias.
Perfectamente manipulados no vemos los andrajos ni la sarna que nos rodea y representa.
Y me niego a creer que esto es irreversible, que debemos quedarnos así, tal cual, con esta podredumbre que se esparce ante la mirada indiferente de los más miserables.
Yo me niego a creer que no seremos capaces de recuperar a la fuerza la dignidad que nos han expropiado.
Me niego a creer que no pondremos en su sitio a todos aquellos que han colaborado en la descomposición de este cadáver que es la democracia.
Primero llegaron con la crisis, después llegaron con las leyes y remataron con las cárceles.
De creer poco a no creer en nada.
De esperar a desesperanzarse.
De salir a las calles a dejarlas vacías.
Es nuestra también la indigencia.
La lucha la hemos empobrecido para dejarla desnutrida a los pies de las urnas.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Las jaulas



Una buena forma de someter a un pueblo es dejar que piense que es libre.
Libre para pensar, para elegir, para comprar, para vender.
Libre para expresarse, para crear, para quejarse, para cambiar.
Sucede que nada de esto es cierto. Sucede que la libertad de pensamiento está ahora mismo contra las cuerdas.
Los más ingenuos creen que sus ideas nacen de ellos mismos y no corren ningún riesgo, aplican su pensamiento en lo cotidiano y dicen sentirse representados, protegidos por una ley que blinda su ideología.
Pero la libertad de pensamiento que hace peligrar esta narcosis social, la que cuestiona una y otra vez la farsa de la democracia, el pueblo libre que analiza la realidad y se posiciona en contra es un excluido, un paria, un amargado que utiliza la palabra para violentar la paz de los esclavos y por eso deben quitársela, está justificado que vaya entre rejas. No les gusta que nadie les diga que caminan como si fueran calaveras.
La libertad de pensamiento tiene unos límites claros, unas fronteras que no deben ser traspasadas, es una jaula donde vuelan ideas. Si salen fuera serán atacadas por las bestias.
Pero el mundo fue cambiando porque hubo quienes se atrevieron a volar en otros cielos.
Porque no se conformaron con decir amén y elegir entre tiranos.
Porque contagiaron con sus sueños a los más resignados.
Porque imaginaron un porvenir de pueblos sin canallas.
Hoy la libertad de pensamiento es de nuevo una quimera, de nuevo la cárcel es una amenaza, de nuevo el ostracismo es una condena. De nuevo nos encontramos hablando por lo bajo, midiendo los pasos, mirando para atrás por si viene alguien.
En este mundo de cautivos han declarado la guerra a quienes señalan el fraude de la libertad con cadenas.

viernes, 23 de noviembre de 2018

La publicidad



Habrá que preguntarse por qué a las alimañas fascistas se las trata en los medios de comunicación como algo residual, anecdótico, casi folclórico.
Los vemos desfilar ante las cámaras con sus banderas, con su merchandising; viejas temblorosas con el brazo alzado, jóvenes matones y descerebrados, mujeres que se toman el café diario en bares donde guardan con nostalgia las balas que no fueron usadas, misas por el genocida, curas que  desabrochan su bragueta mientras dan vivas a Franco, tertulianos que echan leña al fuego con sus odios viscerales, desfiles por las calles, insultos, golpizas, vía libre en las redes sociales y los medios de comunicación casi ríen con sus amenazas, con sus gracias, con su estética cañí y su todo por la patria.
No quieren hacerse cargo de esta realidad que tenemos entre las manos. El trato que les dan favorece que salgan de las madrigueras, los alimenta, los hace crecer, consigue que se reproduzcan sus ideas.
Ahora mismo se están organizando contra todo aquel que quiera romper España, contra todo aquel que no sea facha, contra los extranjeros más pobres, contra los políticos y las mujeres libres, contra los homosexuales, contra ti y contra mí, contra todas las que estamos en esta trinchera exigiendo una democracia de veras.
Mientras escribo estas letras seguro que en alguna cadena de televisión hay un micrófono buscando al fascista que quiera hablar sobre los huesos del asesino, sobre El valle de los caídos, sobre lo mal que está España desde que llegó la “izquierda”. Si les tiran de la lengua dirán que están con ganas de salir a cazar.  Y tranquilamente después darán paso a publicidad.