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sábado, 19 de marzo de 2016

La fàbrica


Estos días atrás he leído que en Nigeria (sobre todo), proliferan cada día más, las fábricas de niños. Lugares donde las mujeres son forzadas a parir y  después  les arrancan sus bebés  para la venta de órganos, la brujería o para ser  dados  en adopción.
Pensando en esto,  me acordaba  también de los niños robados en el Estado español, décadas de mentiras, secuestros,  abusos, impunidad,  que han sido descubiertos y que ahora mismo naufragan  en la memoria colectiva, como si esto nunca hubiera sucedido o pertenecieran a un tiempo muy pretérito.
No puedo evitar pensar en la naturaleza cruel del ser humano. De un color u otro, pertenecientes a una cultura u otra, a una religión u otra.
La normalización del espanto, el mercadeo de carne humana, el desprecio por la justicia, la ausencia de miedo, de castigo, produce estos monstruos bien organizados que hieren gravemente el porvenir y la esperanza.
Y claro, pensar en esto, en el abuso  del crimen, en las consecuencias de estar en lugares donde los verdugos pueden vivir libres, pensar en las mujeres como máquinas, como incubadoras múltiples, como animales preñados en cuadras, me obliga, para no desfallecer,  a buscar los escasos retazos de humanidad que andan por ahí esparcidos.
Porque quedarse anclada en el horror, quedarse mirándolo, quieta, llorosa,  sólo puede llevarme a la rendición. Y no pienso hincar en el suelo mis rodillas.
Lo cierto es que sobran los motivos para despreciar a la humanidad pero entre tanta oscuridad es fácil ver el fulgor de la gente limpia y aunque den ganas, a veces, de encerrarse y tirar la llave lejos, a veces también se iluminan las calles o las casas  o las personas con dignidad, entonces, amanecen las razones suficientes para admirar al ser humano en su imperfección y nobleza.
Y pensando en esos niños de los que hablaba al principio, en los niños transformados en seres casi inertes que se compran y se venden, pienso que es tan vital como urgente   creer que  otros niños, los hijos  que hoy están agarrados a las  faldas de sus madres, mañana puede ser que nos conduzcan firmes, convencidos, a espacios donde no serán posibles estas  felonías.
Debemos soñar con, que ni una sola infancia más, estará abandonada a su suerte.
No es posible el mañana sin sueños que empujen las horas, ni los días.
No es posible el futuro sin niños que recojan el testigo de la rebeldía.
Y no es posible vivir sin soñar que un día será cierta la utopía.

sábado, 6 de febrero de 2016

10000


Los nùmeros no valen nada si  cuentan  piedras,  estrellas o latidos.
Tampoco valen nada si lo que se ha contado son niños refugiados  desaparecidos.
¿Dónde están?, ¿a quién importan? ¿Viven, malviven, agonizan?, ¿son esclavos ahora mismo?, ¿ahora mismo son violados?, ¿ahora mismo les están arrancando córneas, corazones,  hígados?
¿Dónde los esconden?, ¿cuáles son sus nombres?, ¿Cuántos están sepultados en fosas que nadie sabe?
Son demasiados para olvidarlos. 
A Europa le importan más otros nùmeros.
¿Cómo es esto posible?, ¿cómo es posible que a esta hora no sean ni noticia? ¿Qué metamorfosis sufre la humanidad?
¿Estamos enloqueciendo de manera colectiva?
¿Qué quedará de nosotros si dejamos pasar de largo este delirio de olvidarnos no de uno ni de cien, de 10000 niños?
                ¿Acaso contar niños desaparecidos por miles no es  la mayor de las felonías de este siglo?

Se oyen los pasos del  silencio,
es un andar brutal y amnésico.
Como un ejército desolador
destruye las huellas del hambre,
destruye los refugios y los mares,
destruye los caminos que conducen a la armonía de las mujeres y de los hombres.

Avanza temible,
con sus mil pies y sus millones de desprecios,
con sus mil brazos y sus mil sables,
con sus mil páginas de  historias en blanco.
Avanza al trote, desbocado, furioso,
va herido de muerte.
Gotea dolor con cada paso,
demasiado crimen callado,
demasiados crìmenes.
Demasiados.











jueves, 26 de marzo de 2015

Carta a Paula Omaira


Querida Paula Omaira:
Hoy quiero regalarte unas palabras.
No tengo otra cosa  para darte.
Verás, es cierto que el mundo  vais a tener que arreglarlo,  no lo estamos haciendo nada bien, lo hemos llenado de dioses y de tiranos, lo hemos reventado con miedo y  sumisión,  pobreza y sangre,  silencio y  falsedades.
Los niños debéis poneros manos a la obra, cuanto antes.
 Tendréis que ayudarnos.
Llenadlo todo de preguntas, de curiosa rebeldía.
Fijaros en las mapas, son papeles estúpidos que explican qué es la codicia.
Fijaros en la  la historia y haced todo lo posible para leer entre líneas a los invisibles.
Fijaros en las lágrimas porque donde lloran, os necesitan.
Fijaros en las banderas que son golpeadas y quemadas, representan pueblos en los que urge levantar la voz, el puño, la rabia.
Fijaros allí donde se juntan los apaleados para pedir pan, techo, abrigo o salario.
Derramad ternura por todos los costados,
reíd hasta que os duelan los labios,
cantad como si las canciones fueran sortilegios para combatir la violencia que lleva siglos hablándonos.
Querida Paula Omaira,  deberéis ser piedra y rosa, plomo y caricia, cuchillo y semilla.
Poco a poco edificareis sobre estas ruinas.
Poco a poco llenareis las calles de justicia.
Poco a poco, paso a paso, sin ponerse de rodillas.
Paula, hoy yo sé que no todo está perdido.
Os acompañaremos.
 Poetas y jornaleros. Modistas, desempleadas, maestros, panaderas…. hombres y mujeres comunes a los que les roban la vida y el tiempo pa vivirla.
El mañana os espera.
Créeme, las alas  crecen poderosas  si sueñas con ser libre.

domingo, 22 de febrero de 2015

El crimen


¿Cuál es el crimen de los niños?
¿Qué hicieron para estar enjaulados?
¿Jugar entre escombros es delito?
¿Comer de las sobras es delito?
¿Reír a pesar del plomo y la metralla?
¿Qué delito hace un niño,
qué dolor, qué infamia?
¿Qué puede hacer un niño para ser  una amenaza?
¿Encarcelarán a los bebés por gritar a deshora?
¿Fusilarán a las embarazadas porque en sus vientres crecen vidas?
¿Castrarán a los hombres,
prohibirán engendrar como medida preventiva?
¿Matarán a quien  ame con urgencia?
¿A quién tenga sexo en esa tierra podrida de violencia?
¿Cuál es el crimen?

¿Jugar con el tirachinas a derribar tanques,
a derribar drones,
a derribar a la soldadesca que va armada hasta los dientes?
¿Cuál es el crimen, tirar piedras a quienes tienen todas las balas?

La estrella azul está podrida, huele a holocausto y a mierda,
 es la excusa perfecta para dar vía libre a la barbarie.