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lunes, 17 de diciembre de 2018

El azar



Si volviera a nacer no sé dónde me dejaría el azar.
No sé si yo asomaría entre las piernas de una mujer para ver por primera vez la pobre luz de los que nada tienen.
No sé si vendría a la vida de una madre mil veces violada cuando en el horizonte dibujaron para ella un futuro de abundancia y creyó que era posible dejar atrás la miseria que sus padres le dejaron en herencia.
No sé si mi primer grito sería bajo los escombros de cualquier guerra, con una madre muerta y la soledad del calostro derramándose inútil por su piel gélida.
No sé si nacería en una ciudad que parpadeara impenitente su alegría mientras mi condena fuera la tristeza por ser mujer o por ser negra.
No sé si nacería en el campo cuando se reparte el jornal de las esclavas y se azota a quienes paren a deshora, a quienes no menstrúan, a quienes son embestidas por falos hasta preñarlas por la fuerza.
No sé si nacería en la cárcel una noche de tormenta, que recordara las torturas nueve meses antes.
No sé si el azar me dejaría en el útero de una mujer cuando en su casa todo escaseara y alguien le ofreciera por mí, dinero a tocateja.
Si volviera a nacer no sé qué rincón del mundo elegiría el azar para dejarme. Quizá el mismo que ahora tengo y desde el que afirmo que todas pudimos haber sido esa humanidad que crece sobremuriendo a duras penas.
Tuve suerte, eso es todo.
Pude haber tenido peor destino y ser otra la poeta que mira con nausea este mundo y lo cuenta.

miércoles, 7 de febrero de 2018

El 8 de marzo no es una fiesta



No iré a la huelga el 8 de marzo en tono festivo.
No iré con un tambor, ni globos, ni cantaré canciones pegadizas, ni abrazaré a mis hermanas como si fuera victoria salir a reivindicarnos.
Me tomo en serio esto.
Los asesinatos no me dan risa.
Las violaciones tampoco.
La explotación laboral no me da alegría.
La situación de la mujer en el mundo entero me parece suficiente razón para ponerme seria y levantar el puño, no para levantar las manos moradas.
Me dio vergüenza ajena la exhibición de abanicos rojos en la gala de los Goya.
Me avergüenza oír a mujeres hablar de feminismo encorsetadas en un Chanel.
Soy mujer pero sobre todo soy mujer trabajadora.
Me importa un pito lo que haga Arrimadas. Ella representa a una clase que es mi enemiga.
Y no deseo que esté en mi mismo lado, ni siquiera este día. Para nada.
Iré para recordar que aún hoy se nos golpea en casa y en la calle.
Iré para recordar que se nos mata, que se nos acosa, que se nos humilla, que nos quitan los hijos o nos obligan a alquilar las tripas para fabricar niños que serán de otros sólo porque pagan al contado.
Iré para recordar que somos la mitad y por eso mismo las más pobres del planeta, que trabajamos por una limosna, que sostenemos nuestros hogares, que cuidamos de nuestros enfermos, que nos tratan como objetos.
Que los trabajos más precarios los realizan mujeres, cargando peso como mulas, en las maquilas, en la prostitución, en el campo, en las ciudades.
No iré a pasármelo bien.
Iré para recordar que sin conciencia de clase el patriarcado nos gana por goleada.

Si la muerte tiene nombre de mujer, debe tenerlo también la rabia.

sábado, 23 de julio de 2016

Hijas de la madre


¿Quiénes son las hijas del capitalismo?
¿Las putas?, ¿las trabajadoras de las maquilas?
¿Las emigrantes que, errantes, limpian y limpian
de casa en casa, de culo en culo?
¿Son hijas del capitalismo las refugiadas,
las que se ponen el burka mental de la obediencia?
¿Son hijas del capitalismo las asesinadas a cada rato,
las quemadas a cada rato,
las golpeadas a cada rato?
¿Son hijas del capitalismo las anoréxicas, las violadas,
las lesbianas perseguidas,
las viejas hambrientas,
las poetas?
Decidme, mujeres, decidme,
 si somos todas hijas de la misma bestia,
¿cuándo mataremos al padre  que siglo a siglo nos revienta,
que siglo a siglo nos condena
a la servidumbre más ciega?

Decidme mujeres, decidme,
¿Podremos ser libres e iguales en un mundo
que  llama a la tierra, madre,
y a sus hijas, las mujeres, mata, ignora o esclaviza?

domingo, 8 de marzo de 2015

La otra mitad


Soy la otra mitad,
la que es entera,
la que sufre más el salvaje egoísmo de la pobreza.

Soy ideas completas,
soy corazón y arterias,
soy llanto, voz,
hogaza, raíz inmensa.
Soy piel, huesos, sementera
pero no soy amnesia.
No soy virgen, ni parturienta,
no soy costilla, ni sombra, ni bozal,
ni aprendiz de moralejas.
Soy mujer, sencillamente,
una sencilla mujer parida en mitad de la violencia.
Una mujer poeta que lleva a rastras las semillas que ayudan a fecundar la tierra.
Una mujer grosera que mide la humanidad si son decentes las caricias,
si son honrados los combates,
si son las conciencias limpias.

Soy una sencilla mujer
de palabra y verso al acecho
que no piensa bajar la guardia
hasta que hembras y machos canallas
tengan  epitafio en sus lápidas.