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jueves, 3 de septiembre de 2020

Martín Villa


 Todos sabemos que hoy declara Martin Villa por los asesinatos del 3 de marzo en Gasteiz, de Arturo Ruiz y así hasta doce acribillados a balazos en aquel tiempo.

Como no podía ser de otra manera ha salido en su defensa una piara de sindicalistas y ex presidentes.

Argumentan los valores democráticos del susodicho y las bondades de la Transición. ¡manda huevos ¡

Como si ahora mismo gozásemos de una democracia ejemplar y los muertos fueran el peaje inevitable para poder disfrutar cada cuatro años de ella.

Sucede que no es así y lo saben.

Sucede que la impunidad fue el pacto más sangrante que hicieron y que fueron apuntalando uno tras otro, década tras década hasta hoy.

Son todos cómplices de la España traicionada que lleva los nombres de sus victimas por esta tierra amnésica.

Sucede que casi todos los que apoyan a este tipo tienen cadáveres que esconder en el armario: traiciones, oscuros acuerdos, terrorismo de estado, intervenciones genocidas en el extranjero… y un largo etcétera.

Son casi todos portavoces de una democracia que avergüenza, que encarcela, que mutila libertades.

Que se empeña en pasar página y en ignorar a los asesinados.

Hoy brindo mientras declara Martin Villa. Ojalá sea el primero de tantos.

 

 

domingo, 5 de julio de 2020

El perdón



Estos días estamos viendo a los fascistas por nuestros pueblos. Sus risotadas, provocaciones y falacias pudren el aire impunemente.
Y no puedo dejar de pensar en nuestros viejos. En esos hombres y mujeres, hijos, hermanas, nietos de aquellos que fueron asesinados.
Pienso en sus tragedias, en sus infancias destrozadas, en su empeño por no olvidar la barbarie de la que fueron víctimas. En las flores dejadas en las cunetas, en las marcas de disparos en las tapias de los cementerios, en las cabezas rapadas, en los campos de concentración, en el hambre y en la sarna que dejaron sus vidas marcadas.
Décadas después estamos como al principio, de nuevo las bestias, con sus discursos tan pueriles como peligrosos, vienen a nuestras casas, aún dolidas y sin justicia, para quedarse mucho tiempo.
Y me avergüenza esta patria de asesinos con medallas y con estatuas.
Me avergüenza esta democracia que nunca se puso en práctica y que hoy permite que de nuevo patrullen las calles infrahumanos capaces sólo de violencia.
Y no puedo mirar a los ojos a nuestros viejos porque morirán sin justicia y lo que es peor irán muriendo mientras se apuntalan los cimientos de un nuevo fascismo avalado en las urnas.
Ojalá puedan perdonarnos. Los verdugos se abren paso y somos cada vez menos a este lado de la trinchera.

jueves, 7 de mayo de 2020

Billy el Niño



Qué mujer partió su cuerpo para parirte.
Qué infancia te pudrió,
qué letras, qué iglesias, qué plomo se coló en tus huesos
hasta hacer de ti quien eras.

Cómo llega un ser humano  a tener tu oficio,
de 8 a 5,
con horas extras,
con paga doble,
con muertos sin remorder una pizca tu conciencia.

Qué ideas, qué alcobas,
que desprecios o qué honores
te regalaron  los gritos ajenos,
el miedo pegajoso supurando entre tus dedos,
las pieles abrasadas asfixiando el aire que tú mismo respirabas.

Qué madre
ajena al monstruo que germinó,
alimentó tu hambre,
curó tu insana existencia,
durmió tus sueños de hiel y mierda.

Qué madre no abortó
al niño que se hizo bestia.

lunes, 30 de marzo de 2020

La calle es de ellos



La calle es de ellos.
Cachetes, empujones, insultos, golpes, patadas, detenciones….
No quiero ni imaginar qué es lo que está pasando en las comisarías.
Ahora mismo no les importa que les graben o les griten desde las ventanas porque, aunque son fácilmente identificables nada va a sucederles. Es un estado de excepción y ellos mandan.
Qué mas da si es un enfermo mental, si es una madre angustiada, si es un trabajador en bicicleta o una persona con un brote esquizofrénico. Primero se le da la hostia luego veremos quien se hace responsable.
La impunidad patrulla las calles, los imbéciles aplauden y los demás nos asomamos a las ventanas con el móvil como si fuera un arma con la que disparar directamente a Facebook.
La calle es de ellos, de ellos también la amarga popularidad en las redes.
Cuidémonos de las bestias, acechan.
No hay salvoconducto que nos proteja.
A grabar, cuando se pueda.
A gritar cuando se deba.

sábado, 6 de abril de 2019

Nuestros viejos



No puedo evitar pensar que hasta el momento no hemos conseguido ni siquiera un poquito de justicia para nuestros viejos.
Van muriendo como si nada.
Década tras década, sepultura tras sepultura. Puñados de desprecio sobre vuestra memoria.
Y caminamos por las calles, ausentes, desenfadados, rebeldes, cansados y a nuestro lado un anciano arrastra su bastón  o desea hablarnos en la cola del supermercado  o lo vemos leyendo el periódico en un parque o de la mano de sus biznietos y no detenemos el paso  para explicarles qué hicimos con sus ideas después de ser tiroteadas, qué fue de su lucha al hacerla nuestra  o por qué  aún no conocemos una democracia de veras.
Es triste saber que se mueren sin abrazar la bandera por la que perdieron la libertad y la vida.
Nuestro presente es otra condena en el umbral de su agonía.

Tanta política del escarmiento.
Tanta cabeza rapada, tanto paredón y  delaciones.
Tanto exilio y cárcel y cruz.
Tanta muerte desabrochada.
Tanto daño a un pueblo que amaneció soñando y se acostó envuelto en un sudario para comprobar que hoy hemos traicionado su legado.

Y van muriendo gota a gota.
Y  siempre son nuestras las derrotas.
Los fascistas ganan por las balas o por las urnas
y nuestros viejos se mueren
nombre a nombre.
Sin una sola victoria.



lunes, 21 de enero de 2019

La médula espinal



España es un pueblo de verdugos donde esconden los crímenes cometidos como si nunca hubieran sucedido, como si las víctimas fueran fantasmas que deliran.
España conserva intactos a los matarifes, los mantiene vivos hasta que a golpe de impunidad van dejando su legado en otras picanas, en otros fusiles.
Maldita España oscura de sombras que se alargan también en nuestro siglo.
Porque después del franquismo vino la transición con más de 500 asesinados, porque después de la transición continuó la tortura y el GAL apareció y desapareció casi sin castigo, porque después han seguido las detenciones arbitrarias, los montajes policiales, la cárcel para inocentes como el caso de Altsasu, o la represión brutal contra Cataluña.
Y en esta España tenebrosa, con tanto dolor arrastrándose hasta nuestros días vienen a repetirnos una y otra vez que esta es una tierra de justicia.
Y en esta España que nos veja, que arrincona, que traiciona, que humilla a los que mantienen vivas sus heridas es imposible lo que en otros cielos es posible.
Porque de nada sirve una democracia si la impunidad es la médula espinal que la sostiene.

jueves, 31 de mayo de 2018

Billy el Niño



Billy el Niño simboliza la brutalidad de un tiempo no tan pretérito, pero también simboliza la impunidad de los torturadores en el momento actual.
Sería iluso pensar que este esputo humano es sólo eso, un vestigio del pasado. No es así. Sus aprendices han tomado nota y han mejorado sus métodos. Ahora los más listos golpean sin dejar marcas, son expertos en tortura sicológica y dejan que los gritos de los torturados en otras celdas se oigan limpios. Provocan el agotamiento físico, violan a hombres y mujeres con palos, porras, penes ... hasta que el detenido se derrumba vulnerable a los pies de sus matones.
Y a otra cosa mariposa.
Pueden seguir haciéndolo porque Billy siempre estuvo libre. Es un héroe.
Pueden hacerlo más y mejor que él.
Pueden llevar hasta la muerte al emigrante. Ya habrá quien limpie la sangre.
 Estos funcionarios cobran y son condecorados por causar terror. No están huérfanos, son los hijos de una época en la que se hizo borrón y cuenta nueva y las bestias salieron a la calle como si nada, como si nunca hubieran tenido un solo cadáver desgarrado por sus pezuñas.
Así las cosas, se van muriendo de viejitos y heredan su legado nuevas bestias con pezuñas colosales.
Este país, es cierto, es una mierda. Una mierda envuelta en la impunidad que nos regaló la democracia.

sábado, 12 de mayo de 2018

Yo sí creo en la justicia



Desde la mal llamada transición hasta nuestros días, cientos de asesinatos han quedado impunes, la extrema derecha y las fuerzas de seguridad del estado han paseado a sus anchas en libertad después de haber torturado y de haber sido maestros del gatillo fácil.
Pese a sus crímenes no han pisado la cárcel o la han conocido fugazmente y, además, muchos de ellos, han sido condecorados o ascendidos.
 Premiados por su barbarie respiran el mismo aire que las víctimas fortaleciendo la creencia de que pueden hacer lo que se les ponga en los cojones porque ya hay quienes dan la cara por ellos y tuercen las leyes hasta tenerlos en la calle.
Esto es motivo suficiente para no creer en la justicia, para darse cuenta de que la balanza se inclina siempre para el mismo lado y que la reparación al daño causado es sólo un sueño de los que se esfuerzan en no pasar página. 
Últimamente vemos igual de claro que la justicia es igual de desafiante que en otros tiempos y nos ordena callar de inmediato porque aún hay mucho sitio para nosotros en las cárceles.
La sentencia a los violadores de la manada, esa falta de empatía, ese ninguneo a los padecimientos de las mujeres, esos argumentos feminicidas nos ponen en guardia y nos encontramos de nuevo afirmando: la justicia no existe.
  La libertad de expresión, la libertad de pensamiento y la libertad de movimiento están tan acorraladas por las leyes que cualquier palabra, gesto, broma nos puede sentar en el banquillo para obligarnos a decir otra vez: la justicia no existe.
Ahora esperamos lo que dictaminen los jueces sobre los jóvenes de Altsasu a todas luces inocentes del delito de terrorismo que se les imputa. Tres de esos jóvenes llevan en el talego más de 500 días y de nuevo estamos esperando la sentencia, pero desde ya podemos decir que para esos jóvenes la justicia no existe.
Y es cierto que no podemos esperar nada bueno de los que la administran, de los que hacen la vista gorda ante las torturas y los abusos y la orfandad de los que están entre rejas. Pertenecen a una clase que nada tiene que ver con nosotros y su mirada mayormente está empañada. Es servil a quienes le pagan.
Pero la historia de los oprimidos siempre ha sido la misma, una búsqueda incansable de la justicia, una urgente necesidad de encontrarla, desenterrando fosas comunes, señalando a pecho descubierto a los tiranos, arriesgando pueblos, infancias, territorios.

Por esos hombres y mujeres que nos precedieron yo sí creo en la justicia. Creo que es obligación nuestra exigirla con mayúsculas como la exigieron muchos desde el exilio o desde los infiernos a los que fueron confinados.
Sigamos creyendo en ella porque es lo que va a mantenernos en pie en medio de este desastre.
Sigamos creyendo en ella, aunque los violadores vivan plácidamente esperando su absolución, aunque los mangantes alardeen de su culpabilidad, aunque este país sea una mierda y las leyes ahoguen a todo el que se mueva.
Debemos ser firmes y no claudicar. Con esta desesperada impotencia, con esta rabia, con esta furia que se desata día sí y día también cuando vemos a la gente esposada por unas ideas, por unas canciones, por unas banderas, por una pelea.
La Justicia claro que existe.
Camina con los zapatos de los victimarios mientras el pueblo la busca con los pies descalzos.


miércoles, 1 de marzo de 2017

3 de marzo, Gasteiz


El 3 de marzo asesinaron en Gasteiz a cinco trabajadores. A quemarropa.
Más de cien personas heridas, muchas de ellas de gravedad.
 Se paró en seco la ciudad, los que no están acostumbrados a tener miedo lo tuvieron y sin temblarles la voz dieron la orden de los “mil tiros”, de “la mayor paliza de la historia”, de la masacre.
Los que luchaban pagaron con cinco vidas y la impunidad continuó su camino hasta nuestros días.
Hoy todo sigue atado y bien atado, la clase trabajadora desorientada, perdida en las colas del desempleo, detrás de los mostradores de las tiendas, de las barras de bar, re -esclavizada por las ETTs, mendiga en los comedores solidarios, desahuciada una y otra vez languidece en los barrios y en los pueblos tragando toda esta violencia.
Inmóvil y aislada parece que no tiene fuerza para responder a los latigazos que reciben.
Y van pasando los años y cada vez es más grande el abismo por donde son defenestrados los emputecidos. Cada vez son más los que caen en este empobrecimiento insostenible, donde el trabajo no da pa comer, donde el trabajo es casi un espejismo.
 En 1976, en Gasteiz, en toda Euskal Herria, en aquel tiempo en todo el Estado español se plantó cara a este destino fatal que quería condenarnos a la mansedumbre, a la ceguera, a la afonía.
Hoy la condena es firme.
Sentenciada a la miseria, la clase trabajadora no reacciona o lo hace aisladamente o se sienta a esperar que un mesías detenga los ataques.
Da tristeza pensar que tantas vidas tiroteadas por toda la geografía hoy no nos sirvan.
 Sin conciencia, hambreados, esclavizados, aceptamos cabizbajos no salvarnos a nosotros mismos.
¿Hasta cuándo podremos resistirlo?

domingo, 5 de junio de 2016

Gladys del Estal, ( asesinada 3 de junio 1979)


 .
3 de junio de 1979

 Fue asesinada Gladys del Estal Ferreño por el guardia civil José Martínez Salas en Tudela (Navarra), durante una manifestación antinuclear. El asesino fue juzgado el 14 de diciembre de 1981 en Pamplona en un proceso lleno de irregularidades, y condenado a sólo un año y medio de cárcel, que no llegó a cumplir, casi la misma pena que la de un ecologista de Mallorca (un año de cárcel), cuyo único delito fue colocar una pancarta de protesta contra la muerte de Gladys.

Que fácil fue matar a una mujer sentada.
Qué fácil el disparo en la nuca, la patada.
Por cojones, porque le dio la gana,
porque ordenaron dar caña,
abrir fuego,
 dispersar la paz a golpes de culata.

Qué fácil decir después
 que fue imprudencia temeraria
para pasar página con el asesino premiado
con medallas.

Qué difícil es hoy mirar pa atrás,
recorrer los caminos de tu ideario,
ver que tus huellas están aún marcadas,
que no tuviste la sencilla revancha del castigo a los canallas.

Qué difícil es creer en las urnas
cuando se atajó a la conciencia con metralla,
cuando se reventó tu vida con un tiro de gracia,
cuando por tu nuca, Gladys, entró el plomo
y por la nuca de los pueblos entró  la democracia. 

sábado, 3 de octubre de 2015

Nuestros viejos, nuestras viejas


No puedo evitar pensar que hasta el momento no  hemos conseguido ni siquiera un poquito de justicia pa nuestros viejos, pa nuestras viejas.
Van muriendo como si nada
Década tras década, sepultura tras sepultura. puñados de desprecio sobre vuestra memoria.
Y caminamos por las calles, ausentes, desenfadados, rebeldes, cansados y a nuestro lado un anciano arrastra su bastón  o desea hablarnos en la cola del supermercado  o lo vemos leyendo el periódico en un parque o de la mano de sus biznietos y no detenemos el paso  pa preguntarles qué hicimos con sus ideas después de ser tiroteadas, qué fue de su lucha al hacerla nuestra  o por qué  aún no conocemos una democracia de veras.
Es triste saber que se mueren sin abrazar la bandera por la que perdieron la libertad y a justicia.
Nuestro presente es otra condena en el umbral de su agonía.

Tanta política del escarmiento.
Tanta cabeza rapada, tanto paredón y  delaciones.
Tanto exilio y cárcel y cruz.
Tanta muerte desabrochada.
Tanto daño a un pueblo que amaneció soñando y se acostó envuelto en un sudario para comprobar que de alguna forma hemos traicionado su legado.

Y van muriendo gota a gota.
Y  siempre son nuestras las derrotas.
Los fascistas ganan por las balas o por las urnas
y nuestros viejos,
nuestras viejas se mueren
nombre a nombre.

Sin una sola victoria.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Impunes y con honores, los torturadores.


Qué mujer partió su cuerpo para parirte.
Qué infancia te pudrió,
qué letras, qué iglesias, qué plomo se coló en tus huesos
hasta hacer de ti quien eras.
Cómo llega un ser humano  a tener tu oficio,
de 8 a 5,
con horas extras,
con paga doble,
con muertos sin remorder una pizca tu conciencia.

Qué ideas, qué alcobas,
que desprecios o qué honores
te regalaron  los gritos ajenos,
el miedo pegajoso supurando entre tus dedos,
las pieles abrasadas asfixiando el aire que tú mismo respirabas.

Qué madre
ajena al monstruo que germinó,
alimentó tu hambre,
curó tu insana existencia,
durmió tus sueños de hiel y mierda.

Qué madre no abortó
al niño que se hizo bestia.

domingo, 31 de mayo de 2015

Ursino Gallego


Ursino Gallego-Nicasio, 14 años, moriría el 4 de marzo de 1979 durante una manifestación convocada por las asociaciones de vecinos para protestar por la escasez de agua en Parla. Recibiría un impacto de bola de goma en el tórax que le produciría una hemorragia interna y la muerte. 

Porque tu pueblo se hartó de vivir sediento
esperando la limosna impuntual de los que atesoran lo nuestro.
Porque  pa crecer con dignidad nunca alcanza
el gota a gota,
el quizá mañana,
el cojan número y esperen su turno.

 Se hartó tu pueblo
 y salió a la calle
pidiendo agua.

Pidió agua y el miedo se hizo pólvora,
se hizo llanto,
se hizo rabia.

Porque se hartó tu pueblo,
se cansó de esperar sin manantiales.

Porque ni ríos,
ni lluvia,
ni mares.

Parla se puso en pie
y  lo castigaron
con  tu muerte a bocajarro.


martes, 26 de mayo de 2015

Mikel Zabalza


Mikel Zabalza fue detenido por la Guardia Civil el 26 de noviembre de 1985 y dìas despuès apareciò muerto en el rìo Bidasoa


Yo tenìa 17 años cuando te mataron.
Recuerdo tu nombre clavado en el aire,
el sabor a miedo,
la pústula  que se abre en un pueblo cuando muere alguien
y todos saben que el verdugo te ahogó entre cuatro paredes.

Recuerdo también
las palabras que se derramaron sobre tu cadáver,
la culpa pasando de manos,
el pegajoso  crimen entre sus labios
y recuerdo también las calles
y a los jóvenes hablando alto,
y las asambleas en las que no había voz si no rabia,
porque matar así,
porque doler así,
porque el agua, la bañera, la picana,
son costumbre entre  bestias.

Recuerdo también el tiempo,
las semanas, los años…

Hoy tengo 46
 aún hoy
 está  tu nombre
clavado en el aire
y el pueblo, Mikel,
lleva en su vientre
la herida amarga,
el río amargo,
la amarga impunidad
de los que se atrevieron a matarte.

sábado, 16 de mayo de 2015

El torturador


El torturador
multiplica dolor y a manos llenas
esparce gritos sobre la celda.

En su salario no sólo pan,
también picana y bañera.
En su curriculum
cadáveres flotando,
cadáveres abrasados,
cadáveres perdidos.

El torturador se duele
del precio de la vida
pero en su horario,
quizá de 9 a 5,
cobra con golpes y saña
su hastío.

El torturador,
es un amable vecino,
un tipo respetable ante sus hijos,
un gentil, un donjuán,
un sensible llorón
pero cuando frente a frente,
se queda a solas con su odio
 la impunidad es la herramienta
 y aplica minucioso
todos los tormentos hasta que
el corazón   no puede más y se atrinchera
en la inconsciencia.

El torturador, después, con las manos limpias,
 va a misa, a jugar al dominó,
o a un concierto de canción protesta.