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lunes, 25 de mayo de 2020

Antifascista: presente¡


  

El compañero granadino Javier Cuesta ha sido agredido por los fascistas. En su propia casa. Golpes en la cara, en el estómago, en la espalda.
Su delito: tener la bandera republicana colgada del balcón.
Primero fueron a mear en su portal y después subieron hasta su domicilio, entraron a saco, rompieron lo que pudieron y le patearon.
Esto no es un hecho aislado, los matones campan a sus anchas por las calles blindados por un sistema judicial y por una policía que les aplaude, son los señoritos del sistema.
Y podemos reírnos tanto como queramos de su parafernalia de banderas desfilando por las aceras, de sus manifestaciones de opereta, de sus bufonadas ignorantes pero lo cierto es que más allá de estas risas que nos echamos están multiplicándose. La bestia crece.
La gravedad de la situación exige ponernos en guardia.
Con estos cerdos sin pezuñas es inútil apelar al sentido común, a la palabra. Se les combate por la fuerza. Por ovarios. Por cojones.
Toda mi solidaridad al compañero Javier.
Y todo mi desprecio a los fascistas que hoy pretenden continuar con su antiguo trabajo de gatillo fácil, de asesinatos anónimos, de golpizas cobardes.

  

viernes, 10 de enero de 2020

Nuestra España hoy


Hay mucho ruido, demasiado ruido. Las voces broncas, los insultos desquiciados, los gestos iracundos de quienes no aceptarán nunca que España también sueñe sueños alejados de su patria grande y poco libre.
El ruido es molesto y revienta tímpanos, el ruido es también ruido de sables.
Los oligarcas tiemblan, los curas esconden bajo sus sotanas las escrituras de las propiedades adquiridas de manera poco honesta, el ejército empieza a mover hilos, a mirar los mapas y a los enemigos, a sacar brillo a sus odios atávicos.
Los medios de comunicación obedecen órdenes; disciplinados y atentos escriben al dictado lo que no sucede, lo que no se dice, lo que no agrede y obvia mansamente las agresiones más graves, las detenciones más arbitrarias, las injusticias más flagrantes.
Las ideas más antiguas y asesinas son engrasadas en el parlamento con la mirada tierna de quienes dicen que es tolerancia reírles las gracias.
Esta es nuestra España hoy.
Pero en realidad lo que sucede es lo de siempre: peligran los intereses mezquinos de quienes perpetúan la explotación, de quienes viven a costa del empobrecimiento ajeno, de quienes no se avergüenzan de bajar los pulgares a la clase obrera.
En la sombra, son los que gobiernan a espaldas de la democracia.
Esta es nuestra España; un trozo del mundo similar a otros trozos. Con presos políticos y leyes mordazas, con salarios de mierda y colas de hambre, con golpizas a maricones y violaciones en manada. 
Un trozo de mundo similar a otros trozos que hoy sueñan y se empeñan en hacerlo más justo.


jueves, 9 de mayo de 2019

No son los de siempre



El fascismo de pecho al descubierto está ya en el parlamento.
Muchos dicen que son los de siempre, los que estaban aguardando el momento para salir a la luz de nuevo, los viejos nostálgicos que conocieron y amaron a los matarifes, los que siempre han levantado el brazo y besado la bandera rojigualda, los que afirman contundentes que con Franco se vivía mejor.
Yo no creo esto.
Pienso que hay una nueva generación de fascistas que no identificamos. Jóvenes atados a un pasado que no conocieron pero que añoran, deseosos de un orden en la vida sin emigrantes, ni maricones, ni mujeres emancipadas.
Una generación de jóvenes con las entrañas podridas de violencia, hijos de la ignorancia más peligrosa, parias desempleados que encuentran al enemigo enfrente de sus casas.
Carne de gimnasio y esteroides, ambiciosos del consumo, gentes con las que quizá trabajamos o vamos al futbol. Mono neuronales que ven en el insulto, el desprecio y el golpe la forma más eficaz de descargar la ira que acumulan en este sistema que los machaca desde la infancia.
Estos cráneos vacíos son carne de cañón que se organiza, que se arma, que sale a la calle a cazar y que, llegado el momento, guiados por mesías asesinos, enarbolarán ideas criminales y pasarán a cuchillo a quienes les estorban.
No podemos pecar de ingenuos sosteniendo la idea de que son los de siempre.
Es una generación nueva, sin presente, ansiosos de estrenar una nueva España, ansiosos por conquistarla y someterla de una vez por todas.
Una generación que se siente arropada por Europa, por las leyes, por sus razones negras que crecen y crecen.
Estamos en peligro, vendrán a por todos, no es pesimismo de poeta.
Ya están en las instituciones, ya son un poco más dueños de la tierra que pisamos.
Otra vez la amenaza. Y nosotros silbando mientras pensamos que son los viejos de siempre.

viernes, 1 de marzo de 2019

Entre España y yo



Entre España y yo hay un río apestoso
y hay un puente que me une con el trigo y las canciones
de quienes levantando el puño desafían el desprecio criminal
de los vencedores.

Entre España y yo hay demasiados muros y ruinas
y hay brazos desescombrando hueso a hueso a sus familias
y hay largas filas de hombres y de mujeres
acariciando sepulturas vacías.

Entre España y yo hay herejes y traidores,
hay cortijos, hay picanas, hay mugrientos corazones
y hay voces que no se cansan de vivir sin rendiciones.

Entre España y yo hay quienes añoran la soga y los paredones
y hay quienes se ponen en pie para señalar
a los que viven con la gloria de sus crímenes.

Entre España y yo no hay reconciliación posible,
se cae a pedazos, se derrumba, se muere podrida.
Pero entre las piedras y el lodo,
Entre el plomo, las calaveras y las vértebras partidas
viene naciendo otra España que ni perdona ni olvida.

sábado, 12 de mayo de 2018

Yo sí creo en la justicia



Desde la mal llamada transición hasta nuestros días, cientos de asesinatos han quedado impunes, la extrema derecha y las fuerzas de seguridad del estado han paseado a sus anchas en libertad después de haber torturado y de haber sido maestros del gatillo fácil.
Pese a sus crímenes no han pisado la cárcel o la han conocido fugazmente y, además, muchos de ellos, han sido condecorados o ascendidos.
 Premiados por su barbarie respiran el mismo aire que las víctimas fortaleciendo la creencia de que pueden hacer lo que se les ponga en los cojones porque ya hay quienes dan la cara por ellos y tuercen las leyes hasta tenerlos en la calle.
Esto es motivo suficiente para no creer en la justicia, para darse cuenta de que la balanza se inclina siempre para el mismo lado y que la reparación al daño causado es sólo un sueño de los que se esfuerzan en no pasar página. 
Últimamente vemos igual de claro que la justicia es igual de desafiante que en otros tiempos y nos ordena callar de inmediato porque aún hay mucho sitio para nosotros en las cárceles.
La sentencia a los violadores de la manada, esa falta de empatía, ese ninguneo a los padecimientos de las mujeres, esos argumentos feminicidas nos ponen en guardia y nos encontramos de nuevo afirmando: la justicia no existe.
  La libertad de expresión, la libertad de pensamiento y la libertad de movimiento están tan acorraladas por las leyes que cualquier palabra, gesto, broma nos puede sentar en el banquillo para obligarnos a decir otra vez: la justicia no existe.
Ahora esperamos lo que dictaminen los jueces sobre los jóvenes de Altsasu a todas luces inocentes del delito de terrorismo que se les imputa. Tres de esos jóvenes llevan en el talego más de 500 días y de nuevo estamos esperando la sentencia, pero desde ya podemos decir que para esos jóvenes la justicia no existe.
Y es cierto que no podemos esperar nada bueno de los que la administran, de los que hacen la vista gorda ante las torturas y los abusos y la orfandad de los que están entre rejas. Pertenecen a una clase que nada tiene que ver con nosotros y su mirada mayormente está empañada. Es servil a quienes le pagan.
Pero la historia de los oprimidos siempre ha sido la misma, una búsqueda incansable de la justicia, una urgente necesidad de encontrarla, desenterrando fosas comunes, señalando a pecho descubierto a los tiranos, arriesgando pueblos, infancias, territorios.

Por esos hombres y mujeres que nos precedieron yo sí creo en la justicia. Creo que es obligación nuestra exigirla con mayúsculas como la exigieron muchos desde el exilio o desde los infiernos a los que fueron confinados.
Sigamos creyendo en ella porque es lo que va a mantenernos en pie en medio de este desastre.
Sigamos creyendo en ella, aunque los violadores vivan plácidamente esperando su absolución, aunque los mangantes alardeen de su culpabilidad, aunque este país sea una mierda y las leyes ahoguen a todo el que se mueva.
Debemos ser firmes y no claudicar. Con esta desesperada impotencia, con esta rabia, con esta furia que se desata día sí y día también cuando vemos a la gente esposada por unas ideas, por unas canciones, por unas banderas, por una pelea.
La Justicia claro que existe.
Camina con los zapatos de los victimarios mientras el pueblo la busca con los pies descalzos.


lunes, 2 de octubre de 2017

Estàn aquì


El fascismo con su inmensa lengua de fuego está a aquí;
calienta las ideas de frustrados oligarcas,
de nostálgicos,
 de piojosos parlanchines,
de ilustres buscavidas sin pudor ni empatía.
El fascismo abrasa patrias, banderas, desobediencias,
para sacar tajada de la agonía.
El fascismo se cuela  en la rutina,
en Kiev, en Caracas, en Madrid.
Armado con  escasa ideología
suma odio resta vida,
 anhela las razones por las que aquí,
los muertos no tienen nombre,
ni tienen sepultura.

Están aquí,
sapos deformes
con su lengua que envenena
cuerpos, libros, libertades.
Están aquí, otra vez,
una vez más.
Pero no son invencibles.