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viernes, 20 de abril de 2018

Los partos de la bestia, 2ª Edición, Editorial Reflector



Yo no creo que sean malos tiempos para la poesía. La poesía no sabe de eso. Desde siempre se han escrito versos con mayor o menor fortuna. Somos muchísimos poetas, muchísimos libros publicados, muchísimos certámenes y encuentros donde glorias y fracasos se dan cita casi diariamente.
Lo que sí creo es que hay una poesía que pasa desapercibida porque lo que cuenta, de alguna manera, nos pone contra las cuerdas y nos obliga a tomar partido.
No hablo de la poesía social, hablo de una poesía más marginal y precaria, hablo de la poesía que pretende recuperar la humanidad haciéndose preguntas incómodas.
La poesía de la que hablo no se conforma con llorar al niño refugiado, no se queda parada ante un desahucio, señala con sus dedos de amapola al imperio y a sus criaturas. Se alza poderosa contra las jaulas y los presidios, no se deja acobardar si la desafían.
Esta poesía no es nueva, no pretende innovar, su queja es tan antigua como el mundo.
Sus palabras son apenas el eco sordo de los explotados de la tierra.
A los que nos dedicamos a esta poesía acorralada nos precedieron otros y después de nosotros vendrán otros que también arriesgarán su lengua y su porvenir.
Y en esta apuesta que hacemos los poetas ahora, los que estamos en las arenas movedizas sintiendo que somos engullidos por nuestra conciencia clara, a veces, nos acompaña una editorial, un soñador a tiempo completo que también ve el mundo como lo vemos nosotros y que también ve la necesidad de no guardar más silencio.
Un ser humano o varios que arriesgan tiempo, dinero y utopía editando libros que se lleva la corriente.
En mi caso es la Editorial Reflector.
David Lacaida ha editado por segunda vez “Los partos de la bestia”. Un poemario publicado en el año 2011, unos versos desgarrados, dolientes, oscuros como la rabia. Iguales que una bandera negra en mitad del arcoíris.
Este poemario es un alarido, uno más.
Siento tristeza al decir que el contenido de estos poemas está vigente. La violencia, desde que estos versos vieron la luz por primera vez, ha aumentado, la ignorancia es la llave del candado que nos amordaza, las guerras se perpetúan no muy lejos y callamos con nuestra indiferencia.
Esta segunda edición de Los partos de la bestia, lleva las mismas armas: un puñado de versos lanzados a la cara de quienes aún creen que vivimos en democracia, de quienes aún creen que es posible asaltar los cielos sin arriesgar todo o nada, de quienes cada mañana se visten mansamente y mansamente aceptan cada una de las miserias.
                 
                                               *** 
Reflector, no desea que la poesía sea un privilegio para unos pocos, publica libros y amplifica las voces de autores que de no ser por esta editorial estarían condenados a la afonía.
Hacer que el ruido sea maravilloso de nuevo, de Pablo Fernández
Donker, de Albertina Castaño
La lectura es un proceso de envejecimiento, de Dani Jiménez
Calendarios, de David San Martín
Desierto, de Duna Huller
Venid a ver la sangre de mi memoria herida, de Silvia Delgado
Versos de fogueo, de Josef Antoni
Fuego de cincel de Julián Fraile
Cerebro roto de Pablo Fernández
En voz alta, de Josef Antoni

Once libros, once miradas, once espejos en los que mirarse en estos tiempos de deformidades.
Ojalá vuelen bajo estos versos, apegados a la tierra, ojalá viajen en los bolsillos de quienes aún hoy y a pesar de todo quieren un lugar mejor donde jueguen, canten y piensen nuestros hijos.
Ojalá sirvan y el esfuerzo que hacemos poetas y editoriales como Reflector algún día se vea recompensado con el brindis de la victoria.
De momento no está prohibido soñar. Soñemos.

https://librosreflector.bandcamp.com/
https://librosreflector.bandcamp.com/album/los-partos-de-la-bestia

martes, 6 de febrero de 2018

Nos quieren (vídeo y texto)



Nos quieren trabajando hasta la muerte, nos quieren genuflexos, arrepentidos, nos quieren dóciles con el circo, con el miedo, con las enfermedades.
Nos quieren inútiles, débiles, esclavos.
Nos quieren usando el sálvese quien pueda, 
protegiéndonos de la barbarie cotidiana como si ésta fuera ajena a sus desmanes imperiales.
Nos quieren ignorantes, despreocupados, narcotizados.
Nos quieren con una libertad atada en corto, con una justicia inclinada siempre hacia el mismo lado, con una paz de fusil, sangre y alambrada.
Nos quieren mutantes. Extranjeros de nosotros mismos, con las caras gastadas, con los dientes apretados, con los puños bajos.
Nos quieren cerca, pero lejos nuestras conciencias.
Nos quieren moviendo la cola.
Nos quieren indecentes, corruptos, parásitos.
Nos quieren sintiendo la violencia de sus látigos, camino del sacrificio.
Nos quieren formando una sociedad de imbéciles, de cráneos deshidratados. Pidiendo permiso para respirar, para amar, para reír, para pensar.
Y yo les digo que  aquí, ahora mismo, se hacen visibles nuestras ideas, que paso a paso vamos  haciendo historia, que la tierra  nunca estuvo somnolienta, que ha ido abriendo brechas por donde asoman hombres y mujeres limpios de letargos.
Y yo les digo que aquí, ahora mismo, a pesar de ellos, vienen creciendo los sueños que jamás se derrotan.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Terrorismo III



Nuevas generaciones de lobos
conquistan la tierra y la yerman.
A su paso, la muerte tiembla.
A su paso, las vidas amanecen sin huellas.

Nuevas generaciones de lobos,
lobos nacidos de tinieblas,
lobos afeminados,
lobos rudos como piedras,
lobos bàrbaros
lobos de mesa puesta.

Escuadrones de lobos preñados de violencia
que paren por los caminos terror a manos llenas.

Hay quien los alimenta,
quien deja en los portales para ellos
pan y carne fresca
pero yo sè que no son faunos
lo sè porque tiemblo si están cerca.
Yo sè que son lobos,
terribles lobos que acechan.
Yo sè que llevan colgando la muerte,
esa muerte que tanto apesta,
la que mata por matar,
la que mata con y sin guerras.
Yo sè que no son faunos.
Los faunos solo cantan.

lunes, 15 de febrero de 2010

Terrorismo II


En nombre de què dioses,
de què patrias
convierten las palabras en ojos llenos de làgrimas.

En nombre de què ideas
despedazan palabras
a golpe de espada y de guadaña.
En nombre de què nombres
bajan los pulgares
para que empiece la matanza.

No se llaman faunos,
los faunos van descalzos.
No se llaman faunos,
los faunos solo cantan,
pertenecen a otra estirpe
a la de aquellos que no merecen làstima.

No se llaman faunos,
no.
Son lobos,
oscuros lobos sin làmparas,
negros lobos sembradores de venganza.

domingo, 14 de febrero de 2010

Terrorismo I


No están todos los faunos dormidos,
acaso unos pocos, alertados,
disfrazan la noche de vigilia.
No están todos dormidos
ni están sus labios cansados
ni sus sueños dejan de ser deletreados.
No.
Cuando los lobos acechan
cuando aprieta el paso la manada
y una sed roja de siglos
seca los manantiales
rompen los faunos a cantar.

Porque no se pueden despedazar las canciones
como si fueran huesos frágiles.
No se puede evitar que las voces
sean pan y sean peces.
Un puñado de lobos no puede
dejar sin primavera a los cantores.

No todos los faunos están dormidos, no.
No todos parpadean lentamente
hasta quedar deshabitados.
Unos pocos continuan alerta
siempre que los lobos aullen cerca.

jueves, 11 de febrero de 2010

GUERRA III


Mis juegos no fueron de piedra, papel, tijera,
fueron de plomo, de escombros, de calavera.
Y todo el horror de un niño asustado
se derramaba sobre la sangre fresca.
No fue una infancia risueña,
de regalos, de rayuelas, de fiestas,
fue una niñez en tinieblas.
Sin saber por què,
sin saber quien
ni hasta cuando
una tarde mansa y quieta
cerraron la puerta a las primaveras
y nunca màs hubo soleadas tardes de siesta.
#
No es mi vejez de calma, de paseos, de recuerdos,
es de temblores, de gritos, de bombardeos,
y todo el horror de un anciano asustado
se derrama sobre la sangre fresca.
No es una vejez serena,
de descanso, de relatos, de experiencias,
es una vejez en tinieblas,
Sin saber por què,
sin saber quien
ni hasta cuando
una tarde mansa y quieta han cerrado la puerta a las primaveras.
Y nunca màs habrà soleadas tardes de siesta.
Y el insomnio será lo menos malo
de llegar a la vejez para vivir otra guerra.

miércoles, 10 de febrero de 2010

GUERRA II


Matar y callar era mi oficio.
Huir hacia adelante derribando hombres como bestias
Matar para vivir de nuevo otra pelea.
Pero ya mi corazón se convirtió en piedra,
mi sangre dejó de ser sabia nueva en la guerra.
Hoy todo amarillea.
Sucede que hoy soy un hombre
incapaz de ver las primaveras.

lunes, 8 de febrero de 2010

GUERRA I


¿Quién empieza primero?
¿quién desciende primero sin madre y con bandera?
quièn limpia de moho el filo de la espada
para romper otras arterias?

¿Quién señala al enemigo?
¿Quién se para en seco ante el dolor ajeno?
ante el dolor inmenso
ante el dolor entero?
¿Quién, quien?
¿quién inventa la furia
el desastre, la locura?
¿quién vacía al hombre de ternura
y lo atrinchera?
¿quièn convierte en carne cruda corazones?
¿Quién ordena arrancar todas las mañanas de la tierra?
¿quièn?¿quién?, ¿qué dioses, qué patrias, qué colores
deletrean el horror y lo ordeñan?

martes, 2 de febrero de 2010

CARCEL


I


Pago la deuda de mi pobreza
muriendo la muerte lenta de las prisiones.
Quemo la mirada en patios sin horizontes
y acomodo mi poca vida
a un calendario
y alguna visita.

Apenas descanso,
los sueños son la nausea.
Solo cuento los días
como si pudiera asì,
con los dedos,
apresurar su paso,
como si pudiera asì
abrir la puerta
cruzar la noche
y huir,
huir
huir,
huir gritando mi libertad a las estrellas.


II

Llevo el dolor a hombros
soy la madre de un preso.
Pago su pena con mi pena,
su condena es mi condena.
Llevo el dolor a hombros
y lo escondo para que no lo vea.
Aprieto los huesos
cuando de tarde en tarde
veo sus pestañas abrasadas de tanto llorar pa dentro.

Llevo el dolor a hombros,
mi hijo, es un hombre preso,
un ladròn, quizá,
quizá un asesino a sueldo,
pero es mi hijo
y su castigo
es mayor castigo en mi cuerpo.
Llevo el dolor a hombros y nadie parece verlo.



III


No aprendió a vivir fuera de las rejas.
Fue tirando del hombre hecho pedazos
y no pudo derramar su vida màs allà de los muros.
Los recuerdos le devolvían al principio,
al dìa que murió en parte o todo
al dìa que dejó crecer la pena
como crece el musgo entre las piedras.

No aprendió a vivir màs alla de las rejas,
siglos contando los días
a la sombra de los pàjaros
hicieron de èl un ser
extraño a su humanidad
extraño a la humanidad que tan pronto castiga
como bosteza.