A estas alturas creo en muy pocas cosas.
He leído algunos libros, he viajado un poco, he sufrido a
tiempo completo.
He visto minotauros convertidos en cervatillos,
he visto intelectuales sometidos,
he visto líderes políticos sobornados por Narciso,
he visto sindicalistas ricos.
Por todas estas cosas que he visto, hoy, creo en tan pocas.
Por eso los discursos que escucho me suenan vacíos.
Porque es fácil llenar el aire con palabras que tienen sentido,
es fácil sobornarnos con promesas,
es fácil hacer magia cuando los que te miran están ciegos de
pobreza y de conciencia.
Pero hace falta algo más que palabras huecas,
hace falta coraje para poner en claro las cuentas
y los que tienen coraje o están en la cárcel o los
silencian.
Será por esto, por lo que no creo en los que hablan demasiado.
Alto y claro, se les oye.
Les dejan porque el poder no tiembla.