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martes, 16 de febrero de 2016

Los torquemadas



Este es un país de inmensos y numerosos Torquemadas. Se encuentran por todos los lados.
Por esos siniestros personajes han ido a la cárcel: periodistas, sacerdotes, humoristas, cantantes, abogados, internacionalistas, titiriteros, anarquistas, comunistas, familiares de presos, sindicalistas, poetas, y un largo etcétera.
Por ellos han cerrado periódicos, secuestrado publicaciones, silenciado radios.
Han prohibido fotografías, conciertos, manifestaciones, reuniones, asambleas.
Yo conozco esto desde que conozco la democracia.
Es decir, la democracia, tal y como la conocemos financia torquemadas a mansalva.
Cada vez tiene más censores en su nómina y a medida que se ponen peor las cosas  van afilando más y más sables con los que amputan nuestras alas.
La libertad de expresión siempre está con los puños en alto preparada para defenderse del fuego, de las leyes y de los necios.
Y  cada uno de nosotros debemos también intentar defendernos no sólo de los  siniestros  y tan poco ilustrados personajes que censuran y después preguntan  también  debemos estar vigilantes de nuestros propios torquemadas, de esa voz interior tan castrante como odiosa que puede borrar alguna idea si le parece peligrosa, que puede hacer borrón y cuenta nueva si algún renglón escrito le suena inconveniente, si alguna melodía tarareada le suena irreverente o si gritamos ante alguna de las muchas injusticias que vamos acumulando.

Yo, a mi Torquemada interior, lo tengo de momento en el bajo vientre, no me convencen sus argumentos, pero sé que está al acecho y que en cualquier momento da el cambiazo a mis poemas y pone en su lugar loas a la patria, al rey  o a cristo.

martes, 9 de febrero de 2016

Malos tiempos para las marionETAs


Qué quieren que les diga pero la realidad cada día es más grotesca.
Madres y padres chivatos que se apresuran a llamar a la policía del pensamiento, alcaldesas progres que piden perdón, jueces con extrañas biografías, partidos políticos que usan la libertad propia para arrancar la ajena, cárceles que se van llenando con disidencia, medios de comunicación participando del pin pan pun al que son sometidos los titiriteros.
Mucho ruido, terrible ruido para Alfonso y Raúl que están entre rejas.
 Los censores  tan diligentes como en otra época firman sentencias rápidamente.
Es probable que a los que nos dedicamos de una u otra forma a esto de la cultura nos miren  con ojos temerosos nuestros vecinos y se lo hayan chivado a los alguaciles.
Quizá de ahora en adelante, como medida preventiva, nos ordenen caminar lejos de los colegios, quizá todos los teatros se cierren, los guiñoles se quemen,  las poetas se exilien, quizá los pintores sean obligados a borrar con brocha gorda las quejas de las paredes, quizá alguno de nosotros, yo por ejemplo, un día también sea detenida porque al señor que me vio leyendo en un parque un libro de poesía, le pareció que era de Sarrionaindia o pensó que  eran versos de Brecht o me escuchó hablar y supo de manera inequívoca  que yo era ETA.
Tiempos grotescos.
Y para los que nos empeñamos en ser cada día un poco libres, tiempos en los que debemos ser aún más firmes.