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jueves, 21 de junio de 2018

Los depredadores



Los depredadores andan sueltos. Punto.
Los picoletos es lo que tienen mueven los hilos y bailan los jueces.
La calle nunca fue nuestra, nos la arrancaron de cuajo cuando dejamos de volver a casa solas, cuando nos empujaron a los portales, cuando nos llevaron a la fuerza a descampados terribles donde nos abrían las piernas para imponernos su falo.
Nunca fue nuestra la justicia. Nuestro dolor es placer a los ojos de quienes dictan sentencias.
Nuestro cuerpo nunca fue nuestro porque lo compran y lo venden sin preguntarnos.
El derecho de pernada se hace valer con sus leyes.
De día el tricornio, la ronda, el lustre de su oficio denigrante. De noche la presa, los pezones que sangran, el desgarro callado, la soledad entera en un cuerpo que es violado hasta que no pueden más los depredadores.
Y están sueltos, por millares, por millares acechan, impunes y arrogantes.
Yo pienso que ya es hora de poner el miedo en su sitio, que lo tengan ellos.
Es hora de que esto acabe.

viernes, 19 de febrero de 2016

El rincòn oscuro


Un rincón oscuro es  un lugar simbólico pero cierto.
Un lugar en el que muchas mujeres han crecido y también han muerto.
Un rincón frío donde a veces el ruido es ensordecedor y a veces el silencio es tan profundo que suena estridente.
Un lugar donde  sobrevives y  aunque  escuches voces cálidas, tiernas y llenas de vida afuera, aunque otras mujeres griten que salgas, agiten sus candiles, expliquen vehementes que no te lo mereces, que la vejación, las heridas no se perdonan, tú no crees lo que te dicen, sientes que todo  duele, que no puedes moverte.
Que nadie entiende tu angustia infinita. Le quieres.
Es tu novio o tu padre o tu hermano o tu hijo.
Es el desconocimiento del amor auténtico lo que te enreda los pies y te atrapa en la oscuridad y te dices que pasará, que pronto pasará, que después de la tormenta el afecto regresa y regresa la caricia.
Si te portas bien, si limpias, si follas, si callas, si obedeces…. No habrá más oscuridad.
Sin ti morirán sedientos,  sin ti desearán matarse o matarte, por ti irán a la cárcel o su destino será de soledad y de pobrezas y porque deseas salvarlos de sí mismos recibes una y otra vez sus flemas y toda su mierda.
La culpabilidad te está echando un pulso, terrible, desgarrador,  dependes de esa victoria.
La derrota es creer que con tu amor inmenso algún día esos hombres serán buenos.